TERETES
Huir de los problemas. Huir
[Paco Velasco]

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TeretesEl eterno destino de los débiles. La huida de sí mismo. Huida como alejamiento. Escapada del daño. Miedo ante la realidad. Abandono, deserción, espanto, evasión, ausencia. La vida como evaporación es aire casi nunca limpio. La señora Esperanza Aguirre acumula, en los últimos meses, una retahíla de declaraciones muy poco afortunadas. La penúltima es su deseo de que la final de la copa del rey de fútbol se suspenda y se celebre a puerta cerrada. No soporta la posibilidad de que, como ya sucediera, se ultraje al Jefe del
Estado, en este caso al Príncipe, a la bandera de España y al himno de la
nación. Que son delitos, argumenta. Hasta ahí de acuerdo. La presidente de
Madrid mezcla lo subjetivo con lo objetivo y una gobernante de su altura no
debe meter los pies en esos charcos. Los ultrajes pueden ser delitos. Sin
embargo, para calificarlos habrá que esperar a que los hechos se produzcan. A
quién no le pasa por la cabeza abofetear a un maldito etarra asesino o a un
pederasta violador y no por ese pensamiento se le puede atribuir una falta o
delito de agresiones. El pensamiento es libre. Los hechos, tozudos. Sin
embargo, las relaciones de causa-efecto deben ser probadas.
En el país de la Inquisición y de la censura previa, preferimos tapar
antes que limpiar. Síntoma de afecciones antidemocráticas. Tengo en gran estima
a la señora Aguirre. Me parece una mujer de enormes capacidades políticas a la
que sobra, de vez en cuando, algún resabio de autoritarismo mal entendido. El
fútbol es un fenómeno de masas que a las masas adormece. Gracias al balompié y
a los medios audiovisuales que retransmiten los partidos, el país está en
calma, sofronizado por los reflejos de los futbolistas e inquieto por los comentarios
de las tertulias de la salsa rosa de la pelota. Si no fuera por ello, de qué
forma sería posible una paz social en un pueblo que sufre la desgracia de
millones de parados.
Matar mosquitos a cañonazos es una terapia nada recomendable. Prohibir resulta
válido en la medida que las leyes y el sentido común así lo manifiesten. Menos
mal que doña Esperanza no sugiere que la policía detenga, cachee y ponga a
disposición del juez a los miles de aficionados que mancillan nuestra
Constitución, se ciscan en las leyes y se mofan de los sentimientos patrióticos
de millones de españoles. Por fortuna, la presidente de la Comunidad Autónoma
de Madrid no alienta a una manifestación de espíritu nacional español en los
aledaños del estadio del Manzanares a fin de silenciar con gritos y/o palos a
los disidentes de las normas y a los piratas de los sentimientos de los demás.
Si vascos y catalanes se reúnen en un escenario público para dar rienda
suelta a sus frustraciones de no sé qué, considérenlo una terapia de grupo
aconsejada para sujetos que, a falta de razones, se alimentan de vísceras. En
el ruido descubriremos el fuero carpetovetónico que guardan en su interior y el
perfil de australopitécidos que todavía persiste en ellos. Ya sé que estas
reacciones no son propias de países civilizados ni de regiones cultas. Pero en
qué familia no se crían especímenes destinados al cuidado del “hermano mayor” o
del psiquiatra más reputado. La fuerza de unos no ha de ser contestada con la
fortaleza punitiva del Estado. Sí reconducida. Sí encauzada. Sí orientada.
Que el estadio del Atlético de Madrid se llena de senyeras e ikurriñas,
pues muy bien. Son banderas tan españolas como la rojigualda. Que gritan a los
príncipes de Asturias, adiciónenlo en el debe de los chillones y en el haber de
los herederos de la Corona. Que piden independencia, pues que se escuche bien
alto y claro. De cien mil gargantas no pasan. Sobre ellas domina el silencio de
millones de personas que distamos y discrepamos de sus bravatas. Menos prohibir
y más informar.
La fiesta del fútbol sólo puede ser empañada por los estragos de los
talibanes. Si ellos quieren guerra, la sociedad tiene preparada las leyes de la
paz. Todos podemos amar a Cataluña y a las Vascongadas sin por ello odiar a
España. En caso contrario, no estaríamos mentando a personas, sino a cretinos
y/o animalitos. No encender palabras en el polvorín de los denuestos. Por
favor, no fumar. Advertencia final: ni en San Mamés ni en el Camp Nou se
permite rascarse mientras suenan los respectivos himnos de la región y ondean
las banderitas tú eres guapa. Allí las libertades se las pasan por el forro de
sus cajas. Para ellos, el imperativo categórico de Kant es lo mismo que la
parabellum o la kale borroka. Cosa de borricos.

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