NOTAS PARA EL CAMBIO: Las alfombras. Por Javier Berrio

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CUALQUIER CIUDADANO sensato desea un cambio en la situación andaluza. Insisto en la misma idea porque me parece troncal: tras 30 años de poder ejercido ininterrumpidamente, Andalucía vive bajo el régimen de un partido que ha ocupado todos los sectores sociales, económicos, mediáticos y políticos. De hecho y, no en pocos aspectos, padecemos un estado de autoridad confirmado por la estructura nacida del pacto del 78 y definitivamente consagrado tras el golpe de Estado que el Jefe del Estado y el del legislativo, el socialista José Bono, celebraron recientemente. Como anécdota, todos recordarán la más que simbólica y tierna imagen del abrazo entre Santiago Carrillo y Juan Carlos de Borbón. Todo un poema para la reflexión de propios y extraños.

Lo deseable es que el PP asuma el poder en la Junta de Andalucía. Hoy por hoy, es el único partido que podría representar el cambio. Con todas las encuestas favorables y la necesidad de renovación expresada abiertamente en todos los ámbitos de la sociedad andaluza, una situación distinta a ésa resultaría más que sospechosa. Incluso la no obtención de la mayoría absoluta por parte del PP sería preocupante y tendría que representar el inicio de acciones más serias en la investigación de por qué ciertos resultados electorales. Pero es que una vez producido el deseado cambio de mayoría parlamentaria y por lo tanto, de gobierno, es demanda e imperativo del corpus electoral el que se levanten las alfombras. Vimos cómo el tripartito catalán amenazó en sede parlamentaria a CiU con el famoso 3%, pero también cómo vergonzosamente, no siguió adelante, consagrando la corrupción como algo inherente al régimen también allí creado.

Dicen muchos ciudadanos –y también es mi parecer-, que si el PP de Andalucía no barre el suelo de las instituciones andaluzas, caiga quien caiga, nunca más el centro derecha obtendrá el apoyo de los andaluces ni aquí en el país ni para el gobierno central. El cambio que, caso de gobernar el PP, pide la mayoría social andaluza, no es de opereta, sino de hecho y sin miramientos a las relaciones personales entre políticos. Para esto será importante observar qué pasa en los ayuntamientos y en las comunidades que pasen a manos del PP; al fin y al cabo vamos a disponer de un año –si como parece Zapatero no mueve ficha antes-, para comprobar si se hace limpieza o no. A partir de ahí, apoyaremos o denunciaremos. Lo mío no son las marcas –por más o menos cercano que me pueda sentir a alguna de ellas-, si no los hechos. El encargo de la sociedad es un cambio en profundidad, una corrección del rumbo cabal y una limpieza ejemplarizante de los hechos que hayan supuesto algún tipo de corrupción o de irregularidad dentro de las instituciones con el dinero de todos y el poder emanado de las urnas. Los ciudadanos exigen ese cambio casi como una última oportunidad al sistema. De todas formas, después habrá que hablar de muchas otras cosas y, si no, el ciclo, antes o después, se repetirá.

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