El Juli busca notarios que den fe y Talavante el límite de los muletazos

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El Juli, en la tarde del sábado en el coso de la Merced. (Julián Pérez)

(www.ambitotoros.blogspot.es) Lluvia de orejas en la tercera del Ciclo Colombino, cuatro para El Juli y tres para Talavante, que se la jugaron en la plaza de la Merced en mano a mano. Casi lleno, calor sin agobios, ambos toreros son obligados a desmonterarse. Ganado de Núñez del Cuvillo. Bien presentado. Primero, muy complicado. Segundo, justo de fuerzas. Tercero, engatillado y bravo, se raja. Cuarto, noble. Quinto, descastado. Sexto protestón y noble. Juli, nazareno y azabache, oreja con petición de la segunda, dos orejas y oreja. Talavante, de grana y oro con cabos blancos, oreja con petición y dos orejas y petición fuerte no atendida.

Notarios que den fe busca Juli, que den fe de su verdad, de su guerra sin cuarteles del miedo o la complacencia, de sus ganas de ser torero, de su raza, de que no se mueve cuando viene el miedo con los pitones de muerte, poetas que glosen al macho alfa, al Decartes de la filosofía taurina del arrimarse y la muleta a rastras, que hablen de la obra sólida de este Miguel Ángel de las estatuas en mármol de los muletazos pesados.

Busca Talavante el límite de los muletazos, la verdad de la muleta siempre ofrecida adelante, de las piernas asentadas para citar y gráciles para ponerse. Se tenían hambre, y se juntaron sus caminos en Huelva y surgió el torero a orillas del Tinto y del Odiel

Querían quitar al Juli del toro, hacerle el vacío, ningunearlo, quitarle su capote y su muleta y dejarlo a un lado del toro, de rico joven. Pero el Juli sacó las armas más preciadas de su hombría, la voluntad de ganar, de hacer las cosas bien, de aportar su raza de hombre valiente a este arte que es poderle a un toro con el corazón en la mano en forma de engaño que no miente. Tres faenas de Julían “Corazón de Mandón” distintas, unidas por el mando de una muleta que no sabe más que arrastrarse por el albero jalonadas por un capote que volvió a dejar perfumes de niño mejicano y rematadas de unas banderillas que nadie tuvo que pedir.

Talavante da muestra de su arte en la plaza onubense. (Julián Pérez)

Al primer toro que le quería quitar la cabeza del cuerpo lo domeñó con mano firme y píes asentados, para dominarlo y reventar la tarde cuando, tras un parón asesino del Cuvillo, le sacó el que manda en esto, sin pestañear ni una neurona, la muleta por detrás para adornarse en un cambiado imposible para quien no haya mamado leche de vaca brava cruzada con extraterrestre. Ese lance marcó la tarde, luego, la locura, un segundo toro de su lote, hoy si había de eso, al que quita por saltilleras, para que el extremeño lo haga de frente y por detrás y rematar Julián por Lopecinas, entonces coge Juli los palos vestidos de blanco y azul, por sorpresa tras un puñado de años, y le entrega un par a su compañero de terna.

Lo bordan ambos en un tercio emotivo donde Talavante pone un par al quiebro y Julián dos de poder a poder, con quites a cuerpo limpio de sabor añejo y emotivo. Las palmas de Huelva son las palmas que mejor suenan del mundo. El engatillado toro cuando vio la muleta del que reina en el toreo se afligió, se entregó con armas y bagajes y decidió acularse en tablas tras regalar cuatro series, la muerte de bravo, de espectador de la profundidad que no quiere irse, engañó a todos, incluido el presidente que lo premio con la vuelta al ruedo.

Al quinto, recibido por verónicas y que luego brinda a Talavante, tras un costalazo que le quitó las fuerzas que tuviera, un toro de faena imposible para quien no se llame Julián, y al que este le saco lo que tenía y a base de la testiculina que dicen que dejo Ojeda regada por El Freixo, le arrancó una faena de cercanías y poder. El julipie facilitó la concesión de otra oreja.

Talavante, magno como su tocayo, no se escondió en la tarde grande del que manda, es más, rayó a la altura de un héroe mitológico, mitad hombre y mitad dios, al segundo cuvillo de la tarde le endosa tres chicuelinas muy arriesgadas, quería el del Grullo coger los engaños por abajo, y el exigente comienzo de faena, hace que el burel pierda fuelle, suena la música, el extremeño lo pone todo, le da tiempo al toro, le encuentra la distancia y con la izquierda logra los mejores momentos, mucha pureza, mucha raza en cada serie, las manoletinas finales adornadas con un cambio son el referente del momento dulce del de la Puebla de Sancho Pérez.

Al tercero lo quita por delantales rematados a una mano Talavante y Juli responde con tres chicuelinas grandes y bajas, cercanas y hondas. Brinda Talavante a Juli y se va los medios, cita de largo y pega seis sin inmutarse, toreo barroco, fresco, improvisando en remates por bajo de carteles de toros, al natural lo cuaja largo y hondo, pies asentados, muñecas creando arte, riesgo y verdad.

Al que cerraba plaza, que salió suelto de las suertes y sorprende al sobresaliente Fernández Pineda, con un susto importante al sobresaliente, lo quita por lopecinas Talavante, buen quite del peligro de Escobar en banderillas, el publico que mejor toca las palmas es el de Huelva y así hace cuando Talavante somete la deslucida embestida del Cuvillo con naturales de embroque preciosista y puro trazo largo y cintura partida, remate por bernardinas de meter miedo al miedo y estocada trasera y caída culminan una tarde que el presidente quiso medir con criterios humanos cuando esto es cosas de dioses y héroes.

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