‘El Cárdenas’

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[José Carlos Aguado].

Estaba rojo como una fresa. Vestía camisa con los tres primeros botones desabrochados. Encima, un chalequillo amarillo reflectante a punto de reventar. Me lo encontré en la avenida de Hispanoamérica sobre las cuatro y media de la tarde. El sol le daba de lleno sobre una menuda cabellera de canas y le estaba quemando el rostro.

Ronda los sesenta. Y ‘trabaja’ de gorrilla. Nada más bajarme del coche me miró de reojo dejando un par de metros de distancia para no incomodar. Cogió el euro, se echó la mano al bolsillo más cercano a su corazón y me dio un papel cortado en un cuadrado casi perfecto. “Por si tiene que hacer una obra”. Su voz me sonó a necesidad. A echarse a la calle para buscarse la vida. A gente de pueblo que vive de sus manos. A dejarse quemar por el sol a cambio de un euro. El papel cuenta su vida, al menos la más reciente, en apenas 6 líneas y con letra pausada. “Albañil desde los años setenta en la contrución. Le hace toda clase de obras y reformas en fino. Cobro la h. a. 6. € o ajustado. T603632765. el Cárdenas”. Esta crisis es muy puta. Después de toda una vida
tirando del carro, gente como el Cárdenas se está quedando tirado bajo las ruedas. Siento vergüenza. El otro día en Astilleros vi la misma
desesperación en quienes se han llevado años y años construyendo el barco de su jubilación y ahora miran con angustia como malvenden su experiencia a precio de chatarra. Les pagan por no hacer nada… Por no hacer nada. Esta crisis es muy puta. Allí dejé al Cárdenas rojo como una fresa en la avenida del Puerto. A tan sólo unos metros, a pie de ría, en el Muelle de Levante, preparaban el escenario de un mitin electoral. La fiesta del derroche. ¿Tanto vale un voto? “Albañil desde los años setenta. Cobro la h. a 6 €. el Cárdenas”.

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