EL DUENDE
Viajar al pasado
[Bernardo Romero]

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Bernardo RomeroUn neutrino ha viajado supuestamente 730 kilómetros alcanzando la velocidad de la luz. Lo acaban de anunciar en el laboratorio que el CERN tiene en el Gran Sasso, en ese lugar dónde se ubica el acelerador de partículas que tanta noticia está generando. Y tanta incertidumbre.
Puede que sea cierto, o no. Todo está aún por verificar, pero si fuera cierto que esas partículas llamadas neutrinos, sin apenas masa y exentas de carga, viajan a tal velocidad, quedaría establecido que podemos viajar al pasado, enviar mensajes, señales, a otros tiempos ya cerrados y certificados. Quizás.
El viejo sueño del hombre de poder viajar al pasado, fuente inagotable de inspiración para novelistas y cineastas, sería posible. Escrutaríamos un tiempo pasado que hemos construido con paciencia y tesón, extrayendo pistas de bibliotecas y yacimientos arqueológicos, de archivos y cantares, de mitos y leyendas también. Una historia general de nosotros mismos, aceptada por todos a pesar de que esté en constante revisión. Lo que vendría ahora, ese viajar al pasado para observar qué ocurrió o, por mejor decir, cómo vivíamos, sería terrible. Asomarnos a ese espejo nos dejaría helados.
Constataríamos las penurias y sufrimientos que nos han traído hasta aquí, la mugre de un camino que nos ha llevado, en los últimos cinco o seis millones de años, desde el árbol que con tanta cautela abandonamos para afirmarnos en la tierra, liberar nuestras manos y alcanzar mayores fuentes de nutrientes y proteínas, hasta este momento en que conformamos neutrinos en un acelerador de partículas para comprobar cómo superan la velocidad de la luz. Y lo verdaderamente amargo, lo que nos obligará a cerrar los ojos, será justamente ese camino plagado de calamidades, de desolación. El pasado puede ser cualquier cosa, menos un cuento de hadas, eso ténganlo por seguro.
Hay ya algunos científicos que se atreven a enterrar el mayor paradigma de la física moderna, la teoría que Alberto Einstein estableció en 1905. Están dispuestos a aceptar como posible ese viaje al pasado que tanto vértigo encierra, y puede que haya más de uno que andará soñando en su almohada juvenil con un viaje a Camelot para presenciar los banquetes con que sir Gawain, Perceval de Gales, Tristán de Leonis o Lanzarote del Lago, celebraban junto al invencible Arturo Pendragón las continuas victorias en el campo de batalla. El problema reside en que viajar a aquellos años que siguieron a la caída de la estabilidad romana en Europa, nos servirá para observar la enfermedad y el hambre, el dolor y el sufrimiento de unos europeos que a duras penas pudieron sobrevivir para legarnos la posibilidad de, al menos, poder vivir como vivimos ahora: mejor, mucho mejor de lo que nunca antes haya podido hacerlo el hombre.
La única esperanza que queda, es que el experimento no haya sido del todo correcto y que la velocidad de esos neutrinos sin apenas masa y huérfanos de carga, no haya sido exactamente la medida por los científicos del CERN. Podremos entonces quedarnos embelesados para siempre con la sonrisa pícara de la reina Ginebra, con las maquinaciones de Morgana le Fay reina de Avalón y con la sabiduría inmaculada de Merlín. Alejaremos de nuestros recuerdos la peste negra, los saqueos, violaciones e inenarrables atrocidades que asolaron aquella Europa y, para nuestro mal, esa historia que con tanto mimo como tesón hemos ido construyendo desde que Heródoto de Halicarnaso y Estrabón el amasiano pudieran recorrer y escribir sobre la paz romana y lo que antes, mucho antes aconteció. Podremos dormir tranquilos, no hay viaje al pasado.

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1 comentario

  1. Basta ver en la sociedad desarrollada la “preocupación” que ha demostrado durante el siglo pasado hacia el respeto por las culturas étnicas y triviales y sus consecuencias, guerras, destrucción, muertes, hambre, refugiados, con el trasfondo y especulación de sus recursos naturales, mineros y de todo tipo. Es más, su continuidad en el comienzo de este siglo. De verdad se puede pensar que el viaje al pasado sería con fines culturales, como si de un viaje turísticos se tratara ??. O quizás para expoliarlo.
    Visto contrariamente, a través del tiempo nos llegan mensajes, pruebas, conocimientos de nuestra cultura del pasado a través de los yacimientos arqueológicos, y que hacemos, además de profanar el lugar construyendo un moderno supermercado, las pruebas que no se pierden por el camino las apilamos en repletas estanterías sin otro objetivo que el olvido.

    Amigo Bernardo, yo en mis momentos universitarios también leí afanosamente la oscura literatura mediaval (además del Capitán Trueno evidentemente).que tanta inspiración atrae hoy día a la juventud en sus juegos de Rol. Fantasía, pura fantasía, pero la ciencia es realidad igual que la historia. Te figuras a los militares, políticos, grandes capitales actuando como dioses, incluso jugando, cambiando el curso de la historia.
    Por eso, espero por el bien de todos, y así lo creo, si eso fuera posible, ya lo hubiéramos comprobado en nuestras vidas.

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