En Memoria de Salvador Rueda Morejón

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[Federico Soubrier García]

Hola Salvador:
Hoy temprano me he enterado de que ya no estás entre nosotros. Sabía que andabas mal y no me pareció razonable que después de tanto tiempo sin contacto apareciese en el momento que no haría más que confirmar que tus amigos vienen a despedirse. No sé si habrá sido un acierto, pero el caso es que en mi recuerdo no queda la cara ni el aspecto del enfermo, queda la de aquel con el que pasase años, me enseñase la electrónica que sé y muchas cosas sobre la vida, queda la del artista de la barbacoa, la de tomarnos unos vinos, la del cazador experimentado, la del experto del reclamo, la del que se enfadó cuando le robaron no solo la trampa, sino también la perdiz atrapada.

Demasiadas cosas como para no olvidar nunca en la vida a quien al llegar a Palos me parecía una persona mayor y al trabajar contigo pasases a ser de mi edad.

“Por un amigo me cago en mi palabra” o “mientras jodo no barro” y mil frases más que no estaría bonito ni mentar, te hacían y te siguen haciendo especial. No entiendo la muerte y tanto me fascina que ando escribiendo un libro sobre ese tema, pero ciertamente tú no te has ido, esta tarde seguro que oiré en tu misa lo bueno que eras, y qué sabrá el que lo dice, yo sé que no has sido perfecto, ni tú ni nadie, pero me honra haber sido tu amigo, estrechar tu mano y abrazarte, viajar contigo a Madrid o a donde fuera, compartir mis preocupaciones y las tuyas, hablar sobre mi hija y tus hijos tantísimas veces, de política, toda una vida trabajando y descansar tan poco, no es razonable.

Mira Rueda, sí tu apellido, ya que el que ha sido militar así se conoce y no por su nombre, quiero que sepas que ninguno de los que te hemos conocido podremos olvidarte aun ni queriendo, a ti y tus chapuzas, esos miles de trabajos bien hechos, igual en madera que en acero perdurable, soldando con estaño o electrodos, te daba igual, sabías y sabes de todo.
Como nunca se sabe, tal vez nos veamos de nuevo, me digas que menuda estupidez de carta y te conteste que, ¿por qué te has ido y no has dado a todos este disgusto?, nos tomemos algún vino y charlemos de tantas cosas y tantos momentos inolvidables como tú.

28 de julio de 2012.
Un abrazo/Federico

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