Anita Bernal, tesón, garra y talento

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(Texto: Antonio Reyes)    Hace unos días recibí una llamada. Anita Bernal, mi amiga Ana Mari (o “la Wani”, como la suelo llamar) me pedía que le escribiera “algo” para su web. No sé si recurrió a mí en calidad de amigo y conocedor de su persona, en calidad de admirador de su cante o en calidad de periodista. Sea como fuere, sabía que me enfrentaba a un texto complicado en el que debía equilibrar la balanza entre el objetivismo exigible a cualquier periodista y la subjetividad propia de quien adora a Anita y su flamencura.

Finalmente he decido dejar formalismo aparte y escribir desde dentro, aunque, como siempre, remitiéndome a los hechos. He aquí mi pequeño retrato:

Hace 24 años que Anita Bernal vino al mundo. Tenía que ser Huelva la ciudad que la viera nacer, ciudad en cuyas barras de taberna nació el fandango, estilo de flamenco que caracterizaría su carrera artística. Campofrío, pueblo natal de sus padres, la vio crecer. Aspecto este que sin duda la marcaría. Fue en este pequeño pueblo del norte de la provincia onubense donde Anita aprendió su tan desarrollado valor de la amistad, el amor a sus mayores y se impregnó del sentir serrano. La pasión por el flamenco y su cante le viene de familia. Su bisabuelo materno dejó una herencia en las cuerdas vocales de Ana María Santos, madre de Anita, que aquella supo transmitir a su hija desde que era pequeña. Fue Ana María quien le enseñó los primeros compases y quien acercó a Anita al fandango de Huelva.

Era aún una niña cuando encontró un hueco en la Escuela de la Peña Flamenca Femenina de Huelva. Con 9 años superó una prueba en la que defendió un fandango al estilo de Valverde que supuso el inicio de su formación académica. Asegura que “los estilos de fandango que conoce los aprendió en esta peña”, de la que sigue siendo socia. La mano de María José Matos, guitarrista y socia fundadora de la Peña Femenina, la guió en sus primeros pasos musicales. Manos con vida propia cuando acarician una guitarra. Pronto Matos, discípula de Niño Miguel, supo ver que dentro de Anita se escondía una pequeña apasionada del flamenco. Fue gracias a María José y en un homenaje que la Peña rindió a Enrique Morente donde Anita conoció a Arcángel. Desde entonces el aura de admiración por el artista alosnero la persigue. Por eso, en la actualidad recibe clases en la academia que l artista tiene en Huelva. “Es muy difícil nombrar a un referente o maestro, pero a Arcángel le debo mucho musicalmente”, afirma Anita, a la que le cuesta encontrar palabras para definir a su maestro. “Me transmite lo que no me transmite nadie, confío mucho en sus enseñanzas, ya que Arcángel es un gran conocedor del flamenco más profundo, de sus raíces”.

2006 fue para la artista onubense un año destacado en su trayectoria. En el verano caluroso de Sevilla pudo disfrutar de una beca en la Fundación de Arte Flamenco de Cristina Heeren, donde perfeccionó su estilo, vivió el flamenco muy de cerca y abrió su abanico de palos flamencos, gracias a Paco Taranto.

El tesón, el genio y la raza se funden al compás cuando Anita interpreta el fandango de Huelva. La magia de su voz y su férrea presencia son las herramientas que emplea para transmitir la magnitud de este estilo del flamenco con el que solo los grandes se atreven. Al oír un fandango de Anita y sentir la mezcla de responsabilidad y tranquilidad que derrocha no es difícil saber que es su seña de identidad. Ella misma lo confirma: “el toque de guitarra por fandango hace que me cambie el cuerpo”. ¿Un estilo? Aunque parezca difícil, el Alosno o el de Paco la Nora.

Y es que el cante de Anita tiene un duende en el que se mezcla la tenacidad con la ternura de una voz joven y maleable. Por eso las bulerías, las sevillanas sentías, las rumbas o la soleá tienen también hueco en su repertorio. Cabe destacar la capacidad de la artista para ofrecer la versión más vanguardista de la copla. Ha sabido como nadie desmitificar el género acercándolo a su público.

Su estilo personalizado, propio y fresco está grabado también en alguna composición que lleva la firma de Anita. Confirma que su fandango Cositas tiene mi Huelva es uno de sus favoritos. Su estreno en su pueblo, Campofrío, en verano de 2011, en las fiestas de su venerado Santiago Apóstol, fue para la joven promesa uno de los momentos más importantes de su carrera y que siempre recordará. Por eso, es indispensable concluir este retrato tan flamenco recordando que cositas tiene mi Huelva que me quitan el sentío, cositas tiene mi Huelva: la marisma y el Rocío, también Andévalo y Sierra, y lo mejor Campofrío.

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