Desde las aportaciones directamente políticas, como las de Niceto Alcalá Zamora, presidente de la II República, o de Melquíades Álvarez, o de Miguel Maura, ministro de la Gobernación, o de Lerroux, o de Ángel Osorio y Gallardo, o Manuel Jiménez Fernández, entre otros. O, desde un punto de vista puramente ideológico o intelectual, las de Ortega y Gasset, Pérez de Ayala o Gregorio Marañón, por nombrar a algunos, es como si el advenimiento de la república en 1931 hubiera sido una cosa exclusivamente de las izquierdas o como si en el pensamiento de centro y de derechas no cupiese la forma de Estado republicana. Pero tanto comunistas como socialistas –tan encantados los segundos con la monarquía, pero que corren prestos a realizar ofrendas florales a la Republica-, se han adueñado de los símbolos, de tal suerte que hablar hoy de república es como hacerlo de un régimen de libertades restringidas porque parece que sólo el socialcomunismo tendría hueco. Por ello, desde el centro, el centro derecha y la derecha propiamente dicha con aspiraciones republicanas –a título individual, digo-, se recela en acompañar a los convocantes de actos de afirmación republicana, ya que los mismos reflejan el interés de los organizadores por recuperar una república en el momento en el que estaba la segunda cuando la sublevación militar del julio de 1936.
De todos son conocidos los tristes acontecimientos que acompañaron el final de aquella república que marchaba no hacia la consolidación de un régimen de libertades, sino hacia la realización revolucionaria liderada, en resumen, por los comunistas del PCE y el PCUS, por un lado, y los anarquistas de la CNT por el otro. El gobierno frentepopulista había perdido cualquier capacidad de liderazgo y de poder real sobre las organizaciones que conformaban la coalición de izquierdas y el Estado había quedado en manos de esas células organizadas con el fin de la destrucción del mismo.
Una república para el Estado español es deseable por muchas razones, entre otras porque la dinastía Borbón no merece la jefatura del Estado cuando ha sido tan dañina en la historia de España. Otra razón es que es una insensatez democrática –algo absolutamente antidemocrático-, que alguien detente la máxima magistratura por llevar determinado apellido, haya generado méritos para ello o no o reúna las condiciones debidas para ello o no. Lo últimos acontecimientos en la casa real española llevan a pensar si es posible que una familia en la que surgen elementos como Urdangarín y su esposa –a la que a toda costa quieren dejar fuera del proceso de su marido por ser quien es-; o el del divorcio mal llevado por la casa de la infanta Elena; o el tiro en el pie de un nieto del rey, recordando el accidente en el que otro arma de fuego, en ese caso en manos del actual rey, acabó con la vida de su propio hermano; u otros disparos, los que Juan Carlos I ha estado realizando para matar elefantes en una cacería en Botsuana -¡qué bonito entretenimiento el del jefe del Estado!-; o las palabras de su esposa, Sofía de Grecia, hermana de Constantino I, el rey que permitió la cruenta dictadura de los coroneles-, contra el matrimonio de los ciudadanos españoles homosexuales. O el largo etcétera que invita a la reivindicación republicana. Pero hasta que no se extienda entre la no izquierda la apuesta por la república por encima del posibilismo o de la monarquía como mal menor frente al régimen republicano que ahora reivindica la izquierda, difícilmente aquella será posible. El sueño republicano es una idea integradora de libertad auténtica donde todos tengan su lugar y no el sistema político que desearían implantar los partidos que provocaron, con sus actos irresponsables, el fin de la II República.
Solo voy a comentar que tanto el PCE como la CNT no empezaron a tener fuerza hasta llegado la guerra civil y el papel que tomaron dentro de ella. Si miramos las elecciones de 1936 y el papel en el Frente Popular solo obtuvieron el 15% los comunistas del PCE por lo tanto su papel dentro del Frente popular es mas bien residual. Y la línea política del Frente Popular era abiertamente socialdemocrata del PSOE.
¿Conociéndonos los españoles como nos conocemos, que siempre estamos desenterrando a nuestros muertos…? ¿No será mejor seguir así? ¿España estará segura de que no nacerá otro nuevo SALVADOR DE LA PATRIA?…Virgencita, Virgencita….déjame como estaba…¿diriámos?