Efecto mariposa, suicidios y delincuencia

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[Federico Soubrier García]

Este efecto consistente en que si una mariposa bate su alas, digamos en un jardín de Mazagón, se produce un huracán, supongamos, a la vera de la Moncloa o viceversa. Sin entrar en el diagrama del meteorólogo y matemático Edward Lorenz al intentar hacer una predicción del clima atmosférico, podemos resumirlo en que un tenue movimiento puede expandirse y generar el caos a miles de kilómetros.

El reciente suicidio del dueño de una papelería en Granada, debido a su inminente desahucio esa misma mañana, viene a sumarse al incremento estimado de un diez por ciento desde que se acepta que estamos en crisis, sí, esa que no empezó a reconocerse hasta las últimas elecciones generales. A diario se suicidan nueve personas de media en el país y tres de ellas lo hacen por motivos económicos. El 25 por ciento de la población activa se encuentra en paro y la cifra va en escalada.
La mariposa batió sus alas, convirtiendo a los trabajadores de clase media en clase baja y a estos en pobres. Terminó con el consumo y dio un golpe mortal a las pymes. Abarató el despido beneficiando a los grandes empresarios. La nuestra aleteaba al compás de Bruselas, bajo batuta alemana y también llegó el efecto mariposa a Grecia e Italia, donde igualmente las conductas suicidógenas han aumentado escandalosamente.
Muchos ya no pudieron pagar sus hipotecas, dado que pasaron a engrosar las filas del paro. De hecho, han sido muchas las familias en las que ambos progenitores fueron despedidos a la par y un muy considerable número de parados los que han dejado de percibir ayudas o subvenciones.
Imaginemos una finca en la que el señorito le quita el pienso a las gallinas que ponen los huevos que dan de comer a quienes la llevan, plantando, cosechando y manteniéndola, y a sus hijos, para dárselo a las perdices, pensando que mañana pueden venir cazadores extranjeros y dejar beneficios económicos, por supuesto para los dueños, en ningún caso para los trabajadores. Es lo que estamos viviendo en nuestro país. El Estado de Bienestar no importa, solo la propiedad.
Cuando una persona tiene que subsistir y no tiene ni medios ni ningún tipo de esperanza, le quedan tres opciones. La primera pasaría por el carrito robado en cualquier gran extensión, algún perro como fiel compañía y tirar para adelante como sea, durmiendo bajo los puentes y envejeciendo en los parques. La segunda, delinquir e intentar robar con la menor posibilidad de pena judicial, de aquí el aumento de la criminalidad en robos sobre la vivienda en un 24,7 por ciento sobre el año 2011. Y por último, el suicidio, que para personas cuyas convicciones impiden las dos primeras soluciones y han dejado de creer en las promesas religiosas de la otra vida, supone una firma de dignidad, que rubrica la indecencia de sus opresores. Lo que definiría el sociólogo Émile Durkheim como suicidio por anomía, considerándolo un “hecho social” en una especie de estado de guerra con desajuste de normas hoy morirán por esa causa, tres personas mas.
Para terminar, solo se me ocurren dos soluciones, la primera, impensable llevarla a cabo por bárbara, arrancarle de cuajo las alas a la mariposa para evitar sus movimientos, y con ello sus efectos perniciosos, la segunda mucho mas factible, meterla en una urna donde únicamente sus torbellinos le afecten a ella. Estaríamos hablando de mas de mil victimas por esta causa en lo que va de legislatura.

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