EL ESTERO.
Ciudadanos de a pie.
[J. J. Conde]

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[J. J. Conde]
El EsteroA la vejez viruelas, que diría aquél. Pero es la sensación que tengo desde hace tiempo. Y supongo que lo mismo le ocurre a gran parte de ese segmento social al que han venido en denominar “ciudadanos de a pie”. Es la sensación, amarga es la palabra que la califica, de que, sencillamente, están jugando con nosotros a la manera de la peonza; es decir, nos ponen la guita al cuello y nos lanzan descaradamente al terraplén de los despropósitos sin más vestimenta que lo puesto. Es una sensación rara, sí. Y ya, ejerciendo de lleno como un sesentón, esta sensación se me ha subido a las espaldas y con la carga casi que no puedo.

Que a la vejez, todos los desatinos son posibles cuando la barca se tambalea golpeada por los vientos del Norte, Sur, Este y Oeste. Es entonces, cuando al pobrecito “ciudadano de a pie” no le queda otra que lanzarse al agua aunque no sepa mantenerse a flote. Y aquí es donde se las dan todas en el mismo lado. Se le vuelve del revés, cada dos por tres, tratando por todos los medios posibles al alcance de que no se salga del redil establecido. De ovejas negras nada, oiga; que viene la censura siniestra y te empaqueta con lazo y todo, y de por vida. Así que, metido a la fuerza en la tesitura del contigo o sin ti, uno no atina ni de coña si ataviarse con el chándal y las deportivas o trajearse a lo Humphrey Bogart.
Ya ven, a la vejez viruelas y desatinos. Como no podía ser de otra manera. Puesto que los cimientos de esta democracia se hicieron con arena de playa y, como es lógico, los socavones han ido apareciendo al paso del tiempo con demasiada frecuencia. Mas, todavía, después de lo visto y nada menos que en 3D, hay quienes se resisten a renovar la Carta Magna en la profundidad que se determinara por consenso; no se sabe bien si por algún miedo escondido en los zapatos o por la propia conveniencia de los que apelan constantemente al espíritu que emana de su articulado. El espíritu, ¿será posible? Al espíritu se encomiendan los que son incapaces de abandonar las cavernas, los mediocres. Y mientras los mediocres hagan ostentación de su vara de mando, los sacrificados siempre serán los “ciudadanos de a pie”.

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4 comentarios

  1. María García on

    Señor Conde me impresionan todos sus escritos, es Usted una persona muy ilustrada, me alegra saber que en Huelva, hay personas interesantes, cuestión distinta son las personas que intentan aparentar que son ilustrados y se las dan de muy culturizados, pero a mi manera de ver,hacen el ridiculo más espantoso,se sabe quien esta preparado y quien no.

    Preciosos e interesantes sus artículos Señor Conde, Huelva debería tener un club de personas interesantes…donde pueda conversarse placida y abiertamente, sin aborregamientos. ¿ Cree Usted que habría muchas personas en ese cllub, Señor Conde ?,yo creo que nó.

    Siga escribiendo tan magnificamente, saludos de una admiradora.

  2. Gonzalo Pozo Lepe on

    Lo que dices en tu artículo, los comentarios de tus lectores y lo que tantos otros, por emplear tu misma definición, ciudadanos de a pié, opinan sobre la comunión con piedras de molinos a que han sido invitados, evidencia que los “peatones” tienen más criterio propio del que les atribuyen los repartidores de las “tortas” que restallan siempre en las mismas mejillas.

    Gonzalo

  3. Partitocracia. Y así, nos va.
    Estamos encadenados al bipartidismo y son maquinaria de poder. Mientras no se cambie el sistema político, estaremos con las manos atadas.
    Lo que no sabía es que, Luis Bárcenas es de Calañas.

  4. Cinta Zambrano Ruiz on

    Hay cosas que son necesarias y que muchas veces no se hacen. La Humanidad genéticamente es algo inmovilista y hasta “masoka”. Es la misma Humanidad que en tiempos pasados creó la frase: “Renovarse o morir”. Y creo, que ya es tiempo de que se haga una renovación de algo tan importante como pueda ser la Constitución por la que rige todo un Pueblo, en este caso el Español. Todo sería más sencillo si todos fuéramos monárquicos o todos republicanos. Pero en esta Sociedad, de la que gozamos la libertad de opción y posición, no todos son ni una cosa ni la otra. Dejemos aparte a los políticos que profesionalmente viven de a su manera “hacer política”.
    ¿Tendremos los españoles pantalones de enfrentarnos a nuestros diablos, para preguntar en un Referendum limpio, si queremos República Constitucional o Monarquía Constitucional? Y digo lo de República Constitucional, para garantizarnos que esta opción iba a ser transparente, no excluyente, garante de derechos y libertades y sobre todo, garante de Justicia, Paz, Orden y Progreso Social, o una República Bananera y chabacana, sin garantías de libertad ni de derechos, porque para eso, como diría aquél cuando pedía un milagro: “¡Virgencita, Virgencita, déjame como estoy!”.

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