LUZ DE GAS
Recortes
[P. López Villarejo]

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Resulta patético el proceso que está dando carpetazo a los avances sociales y mejora de las condiciones de los trabajadores. Es indignante como los gobiernos trituran en pocos meses lo conseguido a costa de tantas vidas, del sacrificio y el dolor de la inmensa mayoría de la población a lo largo de siglos de lucha.
A éstos políticos afásicos, pastores elegidos por el mismo rebaño que pastorean y al que pertenecemos prácticamente todos, les ha entrado el miedo escénico y han optado por no meterse en la tramoya: resulta más fácil y socorrido bajar salarios, reducir prestaciones, encarecer los precios de los recursos energéticos y básicos, aumentar la fiscalidad y, en fin, endurecer las reglas de un juego que, por primera vez parecía mostrarse benévola con los que no tenían otra cosa que perder que sus cadenas (Marx, don Carlos, dixit).
Por el contrario, en este onírico baile de cientos de miles de millones de euros con el que estamos empezando a familiarizarnos sin tener ni puta idea de lo que estas cifras suponen en realidad, nuestros gobernantes tienen sumo cuidado en no tocar a los autores del invento. Pagamos los de siempre, ya digo, los que estamos más a mano, los que llevamos pisando el barro y la paja del adobe social desde el principio de los tiempos. Nos intentan convencer de que la culpa es de los Mercados, ese anónimo monstruo ciego e inmisericorde, que necesita, como un nuevo Saturno, devorar cada mañana a sus hijos, los mismos que con su trabajo han creado la riqueza que los ha hecho poderosos.
Pero no es cierto. Esos mercados tienen nombre y responsables, y cuentan con lonjas públicas, las Bolsas, y muchas tiendas en cada ciudad, los Bancos. Además de poderosos cómplices, los gobernantes políticos en ejercicio, una nueva aristocracia que, y es un sangrante anacronismo, nos representa, vela por nuestros intereses y bienestar. En realidad, compinches de estos verdugos, desclasados servidores de ese profundo poder que siempre ha quitado y puesto reyes (recordad la Ley de Oro: quien tiene el oro dicta la Ley).
No me creo que la única salida de esta crisis que a tantos está enriqueciendo sea castigar legalmente a los que menos tienen, robarles el oxígeno que tan caro pagaron durante muchas generaciones. No, no me lo creo.

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1 comentario

  1. Recuerdo que usted fue profesor mío en COU, allá por el año académico 90/91 en el Alonso Sánchez, y debo decir que considero que no supe valorarle entonces. Quiero expresarle sinceramente que estoy de acuerdo con todo lo que dice en este artículo. Y también reconocer que sabía hablar de la historía desde un punto de vista crítico pero pretendidamente objetivo para la dificultad que conlleva el contar la historia, con todos sus matices y detalles.
    Tiene razón, las crisis siempre las pagamos los mismos. Es una consecuencia de cómo intentan perpetuar el mismo sistema de siempre, capitalista, gobierne quien gobierne. Por eso los grandes cambios llevan su tiempo, y pienso que todavía veremos más acontecimientos en los años venideros.
    Saludos

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