EL LABERINTO
Wert y la inmersión (II)
[Javier Berrio]

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Javier  Berrio

Llegar a Barcelona siempre resulta un placer por muy antipáticos que sean los dirigentes de turno y comprobar la realidad bilingüe en las calles, aún más placentero, máxime cuando el terror parece haberse instalado en los órganos de poder de la Generalitat y de los partidos catalanes en general, excepción hecha, claro, del PP o Ciutadans, por mor del anteproyecto educativo del ministro Wert. Mi impresión es que ese anteproyecto, de aprobarse respecto de la enseñanza en castellano tal como va, no sería demasiado eficaz por cuanto las escuelas privadas confiarían poco en que la Generalitat les pague por la enseñanza en castellano y segundo porque, si se pretendiera que los padres adelanten ese dinero, no todo el mundo está en condiciones de hacerlo y la desconfianza hacia el gobierno ultranacionalista, será la misma.

El presidente del gobierno ofrece negociación a Artur Mas y es innegable que si la misma se produce, el asunto de la educación en castellano estaría encima de la mesa. La Administración catalana es absolutamente contraria a que se modifique un ápice su política de inmersión y el gobierno central, desde mi punto de vista, no es tan fuerte como para mantener su actual postura en solitario. Así que, mucho me temo, esa propuesta podría estar pendiendo de un hilo. Sin embargo, me parece que por primera vez en muchos años, un miembro de un gobierno central –el ministro de Educación y Cultura, en este caso-, ha salido sin complejos y duela donde duela, en defensa de un bien general dentro del Estado y del que se están viendo privados tantos niños y jóvenes en Cataluña. Es natural que la norma en estudio no guste a los nacionalistas catalanes ni a quienes, como el PSC, no sabe qué ruta debe caminar y cuya ambivalencia levanta ampollas entre sus hermanos del PSOE, desconcierto en el electorado catalán y sonrojo en el socialismo español tradicional que hoy no encuentra partido en el que militar ni al que votar.

Sabida es mi simpatía por el régimen federal para el Estado español. Es más, creo que sin esa fórmula, en un futuro no demasiado lejano, la unidad de ese Estado se vería definitivamente truncada a no ser que se defendiera por medios no demasiado ajustados al momento que vivimos. Pero, incluso en una situación política y legal como la federal, hay ciertos derechos que tienen que estar garantizados por el poder central, y uno de ellos es la enseñanza, el conocimiento –como mínimo igualitario con otras lenguas del Estado-, y la competencia lingüística suficiente en la lengua oficial al conjunto, en este caso, el castellano. Mientras tanto, en el sistema autonómico actual, habrá que avanzar para que esa igualdad sea una realidad, algo que no se da en estos momentos. No discuto que el sistema de inmersión en su conjunto, que como ya dije, fue muy necesario en su momento, sino la exclusión que el mismo hace de la lengua castellana como lengua vehicular para aquellos que elijan una enseñanza en castellano –casi un sueño en la Cataluña de hoy a pesar de los pronunciamientos del Tribunal Constitucional-, y el poco espacio lectivo dedicado a ese idioma en los currículums de estudio actuales. Quizás la reforma Wert no sea la más apropiada, pero sí supone la primera aproximación seria a un problema real que nadie se había atrevido a tratar hasta aquí. Ahora sólo esperar que la necesaria negociación Rajoy-Mas no lleve al arrinconamiento de este principio de solución.

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