EL LABERINTO
Para que nada cambie
[Javier Berrio]

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Javier  BerrioEl 15-M ha cumplido su primer aniversario sin que ni por casualidad se hayan producido las concentraciones del año pasado, y eso que las cosas están aún peor que entonces. Pueda que aquellas acampadas no persiguieran los objetivos que proclamaban sino otros de signo electoral dado lo cercanas que estaban las elecciones municipales. Y ahora nos encontramos con un gobierno de amplia mayoría que en ocasiones parece responder como si no la tuviera. La verdad es que los recortes y ajustes están siendo tantos y de tal calado que en ocasiones es lógico entender que los representantes populares no muestren excesiva presencia de ánimo. Por su lado, de Guindos, nuestro ministro de economía y con un cierto cansancio, declaraba ayer que el gobierno ya había hecho cuanto podía hacer y ahora lo que falta es el empuje de Europa. Pienso que no le falta razón y que difícilmente podrá España recuperarse de la grave situación por la que pasa sin la complicidad de los socios de la Unión porque, cómo van a mostrar confianza en las posibilidades de la economía española los llamados mercados si aquellos que deben hacerlo se muestran reticentes. Puede que la llegada de Hollande a la presidencia de la República francesa sea un balón de oxígeno para nuestro Estado ya que quizás consiga relajar las durísimas condiciones que Ángela Merkel, virtual presidenta de la Unión Europea, impone a los Estados de la eurozona.

Además, esa flexibilidad es necesaria para que el gobierno popular pueda convencer a los ciudadanos de las virtudes de sus fórmulas económicas y pueda moderar algunos aspectos ya puestos en marcha y paliar futuras medidas de austeridad. Ahora los ciudadanos se hacen preguntas porque ven realidades. Cuando se presta a la banca la cantidad de millones que a veces se le da mientras se hacen recortes, por ejemplo, en la Universidad, no se puede seguir diciendo que no hay dinero, sino que la Educación, u otro servicio público, no es prioridad del gobierno frente a la estabilidad financiera que no supone, por cierto, democracia económica o igualdad de oportunidades en la promoción social.

Sé que hay ciudadanos españoles que creen que a los bancos habría que dejarlos quebrar –lo que a mí, personalmente, me parece una barbaridad, de igual manera que le parece a todo el arco político conocido-, pero también creo que dinero para cubrir las necesidades universitarias podrían venir de la eliminación de los inútiles consejeros políticos y sindicalistas en las entidades financieras públicas, algo que el Sr. Rato no llevó a cabo durante su presidencia de Caja Madrid primero y de Bankia después. Lo mismo digo de los innecesarios asesores de los grupos políticos en los diferentes niveles administrativos, en los que el trabajo de muchos de ellos, bien es inexistente o mejor que no lo hagan, como podemos comprobar en nuestra Diputación provincial en todos los grupos con representación. El Estado debe ser reformado, pero en una dirección y con una intensidad que ningún partido importante del parlamentario sería capaz de afrontar. Ese paso supondría porque un proceso constituyente y un nuevo sistema político nacido desde la libertad y para la libertad y no bajo la presión del régimen dictatorial que en 78 puso las condiciones que dio a luz este nido de corrupción generalizada y de falta de compromiso social en el que vivimos.

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