‘Yerma’, bajo la dirección de Miguel Narros, abre este sábado el Festival de Teatro y Danza de Niebla

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La obra ‘Yerma’, de Federico García Lorca, bajo la dirección de Miguel Narros, será la encargada de inaugurar este sábado el XXVIII Festival de Teatro y Danza Castillo de Niebla, organizado por la Diputación de Huelva, y que se desarrollará durante los meses de julio y agosto en el Patio de los Guzmanes del castillo iliplense.

La diputada de Cultura, Elena Tobar, acompañada por el director y el delegado provincial de Cultura, ha presentado el montaje y ha destacado la figura de de Miguel Narros, “uno de los más grandes directores de nuestro país, que no deja de superarse y que es un aval para abrir el Festival”, en el que ya participó en 2005 con la obra Doña Rosita la Soltera.

Tobar ha subrayado la trayectoria del Festival de Teatro y Danza Castillo de Niebla durante estos 28 años, “en los que han pasado por el escenario 196 compañías y más de 135.000 espectadores, lo que lo sitúa entre los tres mejores festivales de teatro clásico de nuestro país, junto a Mérida y Almagro.

La versión dirigida por Miguel Narros, que podrá verse el sábado está protagonizada por Silvia Marsó y Marcial Álvarez, con música de Enrique Morente interpretada por su hija Soledad. Según ha explicado el director, la obra constituye “un canto a la libertad, a la mujer yendo hacia delante, hacia donde le llevan sus pasos, en un contexto como la República donde Yerma quiere un hijo para la causa republicana”.

Para Miguel Narros el texto representa “un poema trágico que tiene muchos recovecos”, al tiempo que constituye “un homenaje a las mujeres de otro tiempo, un homenaje que les debemos a nuestras abuelas”.

Yerma es, según el propio García Lorca, un poema trágico con «la imagen de la fecundidad castigando a la esterilidad». Dentro, sus criaturas se mueven en un dramático juego universal: la oposición entre las fuerzas de la vida, con su destino de libertad, y la opresión que sobre esas fuerzas se vuelca, incluso hasta llegar a la muerte. En Yerma los prejuicios sociales toman cuerpo en el personaje femenino que da nombre a la obra y van construyendo la narración a través de sus padecimientos y reflexiones.

Yerma no sólo es una mujer que busca tener descendencia para satisfacer un deseo personal, sino que

también es una víctima de la sociedad del siglo XX, para la cual las mujeres tenían la obligación de encargarse de las tareas domésticas y cumplir con sus compromisos femeninos, donde la maternidad era un requisito indispensable.

Yerma tiene un único proyecto, en el que se mezclan el deseo personal y el mandato social de ser madre. Un matrimonio sin deseo ni amor, un marido estéril y la presencia de un antiguo pretendiente, se combinan para desarrollar un argumento teñido de tragedia y sutil crítica a una identidad femenina intrínsecamente ligada al orden social establecido. El desenlace final, es la última defensa de su sueño imposible y una afirmación rotunda de su destino trágico ante la ciega fatalidad.

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