En un rincón del alma: Una vida para agradecer

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[Ana Vázquez Ponzone]. Empiezo escribiendo este artículo mientras sobrevuelo la espina dorsal de América Latina, mientras veo como los Andes pliegan en una tierra hermosa y llena de vida. La cordillera de los Andes articula un continente que me enamora y que cuanto más visito más forma parte de mí.

Sigo escribiendo este montoncito de letras, pensamientos y vivencias mientras atravieso de Los Bancos a Quito, una carretera a través de lo que ellos llaman el campo y que nada tiene que ver con nuestra sierra, más bien se parece a lo que entendemos como selva en nuestro imaginario.

Vuelvo a Ecuador por mi trabajo para seguir acercándome y conociendo a este pequeño, variado y frondoso país que alberga tesoros maravillosos. Venia pensando cuanta vida tengo la enorme suerte de estrujar y disfrutar.

Hace tres días estaba despidiéndome de 12 amigas con las que estuve celebrando la despedida de soltera de dos de ellas, dos de mis mejores amigas, casi como hermanas. Pasamos días celebrando el paso tan enorme que van a dar y la alegría de este nuevo reto al que se enfrentan.

Ese mismo día que me despedía, en pleno domingo de resurrección, fui testigo de un hecho precioso. Una amiga y compañera de trabajo nos invitó a celebrar su unión con un chico de Congo a quien hacia dos años la vida y para ellos Dios les había unido. Ese día fui testigo una vez más de que la vida nos llama a arriesgarnos, a romper nuestros miedos y a ser capaces de abrirse a lo nuevo. Congo, África, España y Europa reunida en una sala para hacer saltar las vallas y las fronteras por todo lo alto en un solo segundo.

Ahora regreso después de dos días en La Bramadora (Ecuador), donde se encuentra un centro educativo y un albergue que acoge a chavales de un contexto rural muy duro, pobre y con sus propias historias. Historias como la de un niño de 7 años que ha pedido estar en este albergue con para poder estudiar, ya que en su casa es imposible teniendo un papa que cada noche vuelve a casa bebido y violento. Con solo 7 años pide estudiar, pide una oportunidad y una vez más me digo que gracias a Dios hay pequeños ángeles que iluminan hasta los momentos más oscuros y duros. Y en esos momentos siempre pienso que ojala supiera transmitir a mis sobrinos y sobrinas estas historias que presencio.

La niebla sube, se crea una atmósfera difícil de describir sin caer en palabras como magia y misterio. Mientras les escribo una vez más me siento agradecida, sorprendida por una paz interior y una alegría intensa al sentir que a veces el ser valiente y echar pa´lante que se dice en nuestra tierra tiene también su recompensa.

Cuántas vidas en una sola vida me digo….

Ana Vázquez Ponzone

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