TERETES.
Última generación.
[Paco Velasco]

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TeretesTodo un cornetín para la diana. Andalucía anda tan mal que renquea a ojos vista. Ni con muletas se sostiene. Tanta coña marinera que dieron con la educación, la calidad y sus malditas peroratas demagógicas y ahí estamos. Lo último de lo último.

Si sus hijos o nietos quieren trabajar con ordenadores en las escuelas, que los lleven de casa. En caso contrario, al papel y lápiz y a la tiza y pizarra. Demasiado derroche el perpetrado por los señores del chavesismo y del griñanato. Mucho cachondeo se han traído estos politiquillos de albaricoque.

Ahora resulta que en ciertos colegios, o los padres aportan el papel higiénico o ya saben a qué se arriesgan cuando los muchachos necesiten visitar a Roca. Benditos progenitores. Sortean al guerrero cruel del desempleo y se enfrentan a la penuria institucional provocada por la corrupción de los expedientes y de otras lindezas del estilo.

Mientras tanto, la Junta se pavonea de que la cosa tiene arreglo. La caridad por encima de la justicia. La telesur del Psoe proclama las bondades de la solidaridad entre los ciudadanos como en los tiempos franquistas de Maricastaña cuando el régimen, aislado, no podía satisfacer las necesidades más elementales de los españoles. A mayor abundamiento de caridad, las dosis de injusticia se multiplican por mil.

Al final, la Junta de Valderas hace apología de la caridad. Como la Iglesia a la que tanto combate. Terminará diciendo que la caridad ilumina a la justicia. Oiga, que es la justicia, sí, la justicia, la luz de una sociedad igualitaria y libre. Su contrario es la injusticia, entendida como fuerza al servicio del egoísmo. De unos pocos listos. De unos elegidos socios. De un montón de socios listos.

Es la última generación de las nuevas tecnologías. La pizarra, el borrador y la palmeta. Yo les digo que esta gente del gobierno andaluz no tiene menos vergüenza porque, total, no tienen competidores en esta materia.

La última generación del fundamentalismo y del talibanismo que viste ropajes de pana de Armani y de Versace a costa del hambre del pueblo y que se regocija en el coche oficial o en la oficina provincial para hacer como Franco cuando visitaba Huelva: despreciar todo el entorno urbano que no fuera el centro de la ciudad.

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