EL LABERINTO
Sin proyecto andaluz
[Javier Berrio]

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Javier  BerrioCien días de gobierno reeditado y radicalizado por la inclusión de IU en Andalucía, nos pone otra vez ante una realidad interior: Andalucía tiene escasa fe en sus posibilidades. No es ya que el PP no ganase con mayoría absoluta a pesar de todas las encuestas. Tampoco que la pérdida de ocho parlamentarios por parte del PSOE y de una importante bajada porcentual, ni por casualidad fuese suficiente para desalojar una política cada vez más endogámica e invasora de la sociedad a causa del apoyo comunista. Tan siquiera que IU subiese según lo previsto y que el hundimiento del PA haya sido “el definitivo” por enésima vez, sino que Andalucía, después de tantos años de gobierno del PSOE, ha sido incapaz de articular una o varias fuerzas alternativas a los partidos tradicionales y, en general, de corte centralista.

Si el elector echa una ojeada a los partidos regionalistas o nacionalistas existentes (dejando a un lado a PA o PSA), se encuentra con que en general o son arabizantes o de extrema izquierda, cuando no las dos cosas a la vez (la cuadratura del círculo) Para ellos es como si Andalucía sólo hubiese vivido la ocupación islámica a lo largo de su historia o como si no hubiésemos sido suficientemente repoblados y cualquier vestigio árabe en nuestro presente sea una anécdota. Pero es más, una vez fracasado el proyecto del PSA (actual PA) por el pactismo de Alejandro Rojas Marcos con Martín Villa (ministro de Administración Territorial en el gobierno de Adolfo Suárez), la causa andaluza como constituyente diferencial dentro del Estado español, no ha encontrado otras formas de expresión. El PSOE, inteligente y sibilinamente dirigido por Alfonso Guerra, se apropió de los símbolos y de lo estrictamente administrativo de aquel ideal, diluyendo el objetivo político en el olvido de un partido socialista radicalmente institucionalizado en Andalucía. A partir de ahí, la formación inspiradora (PA), comenzó un declive que aún no ha terminado a pesar de la práctica desaparición de la actualidad.

Entiendo que cualquier nuevo plan, a partir de la realidad presente, para recuperar la aspiración nacional andaluza, tendrá que nacer desde el municipalismo y la independencia política. Hoy hay espacio para, desde la moderación y el posibilismo social, ir construyendo esa realidad ilusionante y emancipadora. Andalucía, como unidad histórica y cultural diferenciada, merece la oportunidad de la modernización y de la cohesión social desde la igualdad de oportunidades y desde la asunción de su especificidad como país. Y para ello necesita a quienes defiendan coherentemente ese compromiso a partir de la materialización de grupos políticos diferentes de los actuales. Si no es así, habrá que respetar su deseo de ser moderadamente autónoma y de sentimiento básicamente español, cuando no españolista, y administrada para los intereses de los grandes partidos y no para los de Andalucía. Triste, pero puede que ese sea el único futuro para Andalucía si no es capaz de comprender la manipulación en la que vive por las políticas de los partidos que no llevan nombre andaluz.

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