CUANDO UN AMIGO SE VA (A Fernando Infante)

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[Nacho Fernández]

“Algo se muere en el alma cuando un amigo se va”… “es como un pozo sin fondo que no se vuelve a llenar” son estrofas de aquellas sevillanas que expresan fielmente el sentimiento de quienes hemos quedado huérfanos de tu presencia.
Tu rápido partir nos ha sobrecogido y ha hecho realidad todos los tópicos: Siempre se van los mejores…¿Por qué a él?… No es justo… Estaba en lo mejor de la vida. Todos estos tópicos concurren en un sentimiento real de quienes te queríamos, de quienes te admirábamos, de quienes nos honrábamos con tu amistad y cercanía, con tu empatía y tu saber hacer y estar.
La muerte te sorprendió a traición, sin avisar, en plena calle y a hora temprana, cual enemigo que espera agazapado para tenderte la emboscada final. Tu muerte es la del militar, en acto de servicio, en tu lucha diaria, camino de tu despacho para resolver los problemas que acucian a la sociedad en estos aciagos tiempos.
Fernando, tú eras nuestra esperanza cuando muchos estábamos desconcertados por haber perdido la fe y la confianza en otros partidos y apareciste en la escena política con pujanza y ofreciendo una alternativa seria y coherente que luego frustraron la envidias. En esto también nos dejaste huérfanos y más ahora cuando cada vez somos más los desencantados, los que no vemos alternativa de futuro para este país que se empobrece y se descohexiona a pasos agigantados.
Recuerdo aquellas tertulias, de radio y televisión, contigo y con ese maestro del periodismo que es Rafa Unquiles, donde este pobre contertulio, a quien Dios no ha llamado por los caminos de la oratoria, se sentía siempre arropado e incluso cómodo con vuestra sapiencia y con aquellos “quites” que me hacíais cuando mi inexperiencia impedía que fluyera la palabra precisa para rematar la frase.
No te conocí en la Universidad, pero siendo el Derecho una vocación frustrada para mí, siento sana envidia de tus alumnos porque me hubiera gustado recibir de alguna de tus lecciones magistrales y disfrutar del privilegio de tu erudición.
El respeto y admiración de tanta y tanta gente se ha plasmado, como no podía ser menos, en la multitudinaria asistencia al tanatorio. Para darte, consternados y emocionados, el último adiós. No te merecías menos, te merecías todo, te merecías lo mejor. Y si de verdad el Cielo existe, allí tendrás el sitio que te corresponde entre los mejores.
Fernando, se te rompió el corazón, de tanto entregarlo, una mañana radiante de verano que se tornó gris con tu partida.
Recibe, allí donde estés, este pequeño homenaje, escrito a vuela pluma, pero que sale de un corazón que, aunque no roto físicamente como el tuyo, sí queda dolorido como el de tantos que te admirábamos.
Descansa en paz amigo.

Nacho Fernández.

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