Tradición y fervor popular en las Cruces de Mayo de Huelva

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La Cruz de Mayo del Barrio Obrero.

(Texto: Javier Berrio)     Desde que puedo recordar, Huelva se ha divertido de tantas formas como ha podido y, en una sociedad tan intervenida por el catolicismo, ha resultado natural que la mayoría de nuestras fiestas hayan tenido ese carácter.

También en ese sentido, mi memoria se sumerge en mi infancia, en la zona de la plaza Niña. El mes de mayo se dividía en dos aspectos. Por un lado era el mes de las flores y el mes dedicado a la Virgen María, tal como sucede hoy en día. Por otra parte, también igual que ahora, era un tiempo de disfrute vecinal por medio de la sencilla competencia en el exorno de cruces en los patios onubenses. Eran días muy emocionantes y llenos de frescor y las dificultades económicas, propias de aquellos años en las capas populares, se sustituían por la originalidad y el buen gusto. Dado que la mayoría de los patios eran hermosos en la cantidad y calidad de flores que se cultivaba, uno de los aspectos esenciales estaban cubiertos. El resto de los adornos provenían de tejidos, muchos de ellos colchas adamascadas.

Y las circunstancias cambiantes, la ciudad que pierde esa forma de vida y los ciudadanos comienzan a vivir mayoritariamente en pisos, y que una inmigración enorme de la provincia, con otras costumbres, empieza a convivir con nosotros. Pero aún así, pasados unos años, renace la tradición y son los más jóvenes, niños aún pero con madera de futuros costaleros y cofrades, los que comienzan a unirse a las diferentes cruces en los barrios. Porque ahora, esas cruces ya no pueden estar en los patios, pero sí en las plazas, cubiertas con una carpa o en una especie de capilla construida con material. La cruz del barrio será, durante un mes, el punto de reunión de los vecinos y un importante nexo de unión entre ellos. Junto a la cruz, el elemento cristiano que se venera de modo popular y festivo, se colocarán las plantas, las luces de orfebrería y elementos típicos de vestimenta femenina como mantoncillos flamencos. Cada Cruz pretende litigar en complejidad y hermosura con otras de la ciudad y junto a la misma nacerá la barra de bar donde se tomarán ponches y degustarán algunas tapas y, desde luego, las tradicionales habas ‘enzapatás’, caracoles y altramuces. Se canta y se baila alrededor o delante de la cruz y la primavera se hace alegría en las plazas de nuestras calles.

Transcurrida la Semana Santa, de altísima calidad y esplendor en Huelva, conviviendo con las romerías de la provincia, las cruces se preparan para hacer la bajada hasta el centro, donde llenarán de alegría y de cierta inocencia la plaza de las Monjas al pasar ante la Cruz Madrina. Las asociaciones de vecinos, siempre al servicio de las necesidades ciudadanas, pero también atentas a los aspectos lúdicos de la comunidad, asumen las cruces como una actividad cultural y un momento de clara participación de los onubenses en la vida colectiva de la ciudad. Las cruces se trasladarán hasta el casco antiguo en una especie de estación de penitencia imaginaria y será en ese casco donde cada barrio de la ciudad deje el aroma de la alegría de sus vecinos que acompañarán a su Cruz para que nadie pueda decir que no cuenta con el apoyo de los vecinos.

Los niños, convertidos en costaleros, pasean orgullosos su cruz por las calles, flanqueados, precedidos o seguidos por las banderas de España, de Andalucía y, naturalmente en este caso, la de Huelva. Los chicos se crecen como personas y en sus capacidades y se encuentran seguros de lo que hacen y de aquello que serán capaces de hacer, cuando su cuerpo lo permita, en los pasos de misterio o palios de la Semana Mayor. La algarabía que cada tarde y noche se instala junto a la Cruz, se traslada con la misma por Huelva y pasa por el Ayuntamiento. No sabemos si, como dice la tradición, debemos esta costumbre a la exaltación que la madre de Constantino, Santa Elena, hizo de la Santa Cruz tras haberla encontrado en Jerusalén, pero la verdad es que al igual que la provincia, la ciudad adorna ese elemento religioso y se adorna con él para dar alegría y luz a la capital atlántica.

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1 comentario

  1. Berrioronte Maximus on

    Cuando te pongan una al lado de tu casa, me avisas. Deberían aprender de las de Córdoba, que no molestan ni a los que están pared con pared. Aquí se resuelven las señas de identidad a decibelio limpio. Molestar o molestar, ese es el dilema.

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