La prevención al volante, cuestión de técnica en el Circuito de Monteblanco

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Técnicas de conducción en el circuito de Monteblanco.

En un circuito profesional uno puede desplegar todas las prestaciones técnicas de un vehículo y disfrutar de la velocidad sin límites. Distinto es cuando se trata de conducción en carretera donde ha de prevalecer la seguridad y el completo dominio sobre nuestro vehículo ante cualquier contratiempo o contingencia e independientemente del estado en que se encuentre el firme. Estos son los ejes fundamentales de los cursos de conducción profesional que desarrolló Autoescuela Garrido en el Circuito Monteblanco a los trabajadores de ADIF, cuyo objetivo último es reducir la siniestralidad en carretera de su plantilla.

Manuel Garrido detalla que existen diferencias significativas entre los cursos que imparten otras empresas en el propio trazado onubense, ya que el objetivo de estas últimas se encuentra enfocado a dominar el vehículo a altas velocidades y conducción en un circuito donde no existen normas de circulación. Por el contrario, “la formación que nosotros impartimos tiene un uso más práctico y civil, lo que refrenda su orientación hacia trabajadores que utilizan sus vehículos durante el itinerario a casa o los destinos que le encarga la empresa, de ahí que les pongamos ejemplos prácticos en su enfocados a la prevención”, apostilla Garrido.

En base a ello la formación tiene un componente netamente teórico. Por citar sólo un ejemplo durante el curso se les explica pormenorizadamente el uso del ABS, ya que, en contra de la percepción generalizada, este dispositivo de asistencia no permite reducir la distancia de la frenada, sino que precisamente contribuye a que no se bloqueen las ruedas y el vehículo quede en inercia. En efecto, el resultado es ofrecer al conductor la posibilidad de cambiar la dirección aun cuando estamos pisando el pedal de frenando al objeto de evitar el obstáculo con el que nos encontremos.

En Monteblanco, los alumnos tuvieron oportunidad de vivir diferentes simulacros para comprobar sobre el terreno las distintas reacciones del vehículo en superficie seca, mojada y sobre una zona resbaladiza que, una vez mojada, ofrece el mismo deslizamiento que si los neumáticos circulasen por suelo helado.

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