EL DUENDE
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[Bernardo Romero]

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Bernardo RomeroEn un sistema económico consolidado, como el nuestro, de corte liberal o capitalista, me da igual como le llamen los del pepé o como le tilden los socialistas estos que nos gobiernan, experimentar con una economía dirigida, centralizada, dependiente del poder político, socializada, es un grave, gravísimo error.

Ya las economías socialistas se derrumbaron una detrás de la otra, ya tuvimos tiempo de saber qué ocurre cuando la ley de la oferta y la demanda es sustituida por la decisión de cuatro pelagatos que, vaya usted a saber por qué, detentan el poder. En Moscú, se enteraron. En Pekin o Beijing, como se llama ahora, también, pero al menos se enteraron a tiempo de poder cambiar de marcha e imponer un curioso sistema: socialista en lo político, pero liberal, mire usted por donde, en lo económico. Así, sí. Y a la banda de los cuatro, que les vayan dando. Rusia se fue al carajo, como ustedes sabrán, China, no tanto. Al contrario, no paran de comprar deuda occidental, de invertir y de imponer en Occidente, sus curiosos criterios: jornadas laborales interminables, sueldos miserables, condiciones de trabajo indignas… Aquí, en la desarrollada y europea España, no nos terminamos de enterar, en el disparate andaluz de Chaves y su combo flamenco, menos todavía. El resultado es bien evidente, casi cinco millones de parados según la encuesta de población activa. Una barbaridad.

Menudean, cada vez más, los pequeños hurtos, en el campo y en la ciudad, en el naranjal o en el depósito de la gasolina. Y lo que tiene que venir, vendrá. Eso no lo duden. La cosa económica está mal, muy mal.

Cuarenta años de despropósito socialista han llevado a Andalucía a la cola de todas las colas, ahora que pintan bastos, las cifras escandalosas del paro en la comunidad autónoma (para su desgracia) no hacen sino delatar el resultado de una política económica dirigida, de tintes decimonónicos, quiere decirse socializados, de no querer ver la realidad. Hace poco un estudio revelaba que el grado de libertad económica en Andalucía era el más bajo de toda la Unión Europea. Las consecuencias son bien obvias, no hay empresa privada que pueda competir en un sistema donde el estar pegado al poder, cuenta: donde la subvención inclina la balanza hacia el lado del más inútil pero más fiel a las doctrinas políticas; donde la iniciativa privada se gestiona en los despachos mediante un sistema clientelar y de vergonzosas parentelas, que nos ha llevado justo aquí, a donde estamos. Cuatro millones novecientos setenta y ocho mil trescientos parados. Una barbaridad. Pero una barbaridad con nombre y apellidos, la de estos mediocres que nos gobiernan desde un poder que es para ellos prebenda y privilegio señorial, desde una Junta de Andalucía que, para el común de los mortales y para ellos por supuesto, es sinónimo de Partido Socialista Obrero Español. Una barbaridad, ya les digo.

Y a este despropósito de gestión económica absurda, incapaz e inútil como ella sola, se une la dilapidación, cuando no la mangancia y el derroche sin límite, de unos políticos de pega que nos han llevado a que este número, esta triste cifra sea hoy portada de todos los periódicos. Cuatro millones novecientos setenta y ocho mil trescientos parados en España. Este drama, tiene por detrás los nombres de quienes no tienen hoy esperanza alguna de ver el final del túnel siquiera; pero por delante tiene el nombre bien claro de los responsables de esta barbaridad. Hijos de puta.

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