Plenitud

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Macbeth, de Ur Teatro.

(Texto: BERNARDO ROMERO)    Ficha: MACBETH, de Shakespeare. Versión y dirección: Helena Pimenta. Producción: Ur Teatro. Escenografía y dirección audiovisuales: José Tomé. Diseño Auriovisuales: Emilio Valenzuela y Eduardo Moreno. Vestuario: Alejandro Andújar Iluminación: Felipe Ramos. Dirección musical: Iñaki Salvador. Dirección coro: Juan Pablo de Juan. Interpretación coral: Coro de Voces Graves de Madrid. Intérpretes: José Tomé, Pepa Pedroche, Óscar Sánchez Zafra, Javier Hernández Simón, Tito Asorey, Belén de Santiago y Anabel Maurín.

Cualquier autor teatral de tiempos pretéritos habría soñado con una escenografía como esta que nos propone Ur Teatro para dar forma al Macbeth de Helena Pimenta. Un director teatral, también. La posibilidad de utilizar el paraíso para abrir puertas y trincheras imposibles, telones intermedios para introducir a todos los actores que se pudieren antojar, o soñar en esa pantalla vuelos de brujas y galopes de caballos, son un dulce difícil de rechazar.

Muchas veces antes habíamos visto ya, como es natural, la utilización de técnicas audiovisuales en el teatro. A veces han sido auténticos pegotes, mal diseñados y peor puestos en escena, otras, por lo general y salvo en contadas ocasiones, introducción de videos demasiado forzados y bruscos, chirriantes. Nunca antes, o muy excepcionalmente, con esta profundidad y acierto, con tan exacta naturalidad y ello a pesar de mínimos desfases que no dejan de hacer de este montaje todo un espectáculo teatral.

El teatro gana con esta manera de entenderlo, de adaptarlo a la realidad que vivimos, a este mundo transformado por las tecnologías de la información y la comunicación, alterado hasta sus cimientos y hasta el punto de que vivimos ahora una crisis que trata de resolver los ajustes necesarios para adaptar el sistema económico a la nueva realidad. Este Macbeth de Ur Teatro, que es la última dirección de Helena Pimenta antes de hacerse cargo de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, es un buen ejemplo de todo ello. Las técnicas empleadas permiten la incorporación de un buen número de actores a la acción, la duplicidad del coro o la utilización de un animal sobre el escenario. El ahorro económico y el menor esfuerzo en la puesta en escena, lo podríamos trasladar a lo que está ocurriendo en empresas y administración, que no necesitan tanto personal ni tanto esfuerzo económico para producir no ya lo mismo, sino más. Más y mejor.

En la realidad económica nuestra de cada día, todo esto se ha materializado en un significativo aumento del paro, que ya no volverá a ser lo que era, porque la ambición humana, tan fielmente reflejada en este Macbeth atormentado por su propia ignominia, es incapaz de mirar con amplitud la solución de los problemas. Ningún empresario, ni un sólo político al uso, es capaz de entender que la incorporación de nuevas tecnologías debe beneficiar a todos y no sólo a unos pocos privilegiados.

Shakespeare quizá fuera uno de los autores que habría soñado ver a sus brujas volar por el escenario, introducir a medio centenar de actores en la escena del banquete en el palacio de los Macbeth, con unos costes ridículos y con un esfuerzo menor. El autor inglés probablemente habría imaginado en algún momento que su teatro, con el tiempo y gracias al innegable e inevitable progreso de la humanidad, alcanzaría toda su plenitud sobre los escenarios.

También le habría gustado sospechar al menos que algún día la ambición humana, el error, no sería mayoritario e imposible de vencer, como argumentaba el hijo de Macduff ante la desesperación de su madre. Esta actualización y revitalización del clásico shakesperiano viene a decirnos que nunca antes los canallas fueron tan pocos y tan conocidos como ahora. En esto, las nuevas tecnologías puede que nos estén ayudando ya, también, a progresar y a mejorar las relaciones entre los hombres, a redistribuir el trabajo, la riqueza y a ser mejores los unos con los otros, esa vieja aspiración de la humanidad. Al fin y al cabo, como sostenía Gandhi y vulgarizaba mi difunto padre, haber hay, lo que pasa es que está muy mal repartío. En esas andamos. Ur Teatro y la Pimenta, lo saben.

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