EL LABERINTO: ¿Por qué Cortés? Por Javier Berrio

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En su día ya escribimos sobre Cortés en política en las páginas de EL MUNDO HUELVA NOTICIAS, y también hablamos desde los micrófonos de ES RADIO. Su primer intento fue desde UPyD, dado que en su partido (PSOE), no se hacía mucho caso a sus pretensiones. En la organización de Rosa Díez se encontró con que tendría que enfrentarse a unas primarias y desde luego, el entonces candidato natural del partido, Fernando Infante, no estaba dispuesto a saltarse la regla. Y llegó el PP y muy inteligentemente lo sacó de la batalla electoral municipal contratándole como asesor en asuntos judiciales en el Congreso de los Diputados (¿). Imagino a la legión de abogados afiliados al PP cortándose las venas y contemplando atónitos –más atónitos aún-, que no sangraban. Cosas de la sorpresa. Y es ahora, otra vez, el mismo Cortés quien no descarta ser Diputado o Senador porque quiere arreglar la cuestión de la cadena perpetua revisable.

Ha llegado el momento de dejar atrás los desgraciados sucesos que han convertido a este pastor evangélico en persona conocida. Él mismo –ahora los acontecimientos podrían hacer sospechar que de forma calculada-, renunció a su derecho a recurrir la sentencia del caso de su hija, por lo que, en principio, su carrera política puede comenzar sin la sombra de juicios pendientes, a no ser que mayores diligencias en el caso de la esposa de Santiago del Valle le reclamen como testigo. Pero el PP debe cuestionarse por qué llevaría a este ciudadano en sus listas cuando muchos fieles afiliados del partido quedarán fuera. Que se sepa, Cortés no ha participado en la vida pública o de nuestra ciudad más allá de ser padre de familia, devoto protestante y diligente pastor. Buenas virtudes, pero no suficientes. Así, si finalmente los populares decidieran llevar a Cortés en alguna candidatura, debería ser al Senado, única lista en la que los ciudadanos cuentan con algo de libertad en el momento de decidir. Quienes quieran a Cortés en la Cortes, marcará su nombre con una cruz y quienes no, evidentemente, no lo harán. Incluir el nombre de Cortés en una lista cerrada y bloqueada como la del Congreso y obligar a los votantes que quieran el cambio a votar a Cortés, aunque no le encuentran cualidades especiales, es injusto y peligroso. Hasta tal punto que, quizás, algunos electores –o muchos, quién sabe-, se abstengan de votar la lista popular por esa razón.

No todo el mundo ve con buenos ojos que Cortés entre en política tras su desgracia y si de lo que se trata es de defender y argumentar la cadena perpetua, letrados le sobran al PP. El argumento de Cortés, converso desde las ideas del socialismo a las de la derecha, no convencen. Y el PP debe respeto a su militancia y a los posibles electores y bien haría en meditar seriamente los pasos a dar. La legislatura que viene será dura y tendrá que ser muy seria y rigurosa por cuanto habrá problemas muy delicados que tratar y, todos los representantes públicos, deberán estar implicados en frentes importantes, desde la economía hasta la estructura del Estado, pasando por reformas legislativas de calado. El PP verá qué hace y los ciudadanos, qué votan. Ojo a esa apreciación

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