El obispo de Huelva afirma que la JMJ ha sido “una gran fiesta de la fe, de la fraternidad universal y del futuro”

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Jose Vilaplana, obispo de Huelva, entre la gente. (Foto: Julián Pérez)

Jose Vilaplana, obispo de Huelva, entre la gente. (Foto: Julián Pérez)

El obispo de Huelva, José Vilaplana Blasco, ha calificado como “una gran fiesta” la celebración en Madrid de la Jornada Mundial de la Juventud, que estuvo presidida por el Papa y que ha contado con más de un millón de jóvenes de todo el mundo.  Reproducimos  la carta pastoral de monseñor José Vilapalana íntegramente.

Mis queridos hermanos y hermanas:

La Jornada Mundial de la Juventud ha sido una gran fiesta. Es difícil resumir en pocas palabras lo que hemos vivido y experimentado durante estos días en que hemos contado con la presencia del Santo Padre y sus mensajes y hemos visto una ciudad inundada por la alegría de los jóvenes venidos de todos los rincones del mundo. Yo lo resumiría así: una gran fiesta.

Pero una fiesta no es simplemente “juerga”. Celebrar una fiesta significa celebrar algo con sentido, algo que tiene importancia en la vida. Significa compartir con otros una alegría grande y quiere decir también un empuje hacia el futuro. La “juerga” es evasión, una diversión que empieza y termina en uno mismo, que agota. Sin embargo, la fiesta es estimulante.

En primer lugar, ha sido una gran fiesta de la fe. Los jóvenes han sabido intuir que el personaje más importante de esta fiesta es Jesucristo. Esto se ha puesto de manifiesto cuando, desde el Papa hasta el último muchacho que estaba a muchos metros de la Custodia, adoraron en silencio al Señor en un momento que ha sido, quizás, el que más ha impresionado, no sólo a los que participábamos allí después de la tormenta, sino a toda la sociedad que, a través de la televisión, ha podido percibir ese silencio. Ahí estaba el secreto de esta fiesta: estos jóvenes, de una u otra forma, han intuido que Jesucristo resucitado está presente en medio de nosotros y que el Papa es su servidor y su testigo. El sucesor de Pedro ha venido para hablarnos de Cristo, para ayudarnos a encontrarnos con Él y para estimularnos a que le sigamos, a que seamos sus testigos en medio del mundo.

En segundo lugar, ha sido una gran fiesta de la fraternidad universal. Ya lo pudimos vislumbrar en los días previos en las diócesis. Jóvenes de distintas razas, culturas y pueblos se sentían parte de una misma realidad: la Iglesia. Su punto común era el amor y la fe en Jesucristo, todo ello, con el desafío de encontrarse y ayudarse mutuamente. Tantas banderas haciendo un mosaico de color, compartir los cantos y las danzas, ha sido una expresión muy hermosa de lo que es la Iglesia Católica.

Pero la JMJ también ha sido una fiesta del futuro. Vivimos en una sociedad en que los jóvenes muchas veces aparecen relacionados con noticias negativas, como ocurrió el mismo sábado de la Vigilia con la fiesta Rave en Getafe en la que fallecieron varios jóvenes a causa del consumo de droga. Sin embargo, aquellos que han participado en esta jornada han dado al mundo una buena noticia. Es posible ser joven y respetuoso con la sociedad; es posible ser joven y comprometido, ahí está el ejemplo de tantos miles de voluntarios. La vivencia de la JMJ ha colmado nuestro deseo de ver abrirse ante los jóvenes “horizontes de esperanza” en medio de la situación que vivimos.

A nivel diocesano, la JMJ también ha calado, ya que ayudará sobremanera a desarrollar el objetivo tercero de nuestro Plan Diocesano de Evangelización, centrado en este colectivo juvenil. Creo que los jóvenes que han participado en la acogida y en la jornada, junto a los sacerdotes que les han acompañado y el equipo de Pastoral Juvenil, nos ayudarán a realizar y concretar los mensajes que el Papa ha dejado. Una Jornada Mundial de la Juventud no acaba cuando despedimos al Santo Padre, sino que es entonces cuando comienza una tarea importante para hacerla viva en el día a día de nuestras parroquias.

La JMJ ha puesto ante nuestros ojos aspectos muy hermosos. No sólo se ha visto en los grandes acontecimientos que han sido retransmitidos, sino que también se ha vivido en pequeños detalles. Tuve la suerte de ser catequista de los jóvenes sordos, unos doscientos de veinte países del mundo y me impresionó cómo con ellos venían sacerdotes, religiosas y catequistas que hacían un esfuerzo inconmensurable por traducir a su lenguaje los mensajes de la JMJ. Es decir, dentro de este acontecimiento se ha tenido muy en cuenta a los pequeños, a los débiles, al sector de la discapacidad. También hay que destacar la acogida de muchas personas que, de una manera sencilla y directa, han abierto sus casas para aliviar el cansancio o compartir la comida.

En definitiva, ha sido una fiesta que habla de Dios y que nos empuja a vivir como Dios nos ha pedido. Así lo señalaba el Santo Padre en su encuentro con los voluntarios al cerrar la jornada en el IFEMA, cuando se refirió a que “quizás alguno esté pensando: el Papa ha venido a darnos las gracias y se va pidiendo. Sí, así es […] Esto es lo que os pide el Papa en esta despedida: que respondáis con amor a quien por amor se ha entregado por vosotros”.

+ José Vilaplana Blasco, Obispo de Huelva

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2 comentarios

  1. No creo que nadie con capacidad de razonar, pueda prejuzgar negativamente el acontecimiento internacional del JMJ, al margen de que compartan o no las doctrinas y postulados que transmite el movimiento cristiano.
    La indignación y ataques premeditados de ciertos sectores contra ésta concentración, creo que ha carecido de lógica y responde a un sentimiento impulsivo y contestatario contra aquello que no les representa en ningún caso, y me cabe la duda de si no habrá habido algún tipo de consigna de sectores interesados, por ello pienso que el hecho de que el Presidente del Gobierno de todos los españoles no haya ido a despedir al Papa, pudiera ser un pequeño guiño electoralista a estos jóvenes indignados.
    Tiene que haber jóvenes de todas las tendencias, con comportamientos diferentes, pero es imprescindible que sepan convivir y respetarse, lo contrario llevaría a situaciones no deseadas, como algunas recientes y de mal recuerdo para España y los españoles.

  2. francisco lopez chavez on

    Querido Pastor:
    Me uno a su gozo, que es también el mío; pues el palpitar en el comentario de su carta pastoral, que acabo de leer, es el que le brota de su corazón de padre; que tan bien conocemos.
    El paso de S.S.el Papa por España, es un canto a la esperanza al encontrarse con una juventud viva. Esa que Vd. tanto ama y por la que tantos hemos querido que en ella brille lo mejor de la vida.
    Con mi respetuoso afecto personal.
    Paco López Chávez

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