Velas y peluches ante la finca de las Quemadillas para recordar a Ruth y José

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Velas en Las Quemadillas para recordar a Ruth y José. (Foto: cordopolis.es)

Un centenar de personas han respondido a la convocatoria realizada por la plataforma Justicia para Ruth y José. Los reunidos depositaron en la noche del lunes velas y flores en el exterior de la finca de Las Quemadillas en la que los pequeños, perdieron la vida a manos de su padre. El silencio se hizo presente en un acto que se celebró ante el muro de la parcela propiedad de los padres de José Bretón. El acto contó con la asistencia del alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto. También se ha celebrado en la tarde del lunes una misa en los Trinitarios en la que se recordó a los pequeños por deseo de la hermandad del Rescatado.

Estos dos fueron los actos que tuvieron lugar en Córdoba cuando se cumple un año de la desaparición de los niños Ruth y José, organizados por la plataforma que promueve justicia para Ruth y José.

No hubo presencia de la familia materna, que ha preferido recordar en la intimidad a los niños y ha pedido que se respete su dolor.

UN AÑO CARGADO DE PENA, ESPERANZA Y DOLOR

El sábado 8 de octubre de 2011 se producía la noticia que provocaba una honda conmoción no sólo en Huelva y Córdoba, sino en toda España: los pequeños Ruth y José desaparecían. Según la versión inicial dada por el padre, su desaparición se producía en un parque de Córdoba, donde nunca nadie declaró haberlos visto.

Ese mismo día la madre, Ruth Ortiz, interpone una denuncia contra José Bretón, el padre, por malos tratos. La pareja estaba en trámites de separación y la Policía comienza a pensar que Bretón ha utilizado a sus hijos para tratar de chantajear emocionalmente a Ruth Ortiz y que vuelva con él.

La versión del padre de los niños comienza a hacer aguas y entra en algunas contradicciones, avaladas en algunos casos por las declaraciones de sus propios familiares. Sin embargo, los pequeños no aparecen. El juez del caso tan sólo puede acusar a Bretón de secuestro y lo envía a la cárcel.

Mientras tanto comienza una incesante búsqueda de los dos pequeños, que se centra en la finca de Las Quemadillas, lugar donde el padre asegura que estuvo antes de ir con sus dos hijos al parque donde supuestamente los perdió.

Una hoguera en la finca, propiedad de los padres de Bretón situada en las afueras de Córdoba, llama la atención de los investigadores. En los restos de la hoguera aparecen restos de pequeños huesos. Todo el mundo se teme lo peor, pero el informe de la forense de la Policía es concluyente: los restos son de pequeños animales y no son humanos.

Ese error llevó a una búsqueda inútil de los dos niños, incluidas pistas en el extranjero, y se realizaban distintos trabajos de rastreo en la finca que no dieron resultado alguno. En esos trabajos se utilizó un georradar, aparato con el se miden los cambios habidos en el terreno. No aportó nada a la investigación, pero al final acabó siendo determinante por el contacto que meses después tuvo el propietario de la empresa que realizaba estos trabajos con el doctor Francisco Etxeberria.

Habían pasado nueve meses y el caso parecía abocado a un callejón sin salida. Etxeberria se ofrece a la familia para hacer un nuevo análisis de los huesos encontrados y el resultado final desmentía a la forense de la Policía: los restos óseos eran humanos.

Se piden nuevos informes de los restos y en todos los casos el resultado es concluyente, los restos óseos pertenecen a humanos de corta edad. Un informe incluso da las edades, que corresponden con las de Ruth y José.

El caso da un giro de 180 grados y el juez que lo instruye acusa a José Bretón de doble asesinato, con el agravante de parentesco.

La confirmación del primer estudio era un golpe brutal para Ruth Ortiz y toda su familia, que tenían la esperanza de que Bretón no hubiera la hecho la locura que en el fondo estaban casi seguros que había cometido. El error de la forense de la Policía había provocado diez meses de dolor añadido, de tensa espera y también de algo de esperanza. Al final se confirmaron los peores presagios, Ruth y José habían sido asesinados por su padre y quemados en una especie de horno casero cuyas llamas llegaron a alcanzar los 800 grados centígrados.

Un cruel final para dos niños que eran la viva expresión de la inocencia. Este lunes se les recuerda en Córdoba, en la finca de las Quemadillas, donde hace un año fueron tan injustamente utilizados por su padre para chantajear y hacer daño a su madre.

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