‘Paisaje anónimo’, de Flavia Tótoro, se inaugura este martes en OCIb

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La obra de Flavia Tótoro no pasa desapercibida.

Este martes, 6 de noviembre, a las 19.30 horas, tendrá lugar en la Fundación Caja Rural del Sur, la inauguración de la exposición de la artista mexicano-chileno-italiana Flavia Tótoro, dentro de la programación del Otoño Cultural Iberoamericano, OCIb 2012.

La muestra llega, precedida de un notable éxito, de la mano de la Embajada de México en España. Bajo el título de ‘Paisaje Anónimo’ exhibe una selección de 11 retratos de gran formato. En ellos, la artista ofrece su visión del dramatismo de nuestra época a través del tratamiento hiperrealista de los rostros, siempre en primer plano.

La muestra permanecerá abierta hasta el 16 de noviembre.

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  1. Domingo Candia nació en Rosario en 1897. Aconsejado por su padre abandonó la carrera de ingeniería para dedicarse totalmente a la creación artística. Con este motivo viajó a Florencia en 1914, visitando luego en viaje de estudios varias ciudades europeas. En 1921 expuso con éxito algunas de sus obras en Florencia. De su estadía en la Toscana perduró en Candia un gran respeto por las severas disciplinas académicas. En 1922 regresó a nuestro país donde permaneció dos años, radicándose luego en París. En esta época consolidó su amistad con los pintores Léger, Lhote y con el escultor Antoine Bourdelle, a cuyos cursos asistió en 1924. La tijera, El colador, Legumbres y botellas, El libro, La botella, El metro, El botellón, La pala, El caballete, La ventana, Las casas, El cesto, Las flores, son algunos títulos de su producción que nos permiten deducir cómo armaba este artista sus imágenes. Sobre el soporte de una cotidianeidad total, sin abandonar nunca la figuración, levantaba un sólido edificio plástico estructurado por la geometría, la elegancia del dibujo y, muy especialmente, por un acuerdo sutil de los colores, una paleta que privilegiaba finísimos grises, azules y amarillos. Modelo acostado fue ejecutado en esa ciudad de París que amó tan profundamente como para vivir casi toda su vida en ella, sobreviviendo con un trabajo muy humilde como sereno. Los viajes a su patria fueron esporádicos, pero se recibía su pintura que tuvo presencia en nuestro ambiente plástico. En 1933 viajó a Bélgica y España, para estudiar a los pintores flamencos, y pasó una temporada en Aix —Provence— donde debido a la influencia del Mediterráneo su paleta se volvió más clara. A pesar de no vivir en su país le llegó el reconocimiento consensuado en 1958 cuando ganó el Primer Premio en el Salón Nacional con su cuadro La aldea. En 1966, participando por invitación de la Academia Nacional de Bellas Artes, conquistó el Premio Palanza.

  2. Tanto éxito atrajo a numerosos artistas jóvenes que seguirán su estela como paisajista, pero también a falsificadores y malos imitadores que inundarán el mercado con cuadros relamidos y sin gracia de la ciudad de Venecia.

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