El tsunami de Japón hace que Huelva recuerde lo ocurrido en 1755 y tema que vuelva a repetirse

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A las 9.30 del 1 de noviembre de 1755, un terremoto sacudió el fondo marino 200 kilómetros al oeste del cabo de San Vicente, en el extremo suroccidental de Portugal. La escala Richter no existía todavía, pero el terremoto debió aproximarse al grado 9 porque no sólo causó graves daños en Marruecos, sino que también afectó a Huelva y Cádiz y se dejó sentir en Francia, Suiza, Italia y Finlandia. Pero fue Lisboa la ciudad que sufrió la mayor destrucción. En Huelva murieron unas mil personas, la mayoría en Ayamonte.

Una gigantesca ola se abatió sobre el litoral atlántico andaluz. El tsunami de Lisboa causó daños en las costas de Huelva y Cádiz con olas de 15 metros. De repetirse en una zona similar tardaría media hora en llegar a la Costa onubense. A diferencia de entonces, la costa no sólo ha aumentado en población sino que el desarrollo turístico ha hecho que se haya ido ganando terreno hacia el mar. Un tsunami como el de 1775 sería catastrófico en zonas turísticas tan cerca de la costa como Isla Canela, Islantilla, La Antilla, Punta Umbría o Matalascañas.

La onda que provocó el de 1755 subió por el Guadalquivir y se dejó notar en Sevilla. Ya con menos potencia, alcanzó las costas de Francia, el Reino Unido, Irlanday Holanda. Este año se cumple el 256 aniversario de la catástrofe.

El número de víctimas no fue excesivamente elevado dada la magnitud del maremoto. Se calcula que pudieron morir unas 2.000 personas, la mitad de ellas en Ayamonte, donde las olas arrasaron un poblado de pescadores. Las causas de este escaso número de víctimas son variadas. En primer lugar, era día festivo, y a esa hora, a media mañana, muchas personas estaban en las iglesias. En muchas poblaciones se alertó a la población tras el terremoto, y los vecinos se alejaron de la costa. Los que murieron fueron en su mayoría marineros y personas que circulaban por caminos costeros. En Cádiz fue decisiva la actuación del gobernador que, ante el pánico provocado por el terremoto, prohibió salir de la ciudad por tierra y mar, lo que evitó miles de víctimas. Sólo murieron 40 personas.

La carencia de recuerdos inmediatos en la memoria colectiva de catástrofes sísmicas en una zona tectónicamente activa, como el litoral andaluz, no es un argumento para desestimar medidas de prevención. Si se repitiera un maremoto semejante al de 1755, los tsunamis tardarían 30 minutos en llegar a las costas de Huelva y una hora a las de Cádiz. Las consecuencias serían catastróficas.

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