EL TEMPLETE: La primavera llegó. Por César López Perea

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La primavera llegó

Hasta nos cambia el ánimo, por lo menos por estos lares donde la brisa sabe más a mar. Ayer, paseando después de dar un concierto por Isla Cristina, cuando la noche más se abría, el olor de los azahares –en Huelva también tenemos naranjos– y la luna llena de la luz, cercana como nunca, nos trasportaban de nuevo a multitud de sensaciones que creo que a muchos nos encantan. Y eso es algo que compartimos, seamos como seamos.

En estas pequeñas cosas – que en realidad son enormes –, es donde está la pureza de la vida. Corremos, sin saber andar, buceamos sin saber nadar, y bailamos sin saber llevar el ritmo; todo a la prisa, todo acelerando, sin pararnos a pensar en nada. Bueno, yo me jacto de saber que por lo menos lo intento. Pero al mirar alrededor no es muy difícil contemplar cómo se experimentan nuestros preciosos momentos, casi siempre dándoles de lado porque pensamos que no tienen el valor adecuado.

Cuanto equivocados estamos si pensamos así; en una sociedad en la que todo lo mueve el dinero, no se lleven a engaño: ni la política, ni los intereses, ni si quiera nuestro propio egoísmo. Todo se mueve alrededor de la economía, esa que con descaro se coloca en el primer lugar en fascinación, encanto y seducción. Nos puede; se ha convertido en algo con lo que el ser humano no es que tenga afinidad, sino más bien dependencia.

La demagogia del estado social en el que nos movemos, se plantea y sumerge en cuestiones sobre todo de orden ético y moral. La consulta es si esos planteamientos no son a veces exagerados o creados para la comodidad de quienes funcionan a la orden del poderoso caballero. Pues la respuesta la tengo bien clara, y es un rotundo sí.

La realidad es que esto es la pescadilla que se ve demasiado la cola, exactamente por llevarla atada a sus propios dientes. Acabar con la sumisión y pleitesía que tenemos sobre esto, es casi una utopía. Vivimos en una constante mentira, una revolución de la nada, donde todo se mueve una y otra vez bajo caras que dicen una cosa y luego van a otras.

Pensamos frecuentemente como debemos hacer, si entrar y seguir en el juego de quienes manipulan, maniobran y conducen nuestras vidas, o bien tirar por la calle de sincerarnos y jugar a ser rebeldes con causa. Pues se presenta así el dichoso dilema. Y mientras, la vida pasa. Improvisamos todo, seguimos esperando, pero el final es bien claro: nada de nada.

Es un estadio de negatividad ante la vulgaridad del pragmatismo bursátil, ese que sube o baja dependiendo de mis propios intereses. Se hace demasiado habitual encontrar a personas en los que todo lo que sea ganar y sumar dividendos, se convierte en la única motivación para pasar por este extraño mundo. Demasiado triste para ser verdad; el asunto quizás es que es la más fiel de las realidades.

Y el problema estriba en que a lo que refiere a lo educacional, se suceden por todas partes las herencias burdas que dejamos a los que vienen por detrás. La máxima aspiración de cualquier adolescente español en la actualidad es tener, poseer, obtener y adquirir. Eso sí, los valores que hay que potenciar para con los demás, para saber disfrutar de lo que se tiene y de poder percibir todo lo maravilloso que nos da la propia vida, eso no hace falta, ya saldrá por generación espontánea, como los billetes del Banco de España.

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