RETRATO
Pie de foto
[José A. Gómez Marín]

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José A. Gómez MarínHace aún bien poco tiempo me encontré al abrir el periódico una foto post-electoral. En ella posaban sonrientes, y no era para menos, el presidente del partido que acaba de arrasar en las municipales y cuatro alcaldes elegidos: tres de ellos, de otras tantas capitales andaluzas, y la alcaldesa electa de Valverde del Camino, Loles López, tímida pero orgullosamente halagada por el privilegio. No me extrañó. Y no me extrañó porque si me hubieran preguntado el día antes de las elecciones por un fortín del “régimen” en que fuera improbable el vuelco electoral, sin duda habría señalado a ese pueblo del piedemonte andevalino en el que, en buena medida, cuajó el partido ahora derrotado por vez primera. Eran más de tres trienios de hegemonía incontestada, oigan, una larga etapa en la que, ciertamente, ese “régimen” ganaba en solitario, ya que la oposición no fue capaz nunca de oponerle un candidato decoroso, pero tres trienios al cabo, y ése es un plazo en el que al “régimen” menos capaz le sobra tiempo para fraguar una clientela dependiente y, por supuesto, para desmoralizar a los votantes ajenos.

Pues bien, la noche del 22-M nos enteramos de que una mujer joven, que ya había logrado romper la tendencia de voto en la anterior ocasión, iba imponiéndose poco a poco en Valverde, ante la incredulidad y el desconcierto de propios y extraños, y hasta conseguir darle a la relación de poder en el Ayuntamiento un vuelco total –pasó de un 10-4 adverso a un 11-5 a su favor – y hacerse con la mayoría absoluta. No tengo la menor duda a la hora de decir que ese triunfo inesperado ha sido, junto con el conseguido en Sevilla capital, el mayor de cuantos logró aquella noche la opción conservadora y, desde luego, el mayor descalabro sufrido por un partido hegemónico que ni en su peor pesadilla hubiera podido entrever la pérdida de su feudo enrocado.

Tiempo habrá para valorar le talento político de Loles López, por supuesto, por más que no estemos hablando ya de una novata sino de una líder en toda regla que ha gestionado con discreción y energía una oposición municipal hasta ahora tratada sin el menor respeto por la mayoría saliente, aparte de obtener en su actividad parlamentaria una experiencia sobresaliente en tan escaso tiempo. ¿Y saben por qué creo yo a pies juntilla que Loles López ha barrido en un pueblo hasta ahora resignado al dogal de un solo partido? Pues porque ella no pertenece al reconocido estereotipo de los buscavidas que vivaquea en los pasillos del partido en espera de que alguien les dé tal vez un empujón hacia arriba, sino a la nómina escasísima de esos políticos a los que el partido ha ido a buscar, justo, por cierto, cuando se disponía a comenzar, como abogada en ejercicio, una carrera profesional que, sin duda, habría sido brillante. Ahí tienen dos claves, que justo es resaltar junto a los méritos muy especiales –inteligencia política, capacidad de trabajo, imaginación, honradez, discreción, tacto y naturalidad—que posee Loles López y que la pergeñan con un perfil tan distinto al de los políticos profesionales que ha tenido que soportar hasta ahora y a los que, finalmente, ha batido en toda regla.

En democracia no hay causas imposibles ni del todo perdidas porque, como dicen los franceses, son los demócratas quienes hacen la democracia y los ciudadanos quienes, en definitiva, construyen la República. Lo acaba de demostrar en Valverde una mujer joven, que ha sabido mantener la calma ante la arrogancia, a veces estúpida, de una “situación” que se creía vitalicia. Una mujer que estoy seguro de que tiene un largo camino político por delante pero que debe ahora enfrentarse al mal paso que supone la herencia de una municipalidad en ruinas, bajo cuyas alfombras lo más probable es que acabe descubriendo una sentina cuya higienización urgente le corresponderá acometer. Seguro que lo hará con la templanza que sugiere su talante y sin que le tiemble el pulso, no sólo porque eso es lo que le conviene a su pueblo, sino porque un triunfo colosal como el suyo es también una oportunidad de todos. Loles es un mirlo blanco. Lo que parece mentira es que quienes se creían los dueños realengos de Valverde no lo hayan ni sospechado a pesar de tenerla sentada frente por frente.

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