El futuro

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[Paco López Villarejo].

Que al futuro llegamos todos a una velocidad constante de sesenta minutos por hora es algo incuestionable. Como lo es también que hay quienes quieren acortar distancias y tiempo a expensas no de la velocidad, inmutable, sino de intentar poner palos en los radios del reloj de los otros.
Desde el principio del recuerdo, el ser humano ha querido conocer el futuro, adivinar los sucesos venideros. Para ello ha usado miles de formas de indagación y los adivinos han manejado desde los huesos hasta las hojas de te, pasando por las entrañas de los animales, la forma de las nubes o la manera de caer unas cuantas conchas lanzadas sobre un paño. Videntes, nigromantes, augures, brujos, arúspices, astrólogos o hechiceros siguen medrando desde hace miles de años hasta hoy mismo en que luchan a muerte con otra forma de previsión, la estadística de probabilidades y las encuestas, modernas herramientas de profetizar que ahora constituyen un credo irrebatible.
No obstante, desde el 11 M de 2004, yo no creo ni en la estadística ni en las encuestas, pues la realidad, brutal como entonces o inocente o anecdótica, en el último minuto puede actuar como un imprevisto eclipse y transformar la noche en día, o viceversa. Ahora soy tan escéptico como un cardenal listo con posibilidades antes del cónclave: Sabe que si entra creyendo será Papa, saldrá de purpurado.
Salvo para los tahúres, las cartas con las que el futuro juega solo las marca el destino, o los mercados. Por eso, las apuestas tienen que hacerse con tiento, no vaya a ser que la victoria prevista, o la derrota –nunca sabremos lo que interesa verdaderamente (ten cuidado no vaya a ser que el destino te conceda lo que deseas)- se escape como un pez.
Para mí, no hay mejor futuro que abrir el periódico cada mañana junto a una taza de humeante y rico café y comprobar ante todo que sigo vivo y, luego, que el mundo continúa su marcha imparable hacia el caos arrastrándonos a todos, incluso a los que se creen a salvo de la catástrofe.
Y no es que me guste el panorama, quiero dejarlo claro, pero no creo merezca la pena atormentarse por un futuro que ya está escrito aunque no lo sepa. Desde mi lugar como extra en esta película, no puedo hacer otra cosa.

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