OFF THE RECORD: Candidatos y borradores. Por Lorena Martín Montilla

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Los papeles están repartidos, el escenario prácticamente ultimado, el guión redactado a falta de los retoques finales y el patio de butacas vacío esperando a su público. Es el momento de los disfraces y de las máscaras camino del 22 de mayo. Surgen los dobles, copias en blanco y negro, tímidos borradores de candidatos que pugnan por el copyright del alcalde de Huelva. Cambia el porte, los rostros se tornan más amables y se inician los fuegos artificiales, esas promesas que se anuncian a bombo y platillo y terminan convirtiéndose en nubes de humo.

La alternativa política en el Ayuntamiento de Huelva se ha presentado como la protagonista de un cambio necesario, el problema es que el argumento es poco verosímil, incierto y escurridizo. El PSOE sabe que es ahora o nunca y la actual presidenta de la Diputación y candidata a la Alcaldía de la capital, a quien vimos en sus primeras vallas publicitarias arropada por un tono azulón que recordaba a los populares y unas diminutas siglas del PSOE, está sacando toda su artillería. El fondo de armario de Petronila Guerrero se antoja inagotable eligiendo cada día el atrezo más adecuado para poner en escena una cercanía de la que no ha hecho gala hasta ahora. Es tiempo de antifaces, de sombreros de ala ancha y guantes de cuero.

Sobre el papel, todo parece asomar perfectamente hilado con las líneas maestras muy bien definidas (televisión de la candidata y canción electoral incluidas). Guerrero está centrando el debate en la capital en temas que abandera pero que, hasta ahora, son quimeras, idílicos proyectos que buscan ilusionar al electorado. Su baza es la venta de una Huelva futurible pero apenas verosímil que va dejando tras de sí un reguero de ideas y propuestas que terminan en la papelera de reciclaje. Y es que el PSOE ha conseguido que seamos la ciudad con más estaciones y menos AVE; olvidado queda Calatrava y su torre de 353 metros.

Lo cierto, a pesar de todo, es que Petronila Guerrero está llevando la discusión pública a su terreno ejecutando su papel a la perfección, con aviones de papel y trenes fantasmas eso sí. Y en esta vorágine, la candidata socialista por las tardes y Presidenta de la Diputación por las mañanas, parece haber encontrado el camino: atacar al alcalde en sus puntos fuertes. Ahora, se presenta como el reflejo de los onubenses, enamorada de Huelva y preocupada por barrios que, posiblemente, ahora haya pisado por primera vez. Una inquietud desconocida que le ha llegado inyectada por los avatares electorales.

Mientras, el alcalde continúa en su línea, demasiado repetitivo en su guión, visita tras visita y encuentro tras encuentro viendo de forma pareja cómo Guerrero le sigue la estela. Quizás el PP, algo adormecido y enfrascado en inauguraciones monumentales, deba empezar a marcar el ritmo sin entrar en el juego socialista más interesado en debatir sobre la campaña del alcalde en los autobuses y las vallas publicitarias que en los problemas de los onubenses. Todo ello aderezado con una crítica constante a los agujeros negros de la gestión de Pedro Rodríguez, desde la deuda municipal hasta el abandono de algunas zonas de la capital.

Quedan en el banquillo cuestiones como el modelo de ciudad, la seguridad en las barriadas o los servicios públicos municipales hasta que los populares muevan ficha. Entretanto los socialistas maquillan la realidad de la capital desviando la atención con grandes titulares y rostros conocidos que engalanan las fotografías de una Petronila Guerrero sin méritos que la respalden. La vemos caminar señorial por la alfombra roja que lleva al teatro electoral, un escenario donde ya se han presentado algunos candidatos y muchos borradores, unos con máscara y otros sin guión.

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