Historia de un cañón ‘olvidado’ seis años en Mazagón

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El cañón ‘olvidado’ en Mazagón.

(Texto: José Antonio Mayo Abargues)  Un cañón del siglo XVIII estuvo depositado durante más de seis años en las dependencias del Cuartel de la Guardia Civil de Mazagón.

LA HISTORIA

Todo comenzó en el año 2005, cuando un equipo del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (SEPRONA), fue alertado de que en la parcela de un domicilio privado de Mazagón se encontraba un antiguo cañón de 18 libras del siglo XVIII, que sus propietarios tenían como adorno, concretamente en un chalé de la calle Diego de Almagro, propiedad de María Vivancos Anguita. El cañón, que posiblemente pudiera pertenecer a la dotación que artillaba el “El Rayo” o al “Monarca”, barcos que pertenecieron a la Armada Española, los cuales participaron en la Batalla de Trafalgar en 1805, y que un temporal de Levante los llevó a naufragar en Arenas Gordas o playa de Castilla.

Los agentes le comunicaron el motivo de su presencia allí, y la propietaria, que dijo desconocer la procedencia del mismo, no puso ningún impedimento para que fuera retirado de su propiedad y llevado a las dependencias del cuartel de la Guardia Civil de Mazagón, donde se confeccionó un acta y se puso a disposición de la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía en Huelva, en aplicación de las Leyes de Protección del Patrimonio Histórico.

Nadie muestra ningún interés por este cañón, ya que hay miles de piezas de este tipo que aparecen constantemente en dragados o excavaciones, y hacerse cargo de ella con el fin de restaurarla y catalogarla suponía un problema, por lo que deciden dejarla en un almacén de las dependencias del Cuartel de la Guardia Civil de Mazagón.

En marzo de 2006, María Vivancos Anguita, solicita a la Delegación de Cultura de Huelva, una indemnización por la entrega del cañón, alegando al respecto que el citado cañón se encontraba en la parcela de la finca de su titularidad desde hacía más de cuarenta años por lo que entendía que la propiedad correspondía al titular de dicha parcela, sin perjuicio de la legitimación de la Administración competente para la solicitud de entrega del bien, debido a su carácter histórico.

En febrero de 2008, la Dirección General de Bienes Culturales deniega el premio por hallazgo a María Vivancos, por considerar que se ha producido un claro incumplimiento de las obligaciones del descubridor, y propietario del inmueble, al no comunicar ni depositar el hallazgo en la forma y condiciones ordenadas por la Administración Cultural y la legislación vigente.

TRES AÑOS DE INVESTIGACIÓN

Desde de que tuve conocimiento que en las dependencias del Cuartel de la Guardia Civil de Mazagón se encontraba este cañón que había sido requisado, no he cesado de hacer gestiones para tratar de recuperarlo y colocarlo en un lugar público de Mazagón para el conocimiento y disfrute de todos los ciudadanos. Han sido tres años de investigación en los que he realizado numerosas consultas y entrevistas, para intentar conocer su procedencia y agilizar los trámites de este expediente que llevaba seis años en espera de una resolución. Algunos resultados de estos trabajos se han dado a conocer en la prensa, concretamente en el desaparecido Odiel Información.

Su procedencia aún no está muy clara, y me parece un poco aventurado decir que este cañón pertenece al navío Rayo, como ha aparecido recientemente publicado en algunos medios de comunicación. Lo que sí está lo suficientemente claro es que no fue expoliado, como en un principio se pensó. Cabe la posibilidad de que pertenezca a este navío, aunque yo la descarté por un momento, ya que le falta un muñón de los que asientan en la cuñera, algo que no era posible que lo perdiera en un terreno arenoso como el de nuestra costa, pero después de consultar varios archivos históricos sobre la batalla de Trafalgar y el navío Rayo, acepté esta posibilidad, ya que el navío llegó a esta costa tocado por la batalla y es muy posible que lo perdiera en un bombardeo.

Mis primeros contactos fueron con los vecinos de la zona. En una de las entrevistas pude averiguar que Juan Vivanco, padre de María Vivanco, su última propietaria, había comprado la vivienda al General de Artillería Vicente Pérez de Sevilla y Ayala, su primer propietario, que ya tenía el cañón en su parcela desde hacía varios años. En estas entrevistas me contaron algunas anécdotas graciosas sobre el cañón, como es el caso de la familia de Antonio Ortiz Moreno, propietario de la parcela 132 de la avenida Conquistadores. Antonio Ortiz había estado en el ejército a las órdenes del General Vicente Pérez de Sevilla y Ayala, y estando un día en la parcela de éste último, frente al cañón, que estaba orientado directamente a su vivienda, Antonio Ortiz, le dijo: «Mi General, ¿no puede usted dirigir el cañón hacia otro lado? Es que a veces, cuando miro a su vivienda me siento intimidado…».

Sobre su procedencia me contaron varias versiones, pero la más extendida, tanto en los círculos vecinales como en los ambientes marineros, es la de que el cañón fue encontrado por un barco de pesca, y los pescadores, que habitualmente iban a vender sus capturas al General, se lo regalaron y desde entonces permaneció en esta vivienda.

Posteriormente contacté con la familia del General, concretamente con una nieta que vive en Sevilla, que me contó ligeramente algunos detalles que ella recordaba y me remitió a su padre, hijo del General, que actualmente vive en Madrid; un hombre de avanzada edad, pero con una tremenda memoria, por todos los detalles que me contó de Mazagón en aquella época, aunque no supo precisar con exactitud la procedencia de la pieza. No descartó la versión de los pescadores, contemplándola como una de las más probables, aunque también me dijo que pudo ser trasladado desde Cádiz a Mazagón, procedente de unas excavaciones que se hicieron en los alrededores del castillo de San Fernando, donde habían aparecido numerosos cañones de este tipo.

Para terminar la investigación ya solo me quedaba visitar el Cuartel de la Guardia Civil de Mazagón, con el fin de conocer la pieza y ver el estado en el que se encontraba, y así lo hice. Un agente me llevó hasta el almacén donde había sido depositado por el Seprona, y me ayudó a girarlo —dado su considerable peso—, para poder examinarlo y tomar algunas fotografías.

El 21 de diciembre de 2010, decidí solicitar a los alcaldes de Palos de la Frontera y Moguer que hicieran las gestiones oportunas con la Comandancia de la Guardia Civil, con la Delegación de Cultura y con los técnicos competentes, a fin de recuperar y catalogar esta pieza histórica.

La misma carta fue enviada al alcalde de Palos de la Frontera, Carmelo Romero

Los alcaldes nunca se dignaron en contestarme, aunque me consta, de fuentes dignas de todo crédito, que Juan José Volante Padilla, el anterior alcalde del Ayuntamiento de Moguer inició las correspondientes gestiones, a través del concejal de Mazagón, José Antonio Capelo. Jamás tuve noticia de ello.

No habiendo recibido respuesta alguna a mi solicitud, el 26 de julio de 2011, me dirijo al nuevo alcalde de Moguer, Gustavo Cuéllar, para que retome o inicie las gestiones para recuperar este cañón.

El nuevo alcalde tampoco contestó a mi petición.

Nadie contesta, nadie dice nada, silencio absoluto, pero parece ser que alguien toma buena nota de todo ello, y seis años después de haber sido requisado, el cañón del olvido, esa pieza que no tenía ningún interés para nadie, de pronto se ve rodeada de numerosas personalidades políticas, culturales, policiales y empresariales, que se hacían un hueco junto al cañón para poder salir en la foto en el acto de entrega que la Guardia Civil de Mazagón hizo al museo de Huelva en abril de este año.

 

 

 

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