Churras y merinas

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Bernardo Romero

[Bernardo Romero].

Perdieron su oportunidad hace un año. Si entonces el presidente del gobierno hubiera anunciado su dimisión y el adelanto de elecciones generales, el marrón de la crisis o de lo que realmente supone la crisis, el alarmante número de desempleados, lo podrían haber compartido con el Partido Popular. Quiere decirse que quizás hubieran perdido esas elecciones (o puede que no) pero no habrían caído en picado, como ahora parece que va a suceder – a las encuestas, no le echen demasiada cuenta, servidor por ejemplo se fía más de María de los Remedios, una bruja malagueña que siempre acierta y que me ha dado ya los resultados de las municipales -.
Ahora es tarde para reaccionar. Algunos barones socialistas, viejos zorros pero apartados de los núcleos de decisión del aparato, predijeron esto; pero no sólo pasaron de hacerles caso los nuevos directores del cotarro, sino que les acusaron de deslealtad. Realmente, la sola insinuación de que deberían adelantarse las elecciones, provocó el pánico en los profesionales de la política que hoy dominan el Partido, ya saben: desde el mismísimo presidente del gobierno (virgen laboral el hombre), hasta el último de los dirigentes provinciales que tiene en la política sueldo y fortuna.

Pero ahora es tarde. Ahora hay que comerse el marrón enterito y los cinco millones de parados, más el tremendo problema de la economía sumergida que ahoga a la que de momento sigue a flote, va a pesar como una losa en las elecciones de este mes de mayo que ahora principia con buen tiempo sólo en lo meteorológico. En lo demás, pintan bastos. Y qué bastos.

Les voy a pedir que presten atención a un detalle que quizás sea algo más que importante: el empleo en España, como en cualquier otra economía de mercado de nuestro entorno, es sostenido fundamentalmente por pequeñas y medianas empresas. Sólo habrá que darse un paseo por la calle Concepción y aledaños para percibir qué está ocurriendo con este tipo de empresas. Cada vez menos tiendecitas de particulares, con sus dos, tres o treinta empleados, y por el contrario cada vez más multinacionales, más franquicias sostenidas en bajos sueldos y gangas a tutiplé, que se van haciendo con mayor número de metros lineales de escaparate. Todo esto se traduce en una percepción de la realidad cada vez más negativa, de que esto no va por buen camino y de que la crisis no es que haya tocado fondo – es milagroso que se pueda seguir destruyendo empleo, con todo el que se ha destruido ya -, sino que se encuentra cómoda en este fondo español que va a contracorriente, y ello es cada vez más evidente, en relación al resto de países europeos entre los que Zapatiesto se empeñó en asegurar que estábamos. Estaríamos, oiga, estaríamos. Ahora, ya, no.

Si las previsiones de María de los Milagros se cumplen, los socialistas se van a meter en un lío tremendo, el de perder los jugosos empleos que todos ellos se han construido al socaire de la administración y fundaciones adyacentes, pero sobre todo al perder el control de la maquinaria del estado, sin la que ellos, como ya ha ocurrido cada vez que han tocado pelo, no son nada. Es lo malo de confundir partido con administración, partido socialista con junta de Andalucía, churras con merinas. El barco, que Zapatiesto no lo ve, pero que se hunde.

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