CALLE PUERTO
Las botas
[Rafael Pérez Unquiles]

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Rafael Pérez UnquilesDiscutimos, y peleamos, por todo. Por el poder. Por las candidaturas. Por los cargos. Por los trabajos. Por el protagonismo. Por el dinero. Por las herencias. Por un mendrugo de pan. Por el amor. Por el sexo. Con los ‘compañeros sentimentales’. Con los hijos. Con los padres. Con los hermanos. Con los amigos. Todo, absolutamente todo, es elemento habitual de confrontación en nuestras existencias ya seamos unos portentados o no tengamos dónde caernos muertos.

Esa es la realidad. Una intrascendente incidencia con el coche basta para desencadenar una bronca de proporciones bíblicas que en no pocas ocasiones termina a navajazos o a tiros, con un alma entre rejas y una vida destrozada. Por cualquier circunstancia permanecemos varios segundos más de lo debido ante un semáforo en verde y los pitidos dan varias veces la vuelta al orbe. Alguien, sin conciencia de lo que hace, se salta el orden de una cola y somos capaces de presentarle una querella criminal. Si en un restaurante tardan en traernos las bebidas y el aperitivo montamos en cólera. Y si la comida no es tal como la imaginamos amenazamos al camarero y ponemos en entredicho el buen nombre del establecimiento. Unos somos de Mourihno y otros de Guardiola. Y estamos dispuestos a llegar a las manos para defender nuestra posición. A unos nos gustan los Audis y a otros los Mercedes o los ‘bemeuves’. Y siempre -siempre- tenemos al alcance de la mano un aprendido argumentario que engrandece lo nuestro y denigra lo ajeno. La discrepancia permanente, mal entendida, rige nuestro destino.

Sin embargo existen honrosas excepciones. Por ejemplo, las mujeres de este país se han puesto todas de acuerdo en usar botas altas. Vas por la calle y no hay fémina que no lleve calzadas unas. Fíjense y lo comprobarán. En el Hipercor, todas con botas altas. Y lo mismo ocurre en Carrefour, en el Mercadona o en el Jamón. Al trabajo, con botas altas. De paseo, con botas altas. De campo, con botas altas. A Sevilla o Madrid, con botas altas. En el centro, con botas altas. En la Isla Chica, con botas altas. En La Orden, con botas altas. En Marismas del Odiel, con botas altas. En el Conquero, con botas altas. Niñas, con botas altas. Adolescentes, con botas altas. Jóvenes, con botas altas. Maduras, con botas altas. Mayores, con botas altas. Al cine, con botas altas. Al musical, con botas altas. A misa, con botas altas. Y si van a un entierro, pues también se ponen las botas altas. Una mujer -y ustedes perdonen- no es hoy nadie si no lleva puestas unas botas altas. Supongo, porque ni soy un experto y tampoco ha llegado a mis manos estudio alguno, que ellas se sienten interesantes, atractivas, creo que también cómodas, y nosotros las vemos de lo más sexis embutidas en esas firmes y sólidas columnas que se alzan desde el suelo camino de sitios deseados y innombrables.

Es el triunfo de un elemento interclasista que no por repetido pierde su esencia. El éxito del cortejo, que, como el escritor palmerino José María Dabrio reveló en la reciente presentación de su libro ‘La Palma en el siglo XVII’ -muy interesante y trabajado, por cierto-, se erigió en símbolo de la nueva España que sobrevino a la llegada de la Ilustración. Queda a la luz: el poder de la seducción en forma de bota alta genera consenso real y espontáneo. Y la pasión hace el resto. Como diría François Marie Arouet, más conocido por Voltaire, chapeua.

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13 comentarios

  1. Fernando Martínez on

    El intento de este hombre de escribir un artículo transcedente es simplemente cómico. Eso sí, aprovecha que el Pisuerga pasa por Valladolid y arrima el ascua a su sardina palmerina, donde tiene instalado ahora el pesebre.

  2. Juan Rodríguez on

    Rafa déjate de divagar, dedícate a lo tuyo, a contar las muchas verdades que están aún ocultas. Por ejemplo, que los trabajadores de una escuela de hostelería que se encuentra en la playa de la antilla no cobran desde hace ya algunos meses y que desde la junta les han amenazado para que no protesten… no vaya ocurrir que el pp gane las elecciones por su culpa y se vayan todos al paro… y el director de este tinglado qué dice, ese que va de presidente de las hermandades y cofradías de huelva, menudo pájaro….

  3. Luis Gomez99 on

    Creo que es digno de admiración el hecho de que con el nuevo gobierno ya no tenga que escribir protestando, criticando ó apuntando cómo debería actuar aquel que tomara cualquier decisión, porque casi ninguna le parecía buena. Como no ha podido olvidar su anterior estilo, empieza el artículo como siempre hablando de peleas y luchas fraticidas, aunque a mitad del mismo se da cuenta que ya tiene que escribir en otro tono y ha hablado de algo menos “profundo”

  4. Walter Pichardo on

    El artículo tiene dos partes: en la primera tiene mucha razón, más que un santo. En la segunda, tiene la razón que podríamos tildar de anecdótica. El machismo -que alguno denuncia creo que de manera equivocada, con todos mis respetos por supuesto-, es precisamente el tema de la primera parte, la actitud posesiva y territorial continua que tenemos -yo también- los machitos y que contamina casi todas nuestras relaciones sociales desde que nos levantamos, con más o menos ganas, hasta que nos metemos otra vez en el sobre, unas veces también como machitos peleones y otras, con las orejas caídas.

    Lo de las botas creo que es un simpático ejemplo metafórico de encuentro contrario al desencuentro imperante entre casi toda la caterva humana, ya sean hombres, mujeres, jóvenes, ancianos o incluso niños.

    Saludos

  5. “Como diría François Marie Arouet, más conocido por Voltaire, chapeua.”… pobrecito Voltaire, se le ha olvidao cómo se dice sombrero en su propia lengua!!!!

  6. La libertad de expresión consiste en que cada uno opine lo que guste sin ofender a nadie. Si en el comentario hay tintes machistas lo ven
    sólo los que lo son, cree el ladrón que todos son de su condición.Las mujeres deberíamos sentirnos orgullosas de que se hable de nosotras, y dejarnos de chorradas.

  7. Seguro que si hubiera escrito que todos los vascos llevan boina nadie diría nada. Confunden las churras con las merinas. Y la verdad es que yo también lo vengo observando: muchas mujeres llevamos botas altas. Y será porque nos parece bien. No hay ningún problema en que alguien lo diga. No es ni machista ni feminista. Hace unos años a todos los hombres les dio por ponerse chaquetones de esos que parecen de cacería. Y yo lo comentaba mucho. No sé, creo que se están sacando las cosas del tiesto.

  8. ¿Las mujeres de este país? perdón?? Me puede decir como ha sido capaz de llegar a esta conclusión? menudo crack!! a esto lo llamo yo seguir las tendencias!!

  9. Ondia…¡¡¡ Cómo has hecho para vincular los estados de tensión y crispación entre la ciudadanía con el uso extendido, según tu, de cierto tipo de calzado… Algo he debido de perderme. Para rematarlo con la presentación de un libro allá en tu otro pesebre laboral.
    Por otra parte, existen en este artículo aspectos que destilan un cierto tufillo machista.

  10. Me da que usted está generalizando solo teniendo en cuenta su propia experiencia limitada por un prisma de la realidad totalmente sesgado y falto de rigurosidad.

    No ha leído a George Simmel? sus estudios sobre la Moda?? Pues lea lea, antes que escribir tan mal…

  11. perdone, pero yo personalmente trato de no discutir con nadie. Me gusta ser respetuoso, y evadir la competencia. Creo que está generalizando demasiado. Por otro lado le insto a pedir disculpas a todas y cada una de las mujeres que se puedan sentir ofendidas por su artículo ya que está dando por hecho que las mujeres se ponen deacuerdo para elegir su vestuario cuando es algo totalmente ridículo. Menudo columnista machista…

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