Un Recre sublime. Por Paco Morán

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Aún permanece en mi retina el sensacional partido al que asistimos el sábado. Una primera parte de ensueño en la que la disposición táctica que plasmó en la pizarra Carlos Ríos salió calcada sobre el césped. Fue una presión en todos los trazos sobre un terreno de juego que redujo el Recreativo adelantando la línea defensiva. Poner en cortocircuito al Celta era un objetivo para evitar salir derrotados y vapuleados de Balaídos. La segunda parte fue cómoda, pero la primera fue trabajada y llena de virtudes. Fue el del sábado un partido en el que no se puede destacar la labor de uno o varios jugadores, sino de todo el equipo, incluido el entrenador. Fue todo un conjunto homogéneo que desde el primer segundo resultó superior a un gran rival por lo demostrado hasta el sábado. Pero ese día, el Celta fue un juguete en manos del Recreativo.

El fútbol es grande por estas razones que a veces tienen una difícil explicación. Cuando este Recreativo empataba ante la Ponferradina en casa, pocos confiábamos en su salvación. La afición estuvo desde esa fecha hacia atrás, desesperada, desencantada y poco optimista. Y es que no había ni una sola razón para el optimismo viendo lo que ustedes veían en el Colombino y yo fuera de Huelva. El equipo era un desastre en todas sus vertientes. Pero esto es el fútbol, que a veces sin una explicación lógica nos da la grata sorpresa de ver cómo el equipo en un mes se ha trasformado. Hoy pocos pensamos que el Recreativo pueda descender. Hemos pasado de ver a jugadores a los que el técnico les quitó la confianza como Emilio Sánchez o Pablo Sánchez destacar ante el Celta. Hemos visto como un dubitativo Raúl Cámara se ha adaptado perfectamente al lateral izquierdo. Hemos visto como Juan Villar, de no contar para el entrenador, hoy es titular indiscutible.

Son tantas las transformaciones que buscarla sería una quimera. Me quedo sin la búsqueda para agarrarme al presente del Recreativo. Ahí me aposento para seguir gozando con un equipo en el que los veteranos han jugado un papel muy importante. Y no quisiera dejar pasar por alto el grado de optimismo de Carlos Ríos, que a pesar de tener la espada del cese sobre su cabeza, nunca bajó los brazos y siguió en su encarnizada lucha para sacar al equipo de los puesto bajos de la tabla. Y Santiesteban con su sensacional trabajo sobre Frabicio, al que podría hacer Zamora como ya lo hiciera con Guaita. O la labor en la preparación física que está llevando a cabo Miguel Ángel Campos. Con el porcentaje correspondiente a cada uno, lo cierto es que hoy estoy contento porque veo que ya la afición no está sufriendo. Porque eran muchos los recreativistas que temían perder la categoría y hoy ya pueden ir relajados al estadio sin olvidar que las matemáticas aún no han dictado sentencia.

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