Multitudinaria inauguración en La Palma del monumento a Santa Joaquina de Vedruna

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Inauguración del monumento Santa Joaquina.

Santa Joaquina de Vedruna, fundadora de la Congregación de las Hermanas Carmelitas de la Caridad, ya tiene un monumento en La Palma. La escultura, obra del artista local Martín L. Lagares en barro cocido, ha sido inaugurada este viernes en la plaza del Altozano durante un acto multitudinario presidido por el alcalde, Juan Carlos Lagares, y en el que, además de cientos de palmerinos, han estado presentes numerosos miembros de la Corporación Municipal, hermanas antiguas y actuales de la congregación así como la comunidad educativa -alumnos, profesores, familiares y antiguos alumnos- del colegio Nuestra Señora del Carmen, fundado por las Carmelitas en 1942. Desde ese año el centro, que cumplirá en 2017 su 75 aniversario, ha tenido una permanente presencia en La Palma. De hecho, en sus aulas se han formado varias generaciones de palmerinos.

Momento en el que se inaugura el monumento en La Palma.

El acto comenzó con las palabras de la presidenta de la Asociación Vedruna-Condado, María del Carmen Ávila, colectivo que ha promovido la realización del monumento, para lo cual durante los últimos años ha llevado a cabo numerosas actividades con el fin de recaudar fondos. Ávila aprovechó la ocasión para dar las gracias por todo el apoyo que han recibido y que ha permitido que la escultura sea hoy una realidad.

La bendición e inauguración del monumento estuvo a cargo del párroco de la población, Francisco Martín Sirgo.Y el alcalde, Juan Carlos Lagares, y la hermana superiora de la congregación, Isabel María Enri, fueron los encargados de descubrir la escultura ante la atenta mirada de todos los presentes, que no dudaron en envolver el momento en un sonoro y prolongado aplauso.

El monumento a Santa Joaquina de Vedruna se encuentra integrado en el entramado urbanístico de la plaza del Altozano en una posición en la que la imagen dirige su mirada a la capilla del convento. Representa a la Santa junto a dos figuras alegóricas de sus virtudes, un niño y un mendigo. La imagen de la Santa que ha escogido el escultor es de un momento anterior a su etapa como monja. Con este monumento, el pueblo de La Palma reconoce el constante trabajo y esfuerzo que las Hermanas Carmelitas llevan realizando desde hace más de siete décadas en favor de los niños, de la educación y de los necesitados.

La directora titular del colegio Nuestra Señora del Carmen, Purificación Marroquín, tuvo palabras de agradecimiento hacia todas las hermanas de la congregación, que llegaron a La Palma en 1942, y hacia las laicas Vedruna, que han hecho que el espíritu de Santa Joaquina siga vivo en el municipio. Por su parte, Juan Carlos Lagares manifestó que ha respaldado el proyecto desde el primer día, ya que permite tanto perpetuar la obra de la fundadora y de las hermanas como engrandecer el patrimonio de la ciudad.

La hermana superiora de la congregación en La Palma destacó la ilusión de las antiguas alumnas por ver la imagen de Santa Joaquina en su pueblo y en la plaza que a tantas generaciones ha visto crecer. También dijo que la pedagogía siempre actualizada de Santa Joaquina lucha por un mundo más humano y solidario.

El acto, que fue seguido con sumo respeto por una multitud que abarrotó la plaza del Altozano, concluyó con una canción compuesta para la ocasión que fue interpretada por un grupo de alumnos. Los más pequeños hicieron cada uno entrega de una flor a la nueva imagen de Santa Joaquina.

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1 comentario

  1. Llegaron las Carmelitas de Vedruna a La Palma justo el año que nació mi hermano mayor y con él de la mano fuimos alumnos varios años en aquel colegio inolvidable. Aún tenía un servidorito tres años y juraría que al cumplir los cuatro, ya me habían enseñado a leer.

    Aquel uniforme de marinerito que quedaba oculto bajo el babi de crudillo, aquella aula que coincidía con el escenario que despertó la afición -ya para siempre- al teatro. La 1ª Comunión en aquella capilla pequeña y recoleta…

    Si es verdad que esos años de vida marcan para siempre el futuro, somos muchos quienes fuimos allí amamantados en una cultura del trabajo, del respeto, de eso tan raro hoy, que se llama Urbanidad.

    Luego la vida, más tormentosa y movida para unos que para otros, te trae y te lleva. Pero nunca olvidamos aquel barquito anclado junto al Altozano, donde fuimos pequeños e ingenuos grumetes.

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