EL LABERINTO: El caudillaje. Por Javier Berrio

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Este artículo fue publicado en laescaleradeescher.blogspot.com el 29-12-2009. Una vez conocidos los últimos datos de la implicación de Felipe González en el oleoducto que atravesaría nuestra provincia, incluido el Parque de Doñana, está claro que cobra actualidad y que la denunca de entonces tenía pleno sentido.

NO SÉ si a estas horas de la noche (casi las 00:00 horas), conoceréis la noticia de que la Junta de Andalucía ha decidido regalar a Felipe González un magnífico puesto en Doñana: la presidencia del Consejo de Participación del Espacio Natural de Doñana. Desde 2007 (escribo el dato de memoria, espero no equivocarme),este cargo lo ha venido ostentando Ginés Morata, biólogo y premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica aquel año. Entonces se dijo que el nombramiento era un auténtico avance porque por fin se valoraba más el conocimiento sobre los asuntos del espacio natural que la carrera política del designado. Pero claro, algo ha cambiado. No sabemos cuál será la actitud del Sr. González sobre los problemas del agua y de tantos otros que afectan al antiguo parque, pero la verdad es que sobre el cese de Ginés Morata podríamos sospechar que tenga que ver con su frontal oposición a la construcción del oleoducto que impactaría sobre el medio ambiente de la zona o al menos así se puede colegir.

Felipe González nos tenía acostumbrados al relumbrón y a la extravagancia y, si no, recuerden el uso que dicidió hacer del Azor, aquel buque que Franco empleaba para su asueto personal, el de su familia y el de sus poderosos amigos de la dictadura. A él le gustó aquello o, simplemente y como he mantenido en otros espacios, se consideró el último caudillo. Este histrionismo escénico de González, unido a su narcisismo y a su carácter ciclotímico -según él mismo confesaba en aquellos tiempos- le constituyen en una de esas personalidades fuera de la realidad tan típica en los políticos que alcanzan importantes responsabilidades. Por eso el bucolismo de Doñana le sentará bien pero seguirá siendo incomprensible para el común de los mortales que quien lo ocupó todo y encantaba las serpientes con sus discursos sin contenido, siga beneficiándose sin decoro de las cosas públicas.

Pero siguiendo con la cuestión de Doñana, ved qué profundo significado encierra el gesto de Griñán, de Antonio Ávila -consejero de la Presidencia- y, casi sin duda, la decisiva intervención de Chaves, anterior presidente de la Junta e intimísimo amigo de González. Estos señores -es consustancial a la línea de pensamiento que les mueve-, confunden lo público con lo privado y las instituciones con su propio partido. Mirad, otro ejemplo de esta actitud la podemos observar en cómo han manejado el asunto de Astilleros y cómo no han descansado hasta conseguir el 51% de las acciones para titularidad pública: en la práctica, una expropiación o, lo que es peor, una nacionalización encubierta. Hasta tal punto ésto es así que la hoja de ruta de la Junta recoge explícitamente que “el consejo de administración se abstendrá de actuar sin el consentimiento del apoderado”. ¿Recuerda o no recuerda esto del apoderado a los comisarios políticos aún existentes en dictaduras como la cubana o la china? Control desde el poder e, insisto, lo público, lo institucional identificado con el partido mismo.

A estos principios no es ajeno Felipe González quien, en sus diferentes períodos vacacionales en el espacio protegido, se sentía como en casa y así se comportaba. Sus compañeros de partido, tiernamente conmovidos por el posible aburrimiento de su ex carismático líder, le han querido dar un homenaje cálido y suficiente espacio para el cuidado de bonsáis. Otra cosa no tendrán estos chicos pero desde luego, cuidarse entre ellos sí que se cuidan y extrema solidaridad endogámica, sí que les sobra. Todo muy en la línea de los partidos que tras larguísimos años en el poder han tejido una red institucional con los suyos tan extensa y enmarañanada que han convertido sus gestos y actuacciones en lo que bien podríamos definir como un auténtico régimen de mando casi omnímodo.

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