EL LABERINTO: Rocío. Por Javier Berrio

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HUELVA INAUGURA hoy el monumento a Santa María del Rocío. La advocación es seña de identidad nacional en Andalucía. Otros símbolos religiosos como Nuestra Señora de la Cabeza, en Jaén, no concitan la unanimidad en la convicción de que Andalucía es conocida mundialmente, entre otras razones, porque una vez cada año, un enorme número de personas se reúne en torno a una imagen de mujer –un tótem tribal para nosotros- en un lugar mágico en el que con toda seguridad ya de antiguo hubo cultos a la fertilidad. Porque la Virgen del Rocío supone una religiosidad distinta, centrada casi exclusivamente en un patrocinio mariano que parece ignorar la idea central de María como madre de Jesús, el elemento realmente importante en la redención. María Santísima del Rocío se pasea como una deidad entre los fieles en unos momentos en que la fe católica parece trascendida; la romería del Rocío es en una festividad que tiene como argumento central la talla vestida de dama cortesana y jaspeada con símbolos de reina y diosa. Nada recuerda al Espíritu Santo el día de Pentecostés por mucho que se quiera mimetizar virgen y espíritu santo la jornada de su manifestación.

Nuestra Señora del Rocío permanece en ermita desde el año 1262, cuando Alfonso X El Sabio, tras haber conquistado y repoblado (algo que olvidan los nacionalistas arabizantes) toda la zona, entronizó a la virgen en al-Yabad (Almonte). La patrona de Huelva es nuestra Señora de la Cinta, pero nuestra ciudad también vive el Rocío como algo propio. Huelva erige monumento a la patrona de Almonte como si fuera, en realidad, patrona de Andalucía. Y, de una forma u otra lo es, como la del Pilar lo es de Aragón o la de Montserrat, de Cataluña. Miren que para mí la del Rocío es una imagen admirada; encuentro una gracia misteriosa y especial en su mirada y sorprendente su presentación. Algo parecido me sucede con Nuestra Señora de Montserrat, en cuya presencial me siento empequeñecido y convencido de que me encuentro ante una talla que implica mucho más que una advocación mariana o una devoción religiosa y popular. Tanto por los lugares en los que erigen su influencia (la marisma una, la montaña la otra), y por cómo se expanden sus influjos (folclórico-profano al suroeste y político-cultural al noreste), además del religioso en ambos casos, el Rocío y Montserrat son pruebas de hechos sociales de primer orden.

El monumento que Huelva consagra a la Virgen del Rocío es, también, una prueba más de que la ideología onubensista que creó Pedro Rodríguez, sigue identificando su política en la ciudad. Las cosas de Huelva, como diría el alcalde, son sumamente importantes en la praxis administrativa periquista y, por lo tanto, que el Rocío reciba este reconocimiento no es de extrañar. El concejal de cultura, Manuel Remesal, también ha dicho en ocasiones que la diferencia entre la política monumental de los gobiernos populares y los socialistas en Huelva, es que con ellos ya hay suficientes pruebas por las calles y con los socialistas no hubo nada. Me alegro enormemente de que Huelva disfrute de otro monumento y ahora sólo pedir que haya un acercamiento a formas más alternativas.

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