LA LUPA
Dos congresos bien distintos

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La LupaLa sucesión de congresos del PSOE y del PP en Sevilla obliga inevitablemente a hacer comparaciones entre la situación que viven ambas formaciones políticas. La situación se resume en tres palabras: nada que ver. Y así es, no tiene nada que ver la realidad que a nivel interno viven los socialistas y los populares. Estos navegan, a pesar de algunas de las duras medidas que han tomado, con el viento a favor, mientras que en el PSOE parece como si hubiera caído una maldición, de manera que todo acaba saliendo mal.
A alguien en el PSOE se le ocurrió que nada mejor que Sevilla para hacer el congreso del que volver a renacer de las cenizas. La idea no era mala, porque Andalucía es un granero de votos y de militantes socialistas, y porque las autonómicas están a la vuelta de la esquina, con lo que se trataría de dar algo de impulso a Griñán para que remontara en las encuestas, que le auguran una derrota en marzo. El resultado final, en gran medida por culpa del propio Griñán, es que acabó apareciendo ante la ciudadanía como uno de los perdedores del cónclave socialista, por mucho que Rubalcaba hiciera el gesto final de auparlo a la Presidencia del partido.
Por si fuera poco, días después, además de continuar el goteo de malas noticias sobre el escándalo de los ERE, se produce una crisis en el PSOE de Sevilla, con las listas y su confección como telón de fondo. Otra gestora en marcha que se une a la de Almería.
El panorama de los populares es bien distinto. Se vienen a Sevilla quince días después y dan una imagen de unidad y fortaleza que, en principio, sí que ayuda a Javier Arenas y los suyos en el objetivo de llegar a la Junta de Andalucía.
Sólo hay que escuchar las declaraciones de Griñán y las de Arenas para analizar cuál es el estado de ánimo de uno y otro: el primero, en el papel de que se le puede dar vuelta a la situación, para no desanimar a un más que desanimado electorado potencial; y el segundo, pidiendo mesura a los suyos para que no lancen las campanas al vuelo, en la idea de que hasta que no se haya votado no hay encuesta que valga.
La única duda que hay es la de si las medidas, duras medidas, que el Gobierno central se ha visto obligado a tomar, como la de la subida de impuestos, que no entraba ni de lejos en el programa de los populares, le quitará algún apoyo a Arenas en su carrera por llegar a San Telmo. A este argumento se agarra el PSOE como un clavo ardiendo, aunque la impresión es que medidas como la reforma laboral lejos de un trasvase de votos del electorado del PP hacia el PSOE, podría provocar una ‘izquierdización’ del electorado ya de izquierdas de la que saldría como claro ganador Izquierda Unida. El pasado más reciente de los socialistas al frente del Gobierno no se ha evaporado de la noche a la mañana y al PSOE le va a costar, dos o tres años como mínimo, que se le comience a no identificar con el mandato legislativo más nefasto a nivel económico que se ha vivido en España en los últimos 50 años.

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