EL LABERINTO
Y ellos, ¿qué?
[Javier Berrio]

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Javier  BerrioEl gobierno alemán, que en la práctica actúa como ejecutivo de toda la UE, asegura que pedir o no el rescate es cosa del gobierno de España. Aclara que nuestro ejecutivo sabe de los recursos y mecanismos que Europa pone a nuestra disposición en caso de necesidad. Hace unos días, el presidente de la comisión de exteriores en el Congreso de los diputados, del PP, manifestaba que el rescate es una posibilidad con la que hay que contar y que supondría una rebaja mayor en el sueldo de los funcionarios y la bajada de las pensiones, entre otros traumas económicos y sociales. Su partido ha dicho que este diputado expresaba opiniones personales, cuando la realidad es que estaba siendo entrevistado por la SER en virtud de su cargo, pero en realidad, nadie no le ha desautorizado. La sociedad sigue desorientada porque, aunque las palabras del presidente del gobierno son claras en cuanto. que España no está al borde del precipicio, las medidas tomadas sobre Bankia y las que se puedan tomar sobre otras entidades, suscitan el nerviosismo y la desconfianza, ya que resulta imposible saber de dónde va a salir tanto dinero. Siendo así, resulta evidente que al menos en lo que a la banca se refiere, los fondos tendrán que venir allende nuestras fronteras políticas.

El enigma radica en que el ministro de interior, De Guindos, y el presidente del gobierno, Rajoy, quieren que el dinero venga directamente a los bancos sin pasar por el Estado, algo que piden no sólo para España, sino para cualquier otro país que lo necesite. De otro modo, si tenemos que someternos al rescate, España tendría que pasar por más recortes, más pobreza y más deshonor. Para evitar esas eventualidades, Rajoy abogó por la creación de una autoridad fiscal europea o, dicho de otro modo, el fin de la soberanía en la política económica de España y de los Estados menos fuertes de la Unión. La verdad es que otro escenario, mientras las cosas sean como son y la sociedad no se articule para finiquitar esta dictadura de los llamados mercados y los gobiernos que los administran, sobre todo el alemán, es casi imposible. François Hollande puede, en ese sentido, ser un aliado ya que, dentro del sistema, hoy por hoy es una voz discordante con la alemana y se muestra proclive a los eurobonos, al crecimiento económico y a la subvención directa de los bancos.. Y en España, mientras tanto, seguimos con el mismo número de empresas públicas en el Estado. Nadie prescinde de los asesores en las instituciones, de los representantes políticos y sindicales en los consejos de la banca pública. Aquellas autonomías que ni siquiera generan recursos para mantenerse, siguen intactas, el número de liberados es el mismo, los sueldos de los altos cargos políticos y bancarios siguen lo mismo; los ayuntamientos y diputaciones mantienen liberados a todos los miembros de sus equipos de gobierno y un largo etcétera de despropósitos mientras vivimos el riesgo de la intervención y la inmensa mayoría de los ciudadanos pagan con recortes y renuncias de derechos sociales el excesivo bienestar de estas élites políticas, sindicales y económicas.

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