Antonio Martín deja hablar a su corazón con serenidad en el pregón de la Santa Cruz de la Calle Sevilla

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Pregón de la calle Sevilla de La Palma.

La Palma se encuentra ya inmersa en la quincena que acoge las Fiestas de la Santa Cruz de la Calle Sevila. Y ha tenido lugar el pregón que anuncia estos días grandes, pronunciado por un gran apasionado piompero, Antonio Martín Herrera.

El encargado de presentarlo fue su hermano Israel. Ambos, de la mano, aprendieron el significado de ser cruceros. Un sentimiento que fraguaron desde la cuna. Con palabras emocionadas hacia su padre y sobre todo hacia la figura de su madre, dio paso a la intervención central de acto.

Antonio Martín comenzó a pregonar en verso. Sus primeras palabras fueron para el pueblo de sus amores de un palmerino confeso que presume orgulloso de sus calles, de su torre, de su luz y que sitúa como epicentro del que todo parte a su calle Sevilla.

Desde el atril inició una disertación sincera, con gran serenidad y convicción en sus palabras, dejando hablar al corazón, y en la que recordó a numerosas personas, momentos de la infancia y hechos destacados de la historia de la Cruz.

Tuvo palabras para aquellos cruceros anónimos que en su sencillez nunca aparecen pero siempre están en todo y recreó el ambiente de la calle Sevilla en un paseo imaginario de los ochenta, nombrando aquellos comercios de siempre, aquellos personajes inolvidables que hicieron historia, aquellas casas que fueron capilla de la Cruz.

Nombró también a la patrona de La Palma, la Virgen del Valle, a su Coronación, el hermanamiento del año 91 y también mencionó otras devociones como la de Nuestro Padre Jesús, el Nazareno de la Madrugada, o el Gran Poder, Señor de San Lorenzo.

Otras menciones fueron a Manuel Martínez Ligero, “manos sencillas escogidas por Dios” para estar junto a la Cruz y regalar esa caravana de color cada año… Y a los poetas, educadores, artistas, que siempre llevaron a gala ser de la calle Sevilla.

No olvidó a los hombres que llevan la Cruz, a sus compañeros y amigos, que comparten desde sus banzos fe de miradas y esfuerzo y no conciben la salida de la Cruz si no es pegados a sus respiraderos. Y, ante todo, dejó claro su orgullo de ser piompero.

Quiso mencionar igualmente a las que llamó “calles de la Cruz”, que la esperan cada día de Corpus. Y fue subiendo en intensidad para poner fin a su pregón, que finalizó con versos muy sentidos como oración personal a la Cruz.

Las vivencias de este gran piompero lograron poner en pie y arrancar el aplauso sincero del público presente, que salió muy satisfecho y dispuesto a sentir con la máxima intensidad unas fiestas que ya están muy próximas.

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