EL LABERINTO
La Diada
[Javier Berrio]

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Javier  BerrioSé que ya han pasado unos días desde la celebración de la Diada, pero aún resuena la cuestión, pero la verdad es que la manifestación convocada en Barcelona a favor de la independencia, se las trajo. Y se las trajo por varias razones: en primer lugar fue multitudinaria, como es harto sabido. Después, porque en los días posteriores a la misma no ha podido ser peor gestionada por el presidente Mas y para acabar, porque por mucho que me disguste, resultó tremendamente provinciana.

Nadie podrá negar a los convocantes de la marcha independentista catalana la asistencia de personas en número que sorprendió a ellos mismos. Bien es cierto que habían movilizado no menos de 1000 autobuses provenientes de toda la tierra catalana pero, fueron tantos los asistentes a la reunión reivindicativa, que en modo algunos es posible que todos estuvieran allí con el mismo fin. Sabido es que el hartazgo en el conjunto del Estado es enorme pero que además, en Cataluña, esos recortes han sido de una intensidad inusitada y proveniente de la misma administración autonómica. Muchos de los manifestantes, con toda seguridad, protestaban por esa situación y se agarraron al lema de la independencia como podrían haberlo hecho a cualquier otro.

Artur Mas cree ser muy inteligente o buen estratega, pero a mí me resulta penosamente burdo. La verdad es que no está teniendo el principado últimamente mucha suerte con sus presidentes y que si exceptuamos a Pujol –hoy, en su senectud, convertido a la fe soberanista cuando fue tan colaborador dentro del Estado español-, todos han resultado de una más que llamativa falta de calidad política. Mas pretendía el pacto fiscal para lograr un mejor encaje en el conjunto de España y ahora dice que ese pacto –soberanía fiscal lo llama ahora-, es el primer paso en la construcción de la estructura de Estado que precisa Cataluña. Bueno, viene a decir que va a pedir al presidente Rajoy el comienzo de negociaciones por el pacto fiscal para desmembrar el Estado. Supongo que con la idea malévola de recibir una negativa y encender demagógicamente más los ánimos en Cataluña y conducir la situación a una convocatoria electoral ya con un proyecto plenamente soberanista. Mas sabe que el referéndum de emancipación sólo podría celebrarse tras autorización del gobierno central y que esa posibilidad está bien lejana, de lo que sólo se puede deducir que el presidente catalán sólo busca pasar una larga temporada en la presidencia de la Generalitat y sacar tajada, otra vez, para el autogobierno estatutario.

Dicen las encuestas que más del 60% de los partidarios de la independencia lo es porque alguien les ha contado que vivirían mejor que siendo parte integrante del Estado español. En verdad, esto es objeto de estudio y discusión desde diferentes instancias y cada cual se acerca a aquel informe que más cercano le resulte. Pero lo cierto es que nada demuestra que ninguno de los Estados últimamente desgajados de unidades mayores hoy sea más rico, más bien al contrario. Es más, esa idea muy nacionalista de que el nivel de vida del catalán medio estaría por encima del británico e igualaría al de los daneses, no puede convencer más que a los muy provincianos que se han dejado embaucar por los cantos de sirena de unos políticos que sólo están buscando conservar su coto particular. Los partidarios de la independencia por razones económicas, pues, dejaran de serlo en el momento en el que la situación general cambie y me temo que el maximalismo de Mas y sus acompañantes van a quedar en posición muy penosa. El independentismo por razones identitarias está en desventaja al económico y es fácilmente deducible que el suflé emancipador bajará, como queda dicho, con la recuperación económica.

Es verdad que la continua crítica que desde fuera de Cataluña hacia los catalanes puede haber producido un cierto hartazgo dentro de ciertos sectores de la sociedad catalana, pero no creo que el resultado pueda ser el de un deseo independentista. Los que han movido los ánimos hasta llegar hasta esta situación, puede que se tengan que arrepentir y que llegado el momento, tengan que dar marcha atrás. Por otra parte, la pretensión sacralizante de la constitución del 78 y la i8deae que no puede ser superada, está provocando más males que beneficios. El Estado hace tiempo debió comenzar a marchar hacia el federalismo y el pacto entre las partes y superar el temor a la asimetría en una realidad que ya es asimétrica –casos de Navarra y de El País Vasco-. La verdad es que si la pretensión independentista catalana en este momento y tal como la plantea Mas es pobre y provinciana, no lo es menos el temor centralista a dar paso a la estructura federal de las partes que deban serlo, dejando en otro nivel de descentralización a aquellos territorios que no precisen una autonomía ni tan siquiera como la que tienen en la actualidad.

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