IU teme autodestruirse en Almonte, Riotinto, Nerva o Gibraleón

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Pedro Jiménez, coordinador provincial de IU. (Julián Pérez)

Pedro Jiménez, coordinador provincial de IU. (Julián Pérez)

La luz roja de alerta se ha encendido en la sede de Izquierda Unida en la provincia de Huelva, donde hay dos posiciones bien diferenciadas, los que estarían dispuestos a seguir a rajatabla las directrices a nivel regional y federal, llegando al extremo de expulsar a los concejales díscolos de Almonte, Minas de Riotinto o Nerva, y los que piensan que a este paso, y visto el precedente de Bollullos del Condado, hay que dejar hacer a cada asamblea local lo que mejor estime conveniente sin que haya sanciones o expulsiones.La papeleta a la que tiene que enfrentarse Pedro Jiménez, el coordinador provincial, es bien complicada, porque por un lado tiene la presión de quienes desde otros ámbitos le piden que aplique el rigor máximo, y por otro ve la evidencia de que de seguir esas recomendaciones se va a encontrar con que lo que fue un éxito electoral pase a ser la autodestrucción de la coalición en poblaciones como Almonte, Nerva, Minas de Riotinto o Gibraleón.

Los cuatro casos tienen algo en común: la coalición es quien decide quien gobierna. Tiene en sus manos la mayoría de gobierno. Pero teniendo eso en común, los cuatro casos son ditintos. En Almonte y Nerva la lista más votada fue la del PSOE, pero en Minas de Riotinto y en Gibraleón la lista que logró más votos fue la del Partido Popular.

El temor máximo que hay en Izquierda Unida es que vuelva a repetirse un caso como el de Bollullos del Condado, donde en el anterior mandato un acuerdo de IU con el PP sirvió para que la coalición se hiciera con el gobierno municipal en detrimento del socialista Carlos Sánchez. En este caso ya existía el antecedente de que Sánchez había incumplido un pacto global de la izquierda en la provincia y ahí sigue como militante y candidato socialista. Por contra, la coalición fue inflexible con el grupo municipal en Bollullos y expulsó a todos sus miembros menos a uno.

Si en IU esperaban que las urnas, este pasado 22-M, pasaran factura a los ediles expulsados se equivocó del todo. Lejos de eso, los ahora independientes ganaron los comicios con mayoría simple por delante del PSOE. Lo peor para la coalición no era sólo eso, sino que su grupo municipal quedaba reducido a un solo representante. La jugada, que en su momento no costó nada al PSOE, le ha costado a la coalición su autodestrucción en uno de los feudos tradicionales, en los que siempre logró un diputado provincial gracias a la fuerza de Bollullos.

El dilema que tienen ahora sobre la mesa es si hacer lo mismo, porque de actuar con expulsiones se quedarán sin representación municipal en cuatro importantes localidades. La máxima de Cayo Lara de que IU no permitirá gobiernos del PP por acción u omisión se ha vuelto en contra de la coalición, algunos de cuyos máximos dirigentes se dirimen entre utilizar la inteligencia o seguir a rajatabla la ortodoxia. Los que defienden la primera salida ponen como ejemplo a Marcos Toti, que llegó a la Alcaldía hace ocho años gracias al apoyo del PP, contra el que no se actuó y que ahora ha logrado ser la lista más votada en Zalamea la Real, con lo que recupera para IU la alcaldía que había perdido hace cuatro años.

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