La historia casi de puntillas

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Protagonistas de Yerma, obra con la que se ha abierto el Festival de Niebla este verano.

(Texto: Bernardo Romero)  Yerma de Federico García Lorca.

Dirección: Miguel Narros. Música: Enrique Morente. Ayudante de dirección: Luis Luque. Coreografía: Marta Gómez. Vestuario: Almudena Rodríguez. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Escenografía: Mónica Boromello. Actores: Silvia Marsó, Marcial Álvarez, Iván Hermes, María Álvarez, Lara Grube, Roser Pujol, Rocío Calvo, Asunción Díaz Alcuaz, Teresa Quintero, Mona Martínez, Soleá Morente, Paloma Montero, Emilio Gómez y Antonio Escribano.

Patio de Armas del Castillo de los Guzmán. Niebla. Aforo: 960 localidades (casi lleno); 7 de julio, 2012. Excelente noche de teatro con airecillo del suroeste que refrescó y animó el ambiente. Miguel Narros, a punto de cumplir los ochenta y cuatro, estuvo sentado en primera fila, al pie del cañón. Muchas caras conocidas de la farándula onubense: Teo Domínguez (Tekantor), Juanjo Oña (ya salvada su etapa política), el gran Estrada (entre otras cosas porque es el director)… y afortunadamente, como viene siendo habitual, mucho veraneante de las playas de Huelva.

Del sabio Narros no podíamos esperar otra cosa que una obra excepcional. Este hombre con un mínimo utillaje te monta una escenografía de aquí te espero, y para colmo pone sobre las tablas un trucaje absolutamente elegante y efectivo: tormentas, relámpagos que se estampaban como puro fuego contra la vieja pared del castillo de los Guzmán, y la lluvia, el agua como elemento conductor y matriz de una obra que tiene en la maternidad, en la generación de vida, drama y emoción. Por encima de todo esto, el verso de García Lorca, lo único que permite a una trama argumental hoy casi incomprensible, permanecer viva y fresca. Magnífica.

Es necesario contextualizar el drama lorquiano en los valores y defensas que la causa republicana trataba por aquellos tiempos de trasladar a la ciudadanía. La necesidad de darle hijos a la República saltaba en los mítines de la Pasionaria y en las cuartillas que Lorca escribía en los momentos que el continuo viajar por España con La Barraca se lo permitía. De ahí este canto a la maternidad que muestra de forma paralela un retrato exacto de la situación de la mujer en aquellos años que resultaron terribles, y sobre todo un canto a la necesidad de liberación de la mujer y a la vindicación para ellas de un papel protagonista en aquellos, como estos aunque menos, atribulados tiempos.

Hijos que defendieran los valores republicanos, una herencia de ideas y unos deseos de libertad que, a la postre resultaron cercenados por la intransigencia de los unos y la inutilidad de los otros. En medio de toda aquella barbarie, el pueblo. Las dos Españas falsas y siniestras anegrando aún más  un país duro y pobre que también Lorca acertó a describir con exactitud en esta que es la menos representada de una trilogía dramática que incluye a Doña Rosita la Soltera y La Casa de Bernarda Alba. La razón es bien sencilla, la maternidad como necesidad vital para una mujer entonces condenada a permanecer escondida en el hogar, recluida en un concepto arcaico de familia, hoy se podría sostener sólo con muchas dificultades, de ahí que solo con la visión inteligente y fresca de Miguel Narros se haya podido levantar una obra como esta Yerma que el sábado gustó, y mucho, al público que casi llena el amplio recinto castellano. Otros menos avisados se resbalarían como una lavandera sobre los cantos rodados de un río.

A pesar de que el público que acude todos los veranos fielmente a Niebla es muy aplaudidor, pocas veces interrumpe una función para ovacionar a un actor. A Silvia Marsó, soberbia, la aplaudieron con ganas después de un monólogo pleno de tensión y drama vivido en cada una de sus frases, en esa lírica con la que Lorca, después de tantísimos años, no ha dejado de emocionarnos. La actriz no estuvo sola, todo el elenco trabajó maravillosamente bien, llegando al público, emocionando, que al fin y al cabo, en estas artes escénicas, como en cualesquiera otras, es de lo que se trata.

Bien estuvieron los actores y formidables unas coreografías en las que el color ayuda y de qué manera, a mantener un ritmo en la obra más ágil y vivo. Sólo con el drama maternal, no podría sostenerse esta obra. O como decíamos anteriormente, es preciso trabajar con mucha sutiliza y acierto alrededor del drama lorquiano, para levantar una pieza teatral que menudea poco por los teatros españoles.

Buen comienzo para un festival que no ha hecho más que empezar y en el que la Diputación de Huelva ha vuelto a poner algo más que la frialdad de los números para construir el que para muchos sigue siendo el acontecimiento teatral, y cultural, más esperado del año.

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