Luis Vilches corta dos orejas y triunfa ante los Cuadri en Zalamea

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Luis Vilches salió a hombros en Zalamea.

Luis Vilches salió a hombros en Zalamea.

(www.ambitotoros. blogspot.com) Plaza de toros de Zalamea la Real, tres cuartos de plaza, 1.400 personas. Tarde de muy buena temperatura. Hacen el paseíllo desmonterados Rafaelillo y Fernando Robleño. Seis toros de hijos de Celestino Cuadri, el cuarto lidiado en sustitución del titular. Magnífica presentación, primero, segundo y sexto, aplaudidos de salida y en el arrastre. Primer toro, encastado y manseó al final de la faena. Segundo, bueno, se aburrió al final. Tercero, bravo y complicado. El cuarto, lidiado en sustitución del titular, descastado y parecía lesionado de los cuartos traseros, se echó a mitad de faena. El quinto justo de todo y manseando. Y el sexto, potable.

Rafaelillo, de azul pavo y oro, silencio y ovación con saludos

Fernando Robleño, de blanco y oro con remates en azabache, silencio en ambos

Luis Vilches, de rosa y oro con cabos blancos, palmas y dos orejas. Salió de la plaza a hombros.

Un día de toros en Zalamea la Real es uno de los placeres a los que ningún aficionado debe renunciar. Todo empieza la tarde anterior con el manifiesto del ganado a lidiar, ahí van los buenos aficionados a ver el percal, y sólo después del rito del desencajonamiento público se decide si se compra la entrada de los toros. Luego, tertulias informales en la preciosa peña, donde el sabor añejo de su ornamentación, la bonhomía natural del zalameño y su respostería hacen del momento una agradable premonición. Después, en la mañana del festejo, tras el sorteo, sencillo y personal, (desde hace tres años se ayudan las cuadrillas de los modernos teléfonos de última generación para a través de ambitotoros enlotar a través de las magníficas fotografías de Gilberto), otra visita a la peña Los Indígenas con el clásico aguardiente destilado en la tierra, para abrir el apetito, se excusan, y los forasteros con la cervezas, otra vez a arreglar el mundo del toro y a compartir suculentas anécdotas y picadillo de papas. Cosas de Zalamea, uno de los pueblos que sabe ir a los toros desde siempre. Luego la comida campera con excelente compaña, la sobremesa digna de reyes y la llegada a la plaza, un placer en sí misma.

Con semejantes prolegómenos llegar en decente estado a la plaza tiene mérito, uno se demora con gusto en saludar a la buena gente venida al reclamo de la casa Cuadri desde Aracena, desde Huelva, desde Arroyomolinos, muchos valverdeños, santaolalleros, inclusos gentes de Cabeza la Vaca, pero con el poder indiscutible de las gentes de Trigueros, que son capaces de dejar sus toros, capeas para extranjeros, incluso hoy que había vacas de Cuadri en el recinto de la carretera.

Y luego salió el toro, una corrida seria sin estridencias, honda, con toros para todos los gustos, todos en negro, se aplaude al que abre la plaza que le toca en suerte a Rafaelillo, el murciano es un bravo gladiador de corridas duras, un héroe de esta profesión de héroes, donde el valor no se le supone sino que lo tiene demostrado en un acrisolado currículo de miedos y verdades. El 21 fue recibido con gusto por el torero, fue picado atrás y fuerte. El toro, a la postre el que más nos gustó del irregular encierro, humillaba y se desplazaba con mucha clase, tomaba los engaños con verdad, luego se dio un volteretón con la costalada pertinente y aún parece que se templaron más las embestidas del cuadri , dos series definitivas muy poderosas hicieron que el toro mirara el blanco muro con cariño. Lo de la espada fue un mitín, dos pinchazos, media lagartijera y un sinfín de intentos con el descabello. Mal agüero de lo que fue toda una mala tarde a espadas menos la buena estocada de Vilches al sexto

Al segundo, un pavo, no pudo enjaretarle faena con el capote Robleño, peleó bien varas con la cara alta y se puso imposible en banderillas, cortando, con la cara por las nubes y enterándose, como si fuera un Cuadri, para que me entiendan, a palo por entrada en el cuarteo. En la muleta se movió con codicia, sabiendo, el torero no quiso cruzarse y el toro decidió tampoco entregarlo todo. Faena con buenos momentos, de unipase, que nunca remontó a excelsa. Al final el toro se aburrió, se paró y todo se vino más abajo cuando el madrileño falló hasta cuatro veces con la tizona. Una castaña.

Luis Vilches recibió torero a Repartido, que hizo tercero, más toro que sus hermanos aunque con menos cara. El utrerano meció la seda con gusto y aún quito con esmero al toro en la única vara recibida, bien dada y bien tomada. ¿Hay que repetir que hubo problemas en banderillas? pues lo repetimos, los hubo y gordos, a pesar de la buena lidia de Manolo Contreras, que supo dar los lances justos para ponerlo en suerte, el tercero de la cuadrilla puso dos palos en tres cuarteos. En la muleta el toro galopa en las primeras series, Vilches lo torea con la mano a media altura, gustándose, dando distancia y sitio, el toro nunca humilla y el torero sólo puede dejar constancia de sus ganas y su concepto. Mal a espadas, media trasera y pinchazo hondo.

El cuarto fue devuelto ¿Por acularse en tablas? El toro era rabón, salió escobillado,tenía una calva tremenda en la testuz, parece que adolecía de los cuartos traseros y dejaba la mano atrás, aparte de eso se aculó en tablas y fue cambiado antes de ser probado en el caballo. El sobrero de nombre musaraña, tras una buena pela en el peto, anduvo por ahí toda la tarde, ya saben, pensando en sí mismo. O sea, en las musarañas. El torero brindó su faena a la banda y luego le hizo la lidia al revés al toro, justo de fuerzas. Escobillado también, no quería tirones, sino suavidad y el torero lo acabó echando al suelo de donde costó levantarlo. El torero alarga la faena y el toro se acaba defendiendo. Lo mata tras pinchazo.

Robleño enlotó en segundo lugar al número 23, que peleó en buena lid con el caballo de Doblado, aunque hizo sonar el estribo, el torero de Madrid no se apretó con el toro, faena de probaturas, de si pero no ante un toro que pronto hizo por rajarse, sin que el torero enseñara el potable pitón izquierdo, que se llevó el Cuadri al desolladero, tras otro, e iban cinco, mitín a espadas.

La tarde se arregló en el sexto, Vilches estuvo entonado ante un buen toro, mal picado y mal puesto en el caballo y magníficamente banderilleado, ¿Ah, pero se pueden banderillear bien los Cuadris? Pues…, sí señor, mire usted. Contrerás lo demostró sin aspavientos. Luego Vilches cogió la muleta, se fue a los medios y supo cuajar a un toro que no fue mejor que otros de la tarde zalameña, pero que se encontró los bien conocidos argumentos de este torero que vivió en Trigueros y sabe torear como los ángeles, cruzándose, bajando la mano, siempre la muleta en la cara y sin ser rozada por los pitones del burel, series engarzadas con molinetes de arte, trincherazos de mérito, adornos de quilates. En medio, el toreo fundamental, derechazos hondos, naturales largos, el toreo, señores, que parece fácil cuando lo ejecuta las manos de un torero que sabe de que va esto, de valor y arte, así de sencillo, y así de complicado y así de sublime.

La tarde se vino arriba al final, con un toro bueno y un torero grande, que supo matar a la altura de la faena en la única estocada que se puede llamar así de las del festejo. Salida a hombros de un torero que dejó dicho muchas cosas ayer en Zalamea la Real.

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