EL LABERINTO
Andalucía ausente
[Javier Berrio]

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Javier BerrioPasaron las elecciones municipales, se realizaron la mayoría de los análisis electorales y a la espera de la constitución de las diputaciones, queda el asunto de por qué, junto a las lógicas estrategias locales, la cuestión andaluza no fue tratada absolutamente por nadie en Andalucía. El caso Bildu, a pesar de las muy especiales condiciones vascas y del desagrado que ese nacionalismo suscita en mí, ha demostrado que el debate nacionalista era posible y necesario. Pero Andalucía ha dado la espalda a esa cuestión y ningún partido incluyó en su programa una visión ni desde el nacionalismo ni desde el andalucismo.

En Andalucía, el cisma entre PA y PSA fue superado con el pase de los de Pacheco a las filas de Pilar González y en las elecciones no han sido contrincantes. También ha irrumpido Espacio Plural Andaluz (EPAnd), conjunto de partidos independientes al que el PA se ha incorporado perdiendo toda identidad como andalucismo reivindicativo. Además, el PA, en aquellos lugares en los que se ha presentado como tal, no ha recibido apoyo suficiente de los ciudadanos. Pilar González, secretaria general, no alcanzó el 5% para entrar en el Ayuntamiento de Sevilla, lo que habría sido un buen augurio cara a las elecciones autonómicas. Además, en los discursos andalucistas se echó en falta una demanda andaluza en un abandono calculado porque su proyecto no vende en Andalucía.

Es verdad que Andalucía se volvió rencorosa con el PA y que no es capaz de superar su enfado por los agravios históricos de ese partido. Ni siquiera la eclosión de candidatos nuevos ha animado al electorado a un apoyo suficiente. La sangría de votos de no para y aunque en Huelva haya conseguido 600 votos más respecto de los últimos comicios, ha sido bajo las siguientes circunstancias: huida generalizada del voto socialista, aumento del censo y de la participación en casi el cuatro por ciento, 16 años de gobierno popular y el PA sin competencia en su campo. No existe un proyecto creíble ni claro en Andalucía por lo que el debate andaluz no encontró hueco y tampoco parece que, en este momento, los andaluces estén preocupados por un reconocimiento político más allá del actual marco. Además, cuando lo andaluz queda reducido a lo folclóricos o se centra en un supuesto arabismo de la realidad histórica andaluza ignorando todas aquellas otras cosas que han pasado –romanización, cristianización, expulsiones, repoblación,…-, y se cierran los ojos a un nacionalismo de incorporación y radicalmente europeo, poco tendrán que hacer los escasos seguidores del andalucismo de marca. Si las ideas más centradas en Andalucía realizan interesados saltos históricos para negar nuestra auténtica realidad identitaria, poco o nada recibirán ya de esta tierra. A partir de aquí y hasta que soplen mejores vientos, será cuestión de exigir a los partidos mayoritarios, cada uno desde su lugar, que asuman en toda su extensión lo recogido en el Estatuto y reclamen el cumplimiento de sus contenidos, siempre bajo las premisas de que su artículo 1º define a Andalucía como nacionalidad histórica y que en el preámbulo se recoge que fue concretada como realidad nacional por la Asamblea de Córdoba de 1919. En fin, que Andalucía no es Castilla-La Mancha y que no puede renunciar a logros estatutarios, sino que debe ponerlos al servicio de los andaluces, lo que es esperable de un próximo nuevo gobierno andaluz.

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