Astilleros: chatarra a 22 céntimos el kilo

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Desguace en Astilleros. (Foto: Julián Pérez)

(Texto: José Carlos Aguado  aguado@huelvaya.es)      Una empresa chatarrera se está llevando “a trozos” el buque 846, uno de los dos navíos gemelos que se estaban construyendo en la factoría antes de que entrara en barrena. Mientras, los trabajadores siguen a la espera de que la Junta y el PSOE cumplan sus promesas.

Astilleros es ya una pura chatarra. (Foto: Julián Pérez)

El Primero de Mayo fue especialmente tenso. (Foto: Julián Pérez)

El futuro de Astilleros de Huelva está en una chatarrería. 200 días después de que la Junta de Andalucía, los trabajadores y la dirección de la naval sellasen un acuerdo para cerrar la factoría, pacto que incluía un plan social y compromisos de diversificación, una empresa chatarrera se está llevando “a trozos” la proa y la popa del buque 846, uno de los dos navíos gemelos de apoyo a plataformas petrolíferas que se estaba construyendo en la fábrica onubense antes de que ésta entrara en barrena.

Desde hace días, operarios de la chatarrera están deshaciendo el trabajo realizado con precisión durante años por los obreros de Astilleros y están levantando montañas de planchas de acero que son cargadas en camiones y por las que se paga la irrisoria cifra de 22 céntimos por kilo.

La venta como chatarra del buque 846 sintetiza a la perfección la situación en la que se encuentran los astilleros onubenses y, especialmente, el desguace vital que está sufriendo su antigua plantilla, rota a trozos entre prejubilados, recolocables y despedidos desde que en octubre de 2010 se consumara el aniquilamiento de un sector, el naval, que formaba parte de la seña y identidad de Huelva.

“Los buques 846 y 845 eran la esperanza de Astilleros. Eran dos buques bien pagados, pero la crisis terminó por echar al traste todo…”. Braulio Cabalga es el actual presidente del comité de empresa. Como él, otros 53 trabajadores no pudieron acogerse por edad al plan de prejubilaciones pactado con la Administración. Braulio es uno de los llamados “recolocables” que están a la espera de que la Junta de Andalucía cumpla sus promesas de formación para facilitar su regreso al mercado laboral. Sin embargo, pasa el tiempo, pasan los meses y los compromisos del Gobierno de Griñán nunca terminan por cuajar.

Cuando el 13 de octubre del pasado año se cerró el pacto social, el consejero de Economía, Innovación y Ciencia, Antonio Ávila, anunciaba que los recolocables serían “absorbidos por un nuevo proyecto empresarial, que se ubicará en el Parque Científico y Tecnológico de Huelva y que se dedicará a la construcción de piezas eólicas”. Se refería a Electria, una compañía participada por la propia Junta de Andalucía. Para consumar este anuncio, los recolocables deberían haber iniciado ya los cursos de formación necesarios para, a lo largo de un año, prepararse para volver al tajo. Pero la realidad es bien distinta.

El Parque Científico y Tecnológico de Huelva, que irá ubicado en Aljaraque, es aún un proyecto de papel, el plazo para que Electria se instale en este complejo se ha estirado a cinco años -la previsión inicial de la Junta era que estuviese en funcionamiento en 2012- y ni siquiera se conoce el itinerario formativo que tendrán que recorrer los obreros de la naval onubense.

No obstante, estos contratiempos no preocupan en exceso a los trabajadores a día de hoy, pues arrastran problemas mayores que sí son motivo de insomnio y tensión.

Ante esta situación de completa “incertidumbre”, a la que se suma, además, que los recolocables están actualmente en “vacaciones retribuidas” porque la prórroga del ERTE hasta el 23 de mayo aún no es “efectiva” aunque la firma se llevó a cabo el 15 de abril, la plantilla de Astilleros ha vuelto a la carga para exigir al PSOE y al Ejecutivo autonómico “que cumpla sus compromisos”.

Así, la olla exprés en la que se está convirtiendo la naval terminó por explotar el pasado 1 de mayo durante la manifestación del Día del Trabajo. Miembros de la plantilla de Astilleros se encararon a los representantes socialistas que acudieron a la marcha convocada por CCOO y UGT. En concreto, los obreros se toparon con un “indignado” Javier Barrero, congresista del PSOE y ex secretario provincial, quien reprochó a los trabajadores que llevasen una foto de Petronila Guerrero, candidata a la Alcaldía de Huelva, en una de las pancartas con el lema “Astilleros lo cierra”.

A las puertas de unas elecciones municipales, el veterano congresista sacó pecho por su candidata y defendió a muerte los intereses partidistas del PSOE ante un grupo de trabajadores que llevan meses vilipendiados por un gobierno socialista que, ni siquiera ha tenido tiempo desde marzo para volver a convocar la mesa de seguimiento y dar la cara ante sus reiterados olvidos y engaños. “Es un chulo, un sinvergüenza que lleva muchos años viviendo del cuento”, decía el martes a las puertas de la naval uno de los recolocables que se encaró a Barrero y que, después de meses, no sabe cuál es su futuro ni el de su familia.

Mientras el chatarrero hace negocio con el cadáver de Astilleros, a los trabajadores les toca la eterna espera. “Esto es un sinvivir. Quiero pensar que me van a dar un futuro, pero no sé dónde”, se lamenta Fernando Ponce, un miembro del colectivo de recolocables que se quedó a tan sólo 26 días del plan de prejubilaciones.

El temor a convertirse en otro Delphi cada día es más asfixiante. Demasiadas coincidencias. “Huelva se muere”, escupe uno. “Y nosotros ya somos fantasmas”, replica otro por lo bajini al tiempo que echa pestes contra los políticos “y aquellos sindicalistas que le hacen el trabajo sucio”.

Astilleros es una gran chatarrería de 22 céntimos el kilo. Y el tiempo pone a cada uno en su sitio.

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