“La crisis nos obliga a detener el proyecto de nueva Catedral, pero no a abandonarlo”

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Jose Vilaplana Obispo. (Foto: Julián Pérez)

(Texto:  C.B.V.)   El próximo 23 de septiembre se cumplirán cinco años de la toma de posesión del obispo de la Diócesis de Huelva. En este tiempo, José Vilaplana Blasco (Benimarfull, Alicante, 1944) ha podido conectar a fondo con las particularidades de la feligresía onubense en la que asegura sentirse plenamente integrado casi desde el primer día. Cargado de proyectos y de esperanza asegura que la fe también es un arma para luchar contra la crisis y no teme pedir a la clase política una mayor cercanía a los problemas reales de los ciudadanos.

Jose Vilaplana Obispo. (Foto: Julián Pérez)

¿Qué ha sentido un año más al ver a cientos de miles de personas peregrinar hacia la Virgen del Rocío?

Para mí es muy importante encontrarme con las hermandades porque veo una corriente de gran devoción a la Virgen María. Lo que yo percibo es que, fundamentalmente, El Rocío, que es un fenómeno muy complejo y muy bello, la corriente que lo sustenta es una gran devoción a la Virgen María y las personas la acompañan con mucho cariño, le confían sus peticiones, le agradecen su presencia y su protección y esto es lo que cabe subrayar, que esa devoción se mantiene y creo que incluso se afianza.

¿Ha cambiado su idea sobre El Rocío durante sus años como obispo de Huelva?

Evidentemente yo vine aquí hace cinco años con una visión muy reducida de El Rocío. Desde el exterior sobre todo se subraya la presencia de las personas famosas o el salto de la reja pero lo que he podido comprobar aquí con una gran satisfacción es todo lo que es El Rocío en Pentecostés, por el silencio y la presencia tan masiva de personas en la eucaristía, en el rosario, en la vida de las hermandades, en la tradición de familia, en cómo se pasa la devoción de padres a hijos, en la alegría compartida. Me sorprende que es una fiesta que no tiene espectáculos, como otras fiestas. He descubierto muchos valores que tiene El Rocío pero uno que me gustaría subrayar es no sólo El Rocío en la salida de Pentecostés sino El Rocío de todo el año, vas al Santuario y basta sólo un rato observando a quienes se acercan a la reja para ver la historia de toda la vida de una familia, los novios que se presentan a la Virgen, el matrimonio que ves con un niño recién nacido, los que van con un enfermo o el abuelo con los nietos. El Rocío de todo el año es también lo que te da la clave de lo que es El Rocío.

¿Cómo obispo de Huelva qué contacto está teniendo con la crisis económica?

El contacto fundamental del obispo es a través de Cáritas, que es, digamos, la mano que tiene el obispo para hacerse presente en ese mundo. Procuro estar muy atento a Cáritas central pero también a las Cáritas de las parroquias porque creo que Cáritas es como una red que llega hasta el último pueblo y hasta el último rincón de los barrios. Mi presencia es a través de Cáritas, a través de las conversaciones con los sacerdotes y a través de algunos casos especialmente dramáticos que pueden venir aquí a mi despacho. Lo que veo es que están haciendo un gran esfuerzo de coordinación, en este momento es muy importante la coordinación y la comunicación cristiana de bienes porque la pobreza no pesa igual en todas partes, en todas las parroquias y lo que hace Cáritas y lo que puede hacer el obispo en todo esto es equilibrar, armonizar, apoyar desde las parroquias que tienen alguna posibilidad a las que están sufriendo más las consecuencias de esta crisis.

¿Se está acercando más la gente a la Iglesia por la crisis o al contrario?

La percepción que tengo es que la gente se está acercando más. Lo vemos en tantas personas al lado del Simpecado y en manifestaciones religiosas. Creo que las personas no sólo se acercan a la Iglesia a recibir ayuda sino también a buscar esperanza y a buscar fuerza interior para afrontar la crisis. A mí esto me parece muy importante porque creo que la crisis actual no sólo es económica, también es moral, es una crisis en la que hay muchos problemas añadidos y creo que en muchas personas sí está provocando una búsqueda de replantearse la vida con sentido y sobre cimientos estables porque quizás el mundo del bienestar nos había metido en una burbuja que no tenía en cuenta valores como la austeridad, el sacrificio o el esforzarse por otro y en este momento creo que esto está llevando a un replanteamiento.

¿Qué se le puede decir a la familia que lo ha perdido todo para que no pierda la fe?

Cuando el problema es muy gordo a veces no importan tanto las palabras como los gestos, que esa persona se sienta acompañada y que sienta que lo que tú puedes compartir realmente lo compartes, esto es muy importante. Después yo creo que hay que abrir perspectivas de que las crisis o los problemas tienen salidas y por tanto hay que equipar a la persona de esperanza para que pueda hacer frente y resistir la prueba del tiempo o del momento más difícil. Pienso que cuando una persona se siente acompañada, querida y mira también la perspectiva de que la familia que pasa crisis conserva muchas cosas buenas y puede conservar el amor a Dios, la esperanza, otros valores que a lo mejor no ha percibido en otros momentos de bonanza pero que están ahí en la vida, todas estas cosas ayudan a esta persona a seguir buscando, a seguir caminando.

La crisis ha llevado a muchas personas a acampar en la calle y exigir un cambio en el sistema. ¿Qué opina de este movimiento?

Lo más positivo de este movimiento es que hace aflorar unas cuestiones que están ahí, hacen falta unas reformas globales, que busquen más curar las cosas en su raíz y a mí eso me parece positivo. Quizás es necesario ver cómo se canalizan esas inquietudes porque con las inquietudes estamos de acuerdo pero en cómo se canaliza eso, en cómo se conecta con el sistema democrático en el que ya participan muchas personas sin que lo ponga en peligro es donde está la cuestión. La cosa está en acoger las inquietudes, que yo creo que compartimos muchísimas personas, y la cuestión que habría que hacer es ver cómo canalizar esas inquietudes para que realmente encuentren eco en la sociedad y no se queden simplemente por las formas en algo marginal.

¿Cree que los políticos se han apartado de los ciudadanos a los que representan?

Creo que quizás se ha entrado en una dinámica partidista, de partido, que ha impedido ver los problemas de fondo que afectan al conjunto. Creo que las cuestiones de partido a veces han impedido ver los problemas de fondo que van más allá de un partido y que globalmente hacen la sociedad, creo que ese es el fallo que se ha tenido.

¿Cuál es la situación de la Diócesis de Huelva en cuanto a número de párrocos y vocaciones?

Estamos en una situación bastante ajustada en el sentido de que nos viene muy justo el número de sacerdotes con el de parroquias que tenemos pero como he estado en otros países y he visto tantos problemas pues me parece que en eso estamos un poco mal acostumbrados porque todo el mundo quiere la misa a la hora tal y básicamente podemos prestar los servicios que un cristiano necesita, gracias a Dios. Respecto a las vocaciones estamos en un momento esperanzado. El año pasado concretamente entraron cinco jóvenes en el seminario, en puerta hay dos o tres y en perspectiva se ve que la cantera no está agotada y nuestro seminario con una entrada de dos, tres cuatro jóvenes anuales como media pienso que a la larga podrá garantizar un buen servicio. Quizás ahora nos falta un poco la edad intermedia, hay un grupo de sacerdotes muy mayores, hay un grupo de sacerdotes jóvenes pero la edad intermedia posiblemente es la que más falta nos hace en estos momentos.

No habrá que hacer recortes entonces en las parroquias de Huelva…

Cuando he dicho ajustar eso significa que no andamos sobrados pero podemos dar bien los servicios básicos. Creo que estamos acostumbrados en España a tener misas a todas horas pero en otros países no es así. La comunidad ucraniana de Huelva tiene una misa el domingo por la mañana y vienen de toda la provincia y celebran la eucaristía. A veces hay que cambiar un poquito el chip porque si mantenemos todas las parroquias antiguas y las de los barrios nuevos con la movilidad para atender el mundo del turismo en la zona de la Costa se multiplican las necesidades y hace falta que también cambiemos un poquito la mentalidad.

¿En qué se diferencian estos jóvenes de los sacerdotes de otras generaciones?

Creo que los jóvenes que se acercan al seminario tienen las características del joven de hoy. Algunos vienen con los estudios terminados, de inglés, o de derecho o magisterio, otros no. Es muy variado como es variado el conjunto de jóvenes. Pienso que la característica que tienen es que son jóvenes abiertos, que ya han vivido una época más plural, que pertenecen a esa generación que no ha vivido el paso del Concilio, sobre todo, que ya viven dentro de una sociedad plural y democrática. Algunos sacerdotes vivieron con mucha pasión, con mucho esfuerzo, la transición, el posconcilio y estos jóvenes ya viven esta apertura y esta nueva vida de una manera muy asumida. Creo que para ellos ahora el gran desafío es cómo hablar de Dios en un lenguaje nuevo, actualizado, a sus mismos compañeros, a sus mismos coetáneos.

¿Obliga la crisis a aparcar el proyecto de la Catedral?

Efectivamente. La idea de la Catedral está ahí y yo he hablado con un artista muy significativo, el padre Rupnik, que es el que ha hecho una capilla en el Vaticano y algunas cosas en la Catedral de Madrid pero ahora hablando con él y con mis colaboradores vemos que tal y como está la crisis necesariamente no tenemos que abandonar el proyecto pero lo tenemos que detener hasta que cambien las perspectivas, fundamentalmente económicas.

Este año ha tenido que intervenir en el tema de los horarios de la Semana Santa. ¿Lamenta que se haya producido esa situación?

La Semana Santa de Huelva tiene una repercusión muy importante religiosamente y desde el punto de vista familiar y de la identidad misma de la ciudad. Son estos momentos en que la ciudad en su conjunto sale a la calle y no es fácil en estos momentos encontrar estos acontecimientos que unen sentimientos. Sin embargo, al ser tan compleja a veces hay puntualmente conflictos pero pienso que gracias a Dios cada vez son menos y vamos adquiriendo una facilidad mayor para resolverlos. También es verdad que un acontecimiento problemático no debería empañar el conjunto de la Semana Santa, deberíamos resituarlo porque donde hay mucha gente puede haber conflictos, los hay en una familia, en una empresa… Hay que resituarlo para que eso no protagonice lo más importante, que creo que sale básicamente bien. Hay veces que este granito no nos deja ver todo el cuerpo. Pero creo que estamos adquiriendo una agilidad a la hora de prevenir y buscar soluciones. De este año al año anterior he visto que hemos conseguido hacer las cosas mejor y espero que mejor para otros años.

¿Qué proyectos tiene en marcha la Diócesis?

Hay dos proyectos muy bonitos. Ahora en Huelva estamos centrados en el proyecto de Santa María de La Rábida, que es la rehabilitación de este edificio del que dispone la Diocésis para hacer un centro pastoral en una parte, donde se concentren las delegaciones pastorales de la Diócesis, y otra parte para la atención a personas. Durante la Cuaresma se hace siempre un gesto solidario con el reparto de las huchas a las parroquias, que ahora está centrado para que los más pobres, los que no tienen techo, las personas que salen de la cárcel o inmigrantes que tienen que pasar un postoperatorio puedan tener una acogida digna. Estamos muy ilusionados porque es un proyecto ambicioso pero de los que te sientes muy contento de poder participar y llevarlo adelante. El otro es de Santa Clara de Moguer, que es un monasterio importante desde el punto de vista cultural e histórico porque es uno de los lugares colombinos y desde el punto de vista del conjunto arquitectónico creo que está considerado de los mejores de la provincia. Estamos intentando que sea un lugar donde se pueda contemplar el arte antiguo de una manera integral, ver las piezas originales pero oír música de la época y un camino que recorra desde lo antiguo hasta un arte contemporáneo, vanguardista. Es un proyecto en el que estamos poniendo mucha ilusión, diseñándolo bien para que pueda ser una oferta que presente el diálogo fe cultura y que al mismo tiempo ayude a la promoción del turismo de calidad, para que también tenga una repercusión social y crear puestos de trabajo.

¿Cuándo estarán listos los dos proyectos?

El de Santa Clara de Moguer se puso en marcha el 25 de marzo y se puede visitar, hay ya un guía y un horario de visitas. Está funcionando pero se va ir completando y desarrollando. Del proyecto de Santa María de La Rábida ha comenzado una fase pero en principio para todo el proyecto tenemos puesto un arco de cuatro años, que durará el Plan Diocesano de Pastoral pero tanto en el presupuesto como en el tiempo es muy difícil de acertar. El edificio tiene una parte dedicada a Cáritas y otra pastoral, la parte dedicada a Cáritas al final tendrá una atención de puertas abiertas para los sin techo que van a ducharse, a lavarse la ropa. La segunda planta que será fundamentalmente para los servicios centrales de Cáritas y procesos postoperatorios de inmigrantes y la parte alta que sería hogar de reinserción social de personas que dejan de estar en el mundo de la marginación y están integrándose en la sociedad, acompañadas durante un tiempo. El proyecto es muy bonito.

¿Cómo están colaborando los onubenses con este proyecto?

No tenemos todavía el resultado de las huchas, lo tendremos a final de curso pero en los años anteriores la gente ha sido muy generosa, con unos 20 millones de pesetas en la campaña anterior. Este año hay que tener en cuenta la crisis y no es fácil adelantar datos pero sí hay generosidad, cuando la gente ve proyectos que se plantean bien las personas son generosas y me gusta agradecerlo porque así como ha aumentado la necesidad en Cáritas se ha visto que ha aumentado también la generosidad.

Después de casi cinco años como obispo de Huelva ¿ha cambiado mucho la idea que tenía de esta Diócesis?

No venía con unos prejuicios, tenía algunos datos de El Rocío, sabía que la Semana Santa en Andalucía se vivía mucho pero vine con una expectativa muy abierta. Lo que sí me ha sorprendido es ver cómo tan pronto me sentí metido tan de lleno en la iglesia y la sociedad onubense, me he sentido muy bien acogido desde el primer momento, me he sentido muy ilusionado proyectando, programando, caminando y descubriendo con alegría las características propias de Huelva. Ya distingo bien las distintas zonas, la Sierra, el Andévalo, la Costa… Tengo una imagen ya diferenciada de sus comarcas y me encuentro ilusionado y se ha podido elaborar un Plan de Pastoral con los colaboradores, que este año es el primero que lo hemos puesto en marcha y dentro de la sociedad actual, con la crisis, el secularismo de la cultura, pues yo estoy ilusionado porque veo que estamos intentando crecer como cristianos, renovándonos para aportar a nuestro mundo el mensaje de Jesucristo, su buena noticia, que yo estoy convencido de que es lo mejor que podemos aportar al hombre de hoy porque le aporta luz, esperanza, un camino para aprender a amar con un estilo generoso, gratuito, como el que Cristo nos ha enseñado y estoy ilusionado y encontrando eco y compañía en Huelva y en ese sentido le doy gracias a Dios por cómo me siento ahora.

¿Cómo es el feligrés onubense?

Es muy acogedor, muy receptivo a los gestos de cariño, agradece muchísimo la presencia. Cuando estaba despidiendo a las hermandades del Rocío de Huelva la gente tan contenta, tan agradecida de que estuviese allí un ratito, aunque eso para mí es normal. Y después es generoso, he visto que en los proyectos de ayuda tanto al interior como al exterior es generoso. Es un fiel muy devoto de la Virgen María, Huelva es muy mariana y pienso que también es un fiel muy abierto a las propuestas que se le hacen. No he encontrado rechazo en algunas propuestas que hice muy pronto, al llegar a aquí, por ejemplo, los grupos de lectura creyente en la palabra de Dios, y esa iniciativa de las huchas de Cuaresmas, del gesto solidario. Eran propuestas que a mí me convencían mucho, las ofrecí y he sentido receptividad.

¿Cuál es su mensaje de esperanza hoy para los onubenses?

Mi mensaje es un mensaje fundamentalmente de confianza, el que cree puede esperar en la providencia, no están los caminos cerrados, se pueden abrir puertas, no estamos en un callejón sin salida. Y en segundo lugar que esta confianza vaya siempre acompañada de gestos de fraternidad, me parece que una persona cuando está agobiada, cuando está viviendo un momento oscuro agradece mucho a un hermano que puede compartir más o menos pero que está a su lado, es decir, que sepamos estar unos al lado de los otros. En tercer lugar, que tengamos creatividad, a cada persona desde su propia responsabilidad que procure ser creativo para buscar esa sociedad que anhelamos y dar pasos para que realmente pueda llegar.

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1 comentario

  1. No hay suficiente pobreza en el mundo para estar pensando en la contrucción de mas templos, es que no ahi suficientes?

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