EL LABERINTO
¿Cuál es la causa nacional?
[Javier Berrio]

1

Javier  BerrioEn las circunstancias difíciles que todos los territorios del Estado están
pasando, creo que es momento de grandeza de miras, de dejar las causas nacionales temporalmente en suspenso. No es el tiempo de los entes nacionales, de los países de España, tan siquiera de las comunidades… Es el momento de los individuos, de los seres humanos que día a día transitan las dificultades en las que vivimos y el temor de qué nos deparará mañana. El maniqueísmo falso de pensar que unos son muy buenos porque los otros son muy malos (la estrategia básica que Mas ha puesto en funcionamiento, extendiendo la especie de que las malas circunstancias de Cataluña han sido provocadas por el expolio español a sus finanzas), es de tal bajeza que no merece mayor comentario.

Los lectores conocen bien mi pensamiento cercano al nacionalismo, mi petición de un grupo centrista y nacionalista en Andalucía y mi amplia comprensión de la causa catalanista. Pero siempre pensé –es básico en toda mi argumentación política-, que las personas deben ser el centro de cualquier acción política, y más en estos momentos. Aprovechar, como lo han hecho Mas, los Pujol-Ferrusola y otros nacionalistas radicales; la crisis económica, la debilidad de la jefatura del Estado y la aparente falta de nervio político de Rajoy para plantear la segregación unilateral de Cataluña, no es lo que yo entiendo por nacionalismo ético, moderno e incluyente. De ahí el reposicionamiento tardío de Duran i Lleida e imagino de Unió, aunque una vez aprobado el programa de las elecciones, no sé si lo de Duran y su partido no es más que una impostura, como ya dejé expresado en el artículo titulado “¿A quién traiciona Duran i Lleida?

A pesar de esa forma de pensar que me coloca del lado de aquellos que quieren defender lo que les es propio y aspiran a administrarlo con el mayor poder posible, he defendido el estrechamiento del Estado autonómico –excepto las autonomías del 151-, para hacer frente a la crisis económica con mayor eficacia. Las duplicidades son caras y en muchos casos,
completamente innecesarias, porque existe un conjunto de comunidades –ese grueso que podríamos llamar España sin temor a equivocarnos-, que no creo que vieran con malos ojos que algunas de sus competencias volvieran a pasar al gobierno central. Por otra parte, existe comunidades que no generan los recursos básicos como para poder mantener el lujo que en muchos casos suponen parlamentos, gobiernos, consejeros, asesores, etc, etc, etc.

No comparto que el Estado español tenga que ser recentralizado en sentido estricto, pero sí que habrá que llegar a una estructura asimétrica en la que no todas las partes tengan las mismas competencias y aceptar que esa realidad no supone agravio de nadie sobre nadie, sino la consecución de encajes diferentes en un proyecto que finalmente todos podamos entender como común. Lo contrario llevaría al Estado a grandes dificultades debido a las tensiones soberanistas
ya desatadas , a la imposibilidad de aceptar movimientos fuera de la constitución, a la desobediencia de ciertos territorios y… Finalmente, ¿a qué?, y después ¿a dónde? Ahí radica el peligro. Las elecciones, en el caso de Cataluña, han dado una holgada mayoría a los partidos soberanistas, pero han corregido las pretensiones de la mayoría “extraordinaria” que solicitaba el Mesías Mas. La movilización masiva de los electores que participan en las generales y no así
en las autonómicas, ha moderado la tendencia y ha atemperado los vientos de la ruptura. Mas sabe que, con el actual resultado, la independencia no tiene la mayoría asegurado porque sabe
que mucho de los votantes de su coalición no están por la ruptura. Hoy por hoy, o vamos todos juntos a salir de la crisis en la que viven tantas personas, o algunos políticos conducirán aún a
mayores dificultades a territorios muy queridos de todos. La soberbia y el ego desmedido, la mezquindad, la búsqueda del interés propio y la poquedad de miras de esos políticos serán los causantes de esas dificultades añadidas.

Compartir.

1 comentario

  1. Aurelio Pino Domínguez on

    ¡Buenas tardes, Javier!
    Del sintagma “Polis” = Ciudad, derivó la “Política”, es decir el ordenamiento racional de la convivencia en la “Polis”.
    Es muy probable que coincidas en la misma apreciación que tengo de los que se vienen a llamar “Políticos” en la Iberia. Estos “trepas” del tres al cuarto están muy lejos de lo que se establece en las primeras premisas del sintagma griego “Política” y mucho más lejos del sintagma “Demokratía”. Te envio esta nota, para que tú continúes luchando por los demás, ya que tenemos un voto de obediencia que cumplir.
    Saludos.

Leave A Reply

Las cookies de este sitio web se usan para personalizar el contenido y los anuncios, ofrecer funciones de redes sociales y analizar el tráfico. Además, compartimos información sobre el uso que haga del sitio web con nuestros partners de redes sociales, publicidad y análisis web, quienes pueden combinarla con otra información que les haya proporcionado o que hayan recopilado a partir del uso que haya hecho de sus servicios. Ver detalles

ACEPTAR
Aviso de cookies