El director de Cáritas cifra en un 20% el aumento de las familias onubenses que piden ayuda a la ONG

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Julio González, director de Cáritas. (Julián Pérez).

Julio González, director de Cáritas. (Julián Pérez).

(Texto: C. B. V.)     Él trabaja cara a cara con el lado más real de la crisis, el de las personas que no pueden llegar no a final de mes sino ni siquiera al principio. Como director de Cáritas Diocesana en Huelva, Julio González Ceballos (Jerez de la Frontera, 1966) está acostumbrado a convivir con la pobreza y sabe que una situación como esta sólo pueden solventarla las personas con su esfuerzo. Tampoco le tiembla la voz para dejar claro que los gobernantes tienen la primera y última palabra para ayudar a los excluidos. Asegura que en un año las familias onubenses que piden ayuda a Cáritas han crecido un 20 por ciento.

¿Siguen aumentando las familias que se acercan a Cáritas a pedir ayuda por la crisis?

Sí, siguen aumentando, no se han estabilizado. La crisis sigue en muchos frentes y cuando digo muchos frentes no es que sea alarmista pero los frentes son los mismos que siempre pero el perfil ha cambiado, familias que antes eran de clase media o que habían salido del fango, de la situación de exclusión en la que se encontraban, ahora resulta que son el eslabón más débil y el que más está sufriendo. Hay menos dinero para atender a más personas. Y están aquellas personas que siguen estando en la parte de la exclusión, hablo de personas sin hogar, inmigrantes que viven en los asentamientos… Esos siguen teniendo ahora menos recursos porque hay que repartir más y eso es un problema bastante grande y nos vemos desbordados en ese aspecto. Mediante la imaginación y la generosidad de los onubenses lo que intentamos hacer es llegar la ayuda a más personas y con la misma calidad y eso es complicado.

¿Hasta dónde llega esa imaginación?

Esa imaginación da hasta donde dé. Nosotros estamos estirando todo lo que podemos estirar, incluso en lo personal. De los 900 voluntarios que tenemos muchos están estirando muchísimo incluso en lo personal y eso muchas veces se deja resentir en las propias personas, en el ánimo y su psicología, pero, claro, ahí estamos, donde hay que estar.

¿Qué ayuda presta Cáritas a las familias?

Tenemos un programa de familia y todas las parroquias ayudan a las familias. La primera fuerza de choque, la más cercana, son las parroquias. Hay más de 120 parroquias distribuidas por toda la provincia y las personas que están en las parroquias conocen a sus vecinos. Antes se intentaba despachar ahora se intenta ir a por las personas, a sus casas, porque hay un tipo de pobreza, que se llama el pobre vergonzante, aquella persona que no está acostumbrada a pedir, no quiere pedir, pero tiene tantas o más necesidades que muchas personas que vienen a pedir. Al saber nosotros quiénes son, vamos a por ellos, en el buen sentido de la palabra. Hacemos un acompañamiento, hablamos con ellos, intentamos, de alguna manera, orientarles. Muchas veces se hace más haciendo un acompañamiento que dando una ayuda material o dando una orientación desde el punto de vista laboral. El programa de familia es un programa que tenemos también aquí en la Diocesana, tenemos un técnico liberado para acompañar a las parroquias, para asesorarlas, y es uno de los programas, por así decirlo, que está trabajando con las personas.

¿Cómo se completa la ayuda económica?

Julio González, director de Cáritas. (Julián Pérez).

Julio González, director de Cáritas. (Julián Pérez).

Tenemos también un programa de empleo, un operativo en el Andévalo y un programa de intermediación, donde les proporcionamos a las empresas los currículums que nos dan. ¿Cuál es el problema? Que cada vez hay menos trabajo, entonces es muy frustrante. Pero sin embargo sí es verdad que nosotros a través del programa de empleo también estamos haciendo un pretaller con recursos propios para personas en exclusión y que no entran para nada en ninguno de los talleres que la Junta tiene o que pueda ofrecer el ayuntamiento. Les damos una formación mínima para que luego ellos puedan rehacer su vida y tener esa dignidad que muchas veces sólo proporciona el trabajo y para darle los rudimentos mínimos para poder empezar un empleo. Eso lo estamos haciendo tanto con hombres con mujeres. Para hombres tenemos una especie de programa que tenemos para 15 personas, algunos viven en la calle incluso. Es un pequeño taller de albañilería, fontanería y pintura y el otro un taller de confección para mujeres, también de ayuda a domicilio, de empleada de hogar. Son personas que no tienen titulaciones y les proporcionamos también la posibilidad de que se saquen el graduado escolar. Esas personas están fuera del circuito que ofrece el SAE.

¿La labor de Cáritas con las personas en exclusión es la más importante?

El programa de exclusión que es el más grande. Está dividido en varios proyectos. Un proyecto primero, que es el primer nivel, es el proyecto Puerta Abierta, un centro donde se recibe a una media de 90 personas al día, donde se les ofrece un café, un acompañamiento, una ducha, una taquilla donde pueden dejar sus cosas, pueden cargar su móvil, pueden afeitarse, pueden tener un cuarto de baño, que parece una tontería pero no lo es cuando uno vive en la calle. Tienen una asesoría tanto sanitaria como de papeles, de DNI, de pasaportes, de todo este tipo de historias. También hay un taller ocupacional, al que personas que están en la callepor la tarde pueden ir y hacen pequeñas cosas, como abalorios y artesanía y eso nos está sirviendo para engancharlos a ellos y que también se sientan vinculados otra vez con el mundo del trabajo, aunque sea a muy pequeña escala. Luego también tenemos el segundo nivel que es el antiguo Don Bosco que ahora es Santa María, lo hemos trasladado, porque se nos caía la casa y lo hemos trasladado a la antigua residencia Santa María La Rábida, que está al lado de Los Maristas. Es un proyecto bastante ambicioso, toda la Diócesis se ha volcado en él con el gesto solidario de este año y en su primera fase teníamos ocho personas y ahora vamos a pasar a 15. Este es el segundo nivel, que atiende a aquellas personas que ya han salido de la calle o están pasando por una serie de dificultades, bien porque han salido de la cárcel, porque están segundo grado, en tercer grado, bien porque han salido de la calle directamente o porque tienen algún tipo de problema. Esas personas están allí de forma temporal hasta que pueden dar el salto al tercer nivel, que son una serie de pisos tutelados que tenemos para que esas personas puedan estar allí.

¿Cómo es la situación en los asentamientos?

Prestamos ayuda en los distintos asentamientos que hay en la provincia, sobre todo en Las Madres, Mazagón, Palos, Moguer, Lucena y Lepe. Ha cambiado también el perfil de personas que están allí, hay personas que no han trabajado durante tres años y que sí tienen papeles algunos de ellos. Antes podían trabajar y hacían sus cosas pero ahora ya no pueden ni siquiera trabajar. Entonces se ven limitados a estar allí, en un campo, sin trabajo, en unas condiciones bastante desastrosas. Antes hacían un circuito, por ejemplo, de aquí, después de la fresa iban a Lérida, de Lérida iban a Jaén, ahora ni se mueven porque se dan cuenta de que no hay trabajo en ninguno de esos sitios. Incluso hemos detectado depresiones en ellos. Esto es un problema grave que se ha estado ocultando. Hemos hablado con el Defensor del Pueblopara darle precisamente una salida a este problema. Ya estamos hablando de una emergencia humanitaria en el sentido de que donde no hay condiciones de vida evidentemente pueden surgir enfermedades, etc. El otro día alguien me mostró las manos y le había mordido una rata, es decir, ellos conviven con las ratas allí. Las ratas van donde hay comida, donde hay suciedad. La situación, sin ser alarmante es grave. No tienen agua potable, no tienen acceso a nada y la comida es la que nosotros les vamos proporcionando cuando podemos y les vamos llevando allí a los distintos campamentos.

¿Han perdido atención los inmigrantes al crecer la pobreza local por la crisis?

No les ha afectado tanto eso como que no hay trabajo. Antes podían trabajar dos meses, tres meses y con eso podían mandar la mayor parte del dinero a sus casas para sostenerlas allí en sus países de origen, sobre todo africanos, estamos hablando del África subsahariana sobre todo y ahora sin embargo es que no pueden ni siquiera alimentarse ellos mismos. Esto está generando una gran fuente de conflictos porque ellos mismos están ya asumiendo lo que pasa. Antes eran trabajadores que tenían problemas para poder encontrar algo de trabajo y cuando tenían algo de dinero se podían ir a vivir a los distintos pueblos, alquilaban una casa y vivían cuatro o cinco personas y ahora saben que tienen que estar conviviendo allí bajo los plásticos y con el miedo de que los vayan a echar y los lleven más adentro.

¿Siguen llegando más inmigrantes a los asentamientos?

No, se han estabilizado. El número se ha estabilizado, no siguen llegando más pero tampoco se van.

¿Cuántas personas puede haber ahora en los asentamientos de la provincia?

Ahora mismo hay 1.200 personas. Los asentamientos se mantienen todo el año, no con 1.200 personas pero sí con 300.

¿Qué solución puede tener este problema?

De momento la solución es no mirar para atrás. Ver que estas personas han hecho una función y están haciendo una función porque muchas veces los llaman cuando no hay mano de obra local, nacional, para poder resolver los problemas. La única solución que nosotros vemos aquí es la de siempre, lo que hace falta es trabajo, como le falta a tantos españoles. Nosotros no discriminamos si son españoles o no los que necesitan trabajo pero efectivamente una de las grandes causas de la desesperación a la que están llegando muchas personas y que incluso les ha hecho manifestarse o reivindicar es la falta de trabajo, la crisis galopante a la cual no se le ve futuro, salida y no se le ven soluciones.

¿Están sufriendo ya los recortes de subvenciones como asociación?

De momento están recortando poco, no sabemos si después de las elecciones empezarán a recortar bastante más pero evidentemente los recortes vienen en todo. Desde Cáritas nosotros siempre estamos diciendo lo mismo, en una situación de crisis tan galopante como la que estamos viviendo con cantidad de personas en situaciones dramáticas el recortar en servicios sociales es precisamente ahondar más en la crisis porque quienes pierden siempre son los mismos de siempre, el eslabón más débil, que son los excluidos y las personas que están al borde de la exclusión, los más vulnerables y eso lo que puede ocasionar precisamente es una situación difícilmente asumible por la propia sociedad.

¿Cuánto ha aumentado el número de familias que piden ayuda a Cáritas?

Del año pasado a este, un 20 por ciento. Pero el problema no es que haya aumentado un 20 por ciento, el problema es el deterioro de esas familias. No es tanto el cuánto sino el cómo, cómo vienen esas familias, esas familias en muchos aspectos vienen con muchos más problemas, una problemática de no encontrar trabajo ninguno de sus miembros, de tener órdenes de desahucio para sus negocios, para su pequeño negocio, para su vivienda, porque la hipoteca no llega y les amenazan con que les van a quitar absolutamente todo y eso sí es un gran problema porque antes venían con un recibo de la luz pero ahora estamos hablando de quién puede pagar una hipoteca de 500 euros, ninguna institución puede hacerse cargo de eso. ¿Qué se hace con esas personas cuando les quiten su piso, dónde van? Ahí es donde está el problema. ¿Qué es lo que va a ocurrir con personas que no encuentran trabajo, con chavales jóvenes con un 40% de paro aquí en Andalucía, por ejemplo, con un fracaso escolar de más del 30%? Esas son las preocupaciones que tenemos desde Cáritas porque estamos viendo lo que se nos viene encima y lo que se nos viene encima es una sociedad sin esperanza y la falta de esperanza en el futuro. El frontispicio del infierno decía “Nadie con esperanza cruce esta puerta”, en la Divina Comedia. En la Divina Comedia el infierno es la falta de esperanza. La desesperanza es uno de los elementos fundamentales de la depresión, de la ansiedad y de la falta de perspectiva y de la falta de entusiasmo para poder tirar para adelante y es ahí donde está el problema y lo que nosotros estamos detectando, una juventud con falta de expectativas, unas familias que están sobrecargadas porque están acogiendo también a distintos familiares y un momento en el que mucha gente está mirando otra vez a los pueblos de origen. Están volviendo a los pueblos de origen y eso está dando una gran problemática en el sentido que en esos pueblos no hay trabajo, es verdad que la vida puede ser más barata, que tienen una casa pero llevan la conflictividad de las ciudades a los pueblos. Los pueblos también se pueden ver en muchos casos sobredimensionados, porque tienen una estructura social muy fuerte, cohesionada pero tienen unos servicios sociales mucho más flojos de los que pueden tener dentro de la ciudad y eso es uno de los problemas que estamos detectando.

¿Cuál es la mejor intervención que podrían hacer las administraciones para ayudar a estas personas?

La intervención debería ser optimizar los medios que se tienen mirando el bien común. Los recortes que se vayan a hacer que se hagan cubriendo las necesidades básicas de las personas, sobre todo de las que menos tienen o que están al borde de no tener nada. No haciendo recortes, por supuesto, en sanidad ni en educación porque es uno de los grandes problemas que estamos detectando también, que si se hacen esos recortes aquí no se sube. Y, por supuesto, hacer un programa de vivienda, acogida o puesta de pisos para que a aquellas personas que lo han perdido todo de alguna manera se les vaya intentando ayudar momentáneamente para salir de este momento en el que estamos viviendo hasta llegar a momentos mejores. Si no es meter la cabeza debajo del ala y no querer verlo. Desde Cáritas somos conscientes que ayuntamientos, Junta de Andalucía y Estado, todo lo que son las administraciones, pasan por una crisis económica impresionante con lo cual los recortes de recursos van a ser inminentes y eso lo entendemos pero también entendemos que una cosa es recortar y otra cosa en qué se recorta. El problema está en qué se recorta, por eso hablaba yo antes de optimizar.

No ha dado ejemplo de optimizar recursos la Junta de Andalucía al tener que devolver 400.000 euros asignados a salarios sociales por falta de personal para gestionarlos…

Uno de los grandes problemas es optimizar los medios y comprendo que la administración tiene que administrar pero tiene que hacerlo con un criterio y ese criterio primero tiene que ser el criterio de poder rentabilizar al máximo los pocos recursos que van a tener ahora o los muchos recursos que se han tenido.

¿Podría Cáritas seguir haciendo su labor si le recortan recursos?

Cáritas tiene una labor subsidiaria. Es el Estado el que tiene la prerrogativa, por orden constitucional, de llevar a cabo todas estas cosas y entonces Cáritas va a llegar hasta donde pueda llegar, porque más no se puede pero, eso sí, a los cristianos y a la sociedad en general lo que les vamos a tener que pedir es un sobreesfuerzo para poder ayudar desde el punto de vista del voluntariado. Hemos subido en voluntariado en estos dos últimos años, se ha hecho una petición y esta ha sido acogida por parte de la comunidad cristiana. También recibimos las aportaciones que cada uno buenamente pueda, el compartir, la comunicación cristiana de bienes, que es lo que intentamos hacer. Otra cosa no vamos a poder hacer.

¿Qué importancia tienen los voluntarios?

Es total. Somos una ONG pero somos de voluntariado. El voluntariado es fundamental. Estamos en el año internacional del voluntariado, sin embargo se ha hecho poca cosa sobre el tema del voluntariado, que tiene una importancia absoluta y total, sin el voluntariado Cáritas no tendría sentido, simplemente desaparecería. Cáritas Diocesana está para darle un servicio al voluntariado y a todas las parroquias, que realmente es donde está su sentido primero.

Ha comentado que muchos de los voluntarios se ven ahora superados…

Muchos se ven superados, desbordados. Todo contacto con la pobreza también te implica y esa implicación lleva algunas veces a callejones sin salida porque tú no puedes ayudar lo que quisieras ayudar porque te sobrepasa, bien por las circunstancias personales del individuo, que no quiere salir de las historias, o por las circunstancias personales que tú no puedes arreglar pero para eso también desde Cáritas hacemos un acompañamiento al voluntariado y cursos de formación para que el voluntariado nunca se sienta solo y se sienta con las armas adecuadas desde el punto de vista psicológico y espiritual para poder afrontar precisamente este tipo de circunstancias que se nos va a dar continuamente.

¿Han aumentado mucho los voluntarios?

Sí, porque ha habido un llamamiento desde Cáritas desde hace unos años para acá para que esto se haga así. Si somos una ONG de voluntariado no tiene sentido que esto lo llevaran técnicos, apartede que no se puede pagar a los técnicos. Los técnicos están para acompañar al voluntariado, para darle la parte técnica que le pueda faltar al voluntariado. Se han acercado bastantes personas diciendo qué puedo hacer, en qué puedo ayudar y eso es un acicate y un aliciente para la labor que se desarrolla en Cáritas pero nunca es suficiente porque la problemática cada vez mayor.

¿Ve por algún lado los famosos brotes verdes?

Los brotes verdes yo los veo en el voluntariado, en la respuesta que tiene la sociedad y la sociedad de Huelva es solidaria y no es por hacer halagos, que yo no soy político pero la sociedad de Huelva es solidaria y acogedora si no no aguantaría lo que está aguantando en muchos aspectos y todavía no ha pasado gracias a Dios nada, ni un brote xenófobo y hay situaciones de convivencia bastante complicadas en los pueblos.

¿Hay indicios de que se vayan a levantar asentamientos próximamente?

Hace un mes se levantó un asentamiento en Moguer pero ahora la cosa está parada. Eso lo único que provoca es que las personas se tengan que desplazar pero se mueven más adentro con lo cual es más difícil llevar la ayuda, más difícil atenderlos y ellos lo tienen todo mucho más complicado. Hay personas que para coger agua se hacen doce kilómetros con una bombona ahí en Mazagón, es fácil verlo. Les tienen prohibido coger agua de las distintas fincas porque es agua no potable, se lo tienen prohibido por temas de sanidad pero se cae en la contradicción de que viven en zonas bastante insalubres. La situación personal de estos inmigrantes se ha deteriorado bastante en estos años porque cuando no tienes expectativas vienen asociadas cantidad de cosas y una de ellas, la más importante, es esa ansiedad y esa manera de querer buscarse la vida de otra manera y ahí es donde está el problema. Hay una problemática que se puede dar y que se dará tarde o temprano porque donde no hay salida hay que buscarla. ¿Desde Cáritas que estamos haciendo? Estamos haciendo cursos de formación, de cocina para las mujeres, buscando la empleabilidad. Si quieres ir a casa de alguien a hacer de comer y vienes de África no le vas a hacer la comida que estás acostumbrado a hacer en África porque entre otras cosas para nosotros es incomestible. Tú le tienes que enseñar desde cero, desde ir a comprar hasta hacer un puchero. Eso es lo que estamos haciendo para que esas personas puedan salir de ahí, porque esos trabajos no los quiere mucha gente española, con las condiciones a las que están sometidos.

¿Qué le parece el movimiento de concentraciones ciudadanas que ha surgido?

Hace un año estuve comentando que si había cuatro millones y pico de parados que dónde estaban, qué aguante teníamos aquí en España que no había ese tipo de reivindicación fuerte. Por una parte me parecen lógicas porque es lógico que cuando tú te sientas herido en tu dignidad, sobre todo en tu dignidad de trabajador, porque no puedes tener trabajo, tu dignidad como estudiante, porque ves que no vas a tener futuro, tu dignidad de persona, de ciudadano, pues que salgas, te manifiestes y des un toque de atención pero creo que la democracia, nuestra democracia parlamentaria es una democracia que tiene muchas imperfecciones que habría que arreglar pero que no deja de ser una democracia y que las cuestiones hay que arreglarlas dentro de la democracia, eso es lo que pienso. Las manifestaciones son democráticas siempre y cuando cumplan lo normal de la democracia y que creo que es normal que la gente esté un poquito desesperada, más que indignada, desesperada.

¿Cuál sería ahora su mayor deseo?

Que los políticos gobernaran bien para el bien común. Creo que con eso sobraba para arreglar esto, que miraran el bien común.

¿Ahora dónde miran?

Ahora por desgracia el que no tiene poder quiere poder y el que lo tiene quiere mantenerlo, ni más ni menos, y no digo que no se mire el bien común pero priman más los intereses de partido que los intereses de los ciudadanos en general. Eso está generando un divorcio enorme y una desafección política, que es la puerta y la vía de entrada de muchas otras cosas que hemos pasado en el siglo XX y que a mí no me gustaría repetir como los comunismos, los fascismos y otros ismos.

Habrá que tener esperanza…

Hay que tocar fondo. Tengo un amigo que es psicoterapeuta y lleva cosas de drogadicción. Él dice que cuando una persona se mete en la droga pasa una serie de fases, la primera es el paraíso, la segunda el purgatorio y después viene el infierno y cuando ya tocas fondo dices o me salvo o me muero y es cuando tú decides realmente dejar la droga. Yo creo que esto es lo mismo o me salvo o me muero. Ya no estamos en el purgatorio, estamos en el infierno y aquí o nos salvamos colectivamente o nos hundimos colectivamente y yo creo que España tiene la suficiente inteligencia y la suficiente entidad como país como para salvarse colectivamente, con mucho sufrimiento, como diría Churchill, con sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas. Con esas cuatro cosas es con lo que se va a salir, no hay ni receta mágica ni nada, hay que apretarse el cinturón todo el mundo, todo el mundo tendrá que trabajar más horas y tendremos que ir saliendo de la situación a la que hemos llegado. Luego habrá que ver el por qué, que eso también está oculto, el por qué no se le da a la gente un crédito, el por qué desde España se les tiene que pagar a los bancos, por qué no quiebra un banco y sí empresas. Son preguntas que siempre me hago y no encuentro una explicación porque nadie me la da.

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1 comentario

  1. planetafranky on

    gran persona Julio, gran obra la que está llevando a cabo, gran abrazo que le mando con estas letras!!!

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